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2020, el año que puso a prueba a la Sanidad madrileña
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(Foto: Chema Barroso)

2020, el año que puso a prueba a la Sanidad madrileña

lunes 14 de diciembre de 2020, 13:57h

Sin duda, 2020 estará marcado en el imaginario colectivo como el año en el que la salud de millones de personas en todo el mundo se vio amenazada por una pandemia sin precedentes: el coronavirus.

Las primeras noticias sobre este virus llegaron desde China en diciembre de 2019, pero no fue hasta enero cuando comenzó a instalarse el nerviosismo entre los madrileños, dejando también imágenes de histeria en supermercados.

El 1 de febrero se confirmó el primer caso de Covid-19 en España, en La Gomera, un día después de recibir el Hospital Gómez Ulla a los españoles repatriados desde Wuhan. El 25 de febrero se conoció el primer caso en la región.

El barrio de Usera y su comunidad china fueron los primeros en anticipar la cuarentena que estaría por llegar y se encerraron en sus domicilios a comienzos de febrero, a la espera de la llegada de la primera oleada del virus. Casi un mes después, el 14 de marzo, se decretaba el estado de alarma en España, que se extendería hasta el mes de mayo.

Un panorama desconocido

Tras tomarse esta medida drástica que confinó a toda la población, la pandemia fue avanzando, tocando de lleno los centros sanitarios de la región. Todos los trabajadores sanitarios vieron anulados sus permisos y libranzas para poder hacer frente a un virus que dinamitó el sistema sanitario. Su esfuerzo se vio recompensado desde los balcones, donde cada día a las 20:00 se les aplaudía por su incansable dedicación.

Poco a poco, los hospitales comenzaron a sufrir falta de espacios, por lo que se tuvieron que habilitar gimnasios, instalaciones públicas, hoteles medicalizados… E incluso los pabellones de Ifema. Las funerarias tampoco dieron abasto, por lo que la Ciudad de la Justicia inauguró la primera morgue provisional.

Madrid se convirtió en el ojo del huracán, siendo la región con más contagios. El director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, admitió que la escasez de EPIs fue una de las causas de las altas tasas de contagios de coronavirus entre los sanitarios. 2.601 profesionales se habían infectado en Madrid a finales de marzo.

A través de un auto, el Juzgado de lo Social número 31 de Madrid dio a la Consejería de Sanidad un plazo de 24 horas para dotar de material de protección a todos los centros de la red del Servicio Madrileño de Salud. La historia se repitió en abril cuando el TSJM requirió a la Comunidad que realizase una evaluación de la situación de los equipos de protección individual para el personal sanitario y en residencias. Una vez completada, le otorgó un plazo de 72 horas para ponerlos a disposición de los sanitarios. La Comunidad estimó que con el volumen de material actual para sanitarios y residencias cumplía el fallo del TSJM.

No fue hasta el 2 de abril cuando aterrizó en Barajas el primero de muchos aviones que llegarían a la Comunidad de Madrid desde China cargados de material sanitario para los hospitales madrileños. Otra de las actuaciones que se llevaron a cabo fue el reparto de mascarillas en el transporte público; un total de 1.416.000 en estaciones de metro, cercanías e intercambiadores.

El 5 de abril tuvo que lamentarse la primera muerte de un sanitario por Covid en la Comunidad; un médico de 61 años que trabajaba en la Unidad de Atención Domiciliaria del SUMMA y que había contraído la enfermedad. Por desgracia, no fue la última. A mediados de ese mes comenzó a verse un poco la luz. Hospitales como el Gregorio Marañón o la Atención Primaria comenzaron sus estrategias de repliegue y la tendencia de contagios y defunciones comenzó a ir a la baja.

El 15 de abril comenzó a hablarse de la ‘desescalada’. La Comisión Europea facilitó una hoja de ruta común para la desescalada del confinamiento con varios principios fundamentales. La curva de contagios, según el ministro de Sanidad, Salvador Illa, estaba comenzando a doblegarse.

Diez días después, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció para recordar las primeras medidas de desconfinamiento, que arrancarían el 2 de mayo con las salidas para pasear y hacer deporte. Al día siguiente, Madrid dio a conocer su particular plan de desescalada para volver a la "nueva normalidad". La imagen de la vuelta a las calles estuvo protagonizada por las aglomeraciones en las distintas franjas de paseo.

El 4 de mayo arrancó la obligación de llevar mascarilla en el transporte público, algo que pasó a ser obligatorio con el tiempo en todos los lugares. La fase 0 hizo su aparición en todo el país y ahí comenzó la 'lotería' cada fin de semana por saber qué Comunidades Autónomas pasarían de fase cada semana.

Los cambios de fase trajeron consigo también polémica, que llegó con la dimisión de Yolanda Fuentes, directora de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, al estar en desacuerdo con la decisión de solicitar pasar a la fase 1 porque, a su juicio, "no estaba basada en criterios de salud". Más tarde otras tres dimisiones –Marta Sánchez Celaya, Carlos Reus Jimeno y Alberto Reyero– por la gestión de la pandemia y el horror vivido en las residencias de ancianos marcaron de nuevo al Gobierno de Isabel Díaz Ayuso.

Madrid fue siempre relegado a ir por detrás de muchas comunidades, con la esperanza de alcanzar la nueva normalidad a mediados de julio. Para avanzar en la detección de casos, municipios como Torrejón de Ardoz se lanzaron a hacer test masivos, algo criticado por Fernando Simón. En el testeo participaron más de 100.000 vecinos.

Con la llegada del verano y de la ‘nueva normalidad’, la Comunidad se preparó para contener el virus en este periodo, preparando medidas restrictivas. El 3 de julio se registró el primer rebrote: cinco casos positivos en Madrid capital, compañeros de trabajo. A este le siguieron otros, que fueron marcando poco a poco el inicio de la segunda ola de la pandemia.

De PCR por distritos a cierres por Zonas Básicas de Salud

Una de las medidas que realizó fueron las PCR aleatorias a la población donde se registró mayor incidencia del virus en agosto: Carabanchel, Usera, Villaverde, Vallecas, Alcobendas y Móstoles. Unido a ello, se recomendó no salir de casa en estas zonas.

Este fue el precedente de los cierres perimetrales por Zonas Básicas de Salud (ZBS), plan que contempló el Gobierno regional en junio –primero adaptado a municipios y que llevó a cabo con el cierre de Tielmes– y que puso en marcha en septiembre, no sin antes sembrar la polémica. El propio presidente del Colegio de Médicos de Madrid calificó esta medida de “absurda”, defendida a ultranza por sus resultados por parte de la Comunidad.

Asimismo, para complementar estos cierres por zonas, llegaron los test de antígenos masivos, el decreto del estado de alarma (de nuevo), el toque de queda, el cierre de la Comunidad durante las festividades y la petición incansable del Gobierno regional de llevar estos test a las farmacias.

Nadie sabe qué pasará después de navidades, pero sí lo que debe hacerse para evitar los contagios masivos en las celebraciones familiares y con amigos.

El hartazgo se traduce en protestas

La gestión de la pandemia, los cierres perimetrales, el precio de las mascarillas, la acumulación de residuos en hospitales, el colapso en la Atención Primaria… Al terminar el periodo del confinamiento, la gente salió a la calle a protestar y entre ellos, los más afectados: los sanitarios.

Enfermeros, celadores, MIR, profesionales de la Atención Primaria y limpiadores, acompañados de sindicatos, la Marea Blanca y los vecinos de los barrios han protestado a lo largo de estos últimos meses por la precariedad que ha dejado el coronavirus en la sanidad madrileña.

Ante esto, el Gobierno de la Comunidad de Madrid tomó una importante decisión que, en vez de generar adeptos, ha creado aún más discordia: la construcción del Hospital Enfermera Isabel Zendal.

El Hospital de Ifema, precedente del Isabel Zendal

El Hospital de campaña de Ifema supuso una revolución en la sanidad durante la época del confinamiento. El 24 de marzo contaba ya con 220 pacientes y esperaban llegar a los 300 a lo largo de ese día.

El 27 estaba prevista la apertura del pabellón 7, que permitió de forma paulatina elevar el número de camas disponibles de cara a poder atender a 1.300 pacientes en esa misma semana. La OMS afirmó que el hospital de Ifema era "extraordinario".

Su labor finalizó el 1 de mayo, no sin polémica por las ‘aglomeraciones’ que se pudieron observar en el cierre. Ya en verano, se anunció la construcción de su sucesor, el Hospital de Emergencias Enfermera Isabel Zendal. Un centro hospitalario que cuenta con una superficie de 40.000 metros cuadrados y 1.008 camas en 20 unidades de hospitalización de 48 camas cada una, que suman un total de 960 organizadas en torno a controles de enfermería. También un total de 48 puestos de UCI y Cuidados Intermedios.

El 1 de diciembre abrió sus puertas entre visitas de los políticos y protestas de los sanitarios, contrarios al traslado de trabajadores de otros hospitales a este nuevo centro, que recibió a su primera paciente el 12 de diciembre y comenzó su andadura como hospital de emergencias.

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