El Papa León XIV ha aprovechado este lunes su histórica intervención ante las Cortes Generales para lanzar un llamamiento al entendimiento político, rechazar la polarización y reivindicar la necesidad de establecer límites éticos al ejercicio del poder.
Durante su discurso ante diputados y senadores reunidos en el hemiciclo del Congreso, el Pontífice ha advertido de los riesgos de la confrontación permanente en las democracias contemporáneas y ha defendido la necesidad de construir una "cultura de la reciprocidad" dentro de las sociedades.
"La pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario. En una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz", ha afirmado.
En esa misma línea, ha pedido a los representantes públicos que contribuyan a rebajar el tono del debate político. "Desarmar el lenguaje" ha sido una de las expresiones empleadas por León XIV, quien ha recordado que "la firmeza no exige desprecio" y que "la discrepancia no conlleva humillación".
El jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano también ha reflexionado sobre el concepto de libertad y ha defendido la existencia de límites morales al poder político. Sin "confundir el plano jurídico con el moral", ha abogado por "una justa delimitación del poder público" para evitar restricciones indebidas a la libertad de las personas, las comunidades y las asociaciones.
En la parte final de su intervención, el Papa ha enmarcado su presencia en el Parlamento español como "un gesto de cercanía hacia España" y una contribución basada en "la mutua cooperación y una palabra ofrecida desde el servicio a la persona humana", siempre desde el respeto a las competencias de las instituciones democráticas y a la labor de los legisladores.
La defensa de la vida y la protección de los más vulnerables
Uno de los ejes centrales del discurso ha sido la defensa de la dignidad humana, que, según ha sostenido, no puede depender "de consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento".
En este contexto, León XIV ha denunciado tanto el aborto como las situaciones de vulnerabilidad que afectan a ancianos, enfermos o personas dependientes. "¿Puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás?", se ha preguntado.
"Toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural"
A continuación, ha defendido que "la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional: es una meta de civilización".
A su juicio, la verdadera fortaleza ética de un país se mide por su capacidad para proteger a quienes atraviesan situaciones de mayor fragilidad. Por ello, ha insistido en que "toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural" y ha advertido de que, cuando este principio se debilita, "los más vulnerables son las primeras víctimas".
Una llamada a una política migratoria basada en la dignidad humana
El Pontífice también ha dedicado una parte significativa de su intervención al fenómeno migratorio, que ha definido como "un trágico drama" que interpela tanto a la conciencia de los Estados como a los fundamentos éticos del orden internacional.
León XIV ha reclamado respuestas que vayan más allá de la mera gestión administrativa de los flujos migratorios y que afronten las causas que obligan a millones de personas a abandonar sus hogares.
En este sentido, ha defendido una "doble exigencia de justicia social" basada en la apertura de vías seguras y legales para la migración, así como en una acogida digna y en oportunidades reales de integración.
"Numerosos hombres, mujeres y niños se ven obligados, por circunstancias muchas veces dramáticas, a partir de sus comunidades y dejar atrás seres queridos, historias y vínculos", ha señalado antes de advertir de que la discriminación por motivos de origen nacional, etnia, religión, lengua o condición socioeconómica supone una vulneración del principio de igualdad y de la dignidad inherente a toda persona.
Libertad religiosa y protección del secreto de confesión
Durante su intervención, León XIV también ha reivindicado la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión como uno de los pilares fundamentales de las sociedades democráticas.
Según ha defendido, una libertad auténtica debe reconocer y proteger jurídicamente la dimensión religiosa del ser humano. Por ello, ha sostenido que la autonomía de las instituciones civiles no puede interpretarse como una forma de hostilidad hacia las creencias religiosas.
"La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones", ha afirmado, aunque ha advertido de que tampoco debe ser apartada del debate público ni considerada irrelevante para la vida colectiva.
En este contexto, ha solicitado que el ordenamiento jurídico continúe garantizando el sigilo sacramental de la confesión, equiparándolo a otras obligaciones de confidencialidad reconocidas en determinadas profesiones. A su juicio, esta protección resulta necesaria para preservar "un espacio sagrado de libertad interior" en el que los creyentes puedan dirigirse a Dios sin temor a presiones externas.
La paz, una tarea política ante la crisis de nuestro tiempo
León XIV ha cerrado su intervención con una reflexión sobre el contexto internacional actual, marcado, según ha dicho, por una profunda crisis espiritual y cultural que se manifiesta en forma de violencia, polarización y desconfianza.
Ante este escenario, ha reivindicado la paz como una responsabilidad colectiva y también como una aspiración política. "La paz se presenta como una aspiración política", ha afirmado el Pontífice, que ha animado a las instituciones y a los representantes públicos a trabajar por una convivencia basada en el respeto mutuo, el diálogo y la búsqueda del bien común.
Media hora de discurso y siete minutos de ovación
Tras cerca de media hora de intervención, el discurso de León XIV ha sido recibido con una prolongada ovación en el hemiciclo. Diputados, senadores e invitados se han puesto en pie y han aplaudido durante alrededor de siete minutos al Pontífice, en una escena inédita en el Congreso al tratarse de la primera intervención de un Papa ante las Cortes Generales.
Largo aplauso de diputados y senadores al discurso de León XIV en el Congreso.
El reconocimiento ha sido prácticamente unánime, aunque con algunas excepciones aisladas. La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras, ha permanecido sentada y no se ha sumado a los aplausos, después de haber reclamado previamente al Pontífice que utilice el catalán durante su visita a Barcelona. Sí ha aplaudido, en cambio, el portavoz de la formación independentista en el Senado, Eduard Pujol.
La recepción al Papa también ha evidenciado algunos matices entre los distintos grupos parlamentarios. A su llegada al Salón de Plenos, donde ha sido recibido junto a Francina Armengol y Pedro Rollán, todos los asistentes se han puesto en pie, aunque algunos diputados de Izquierda Unida, entre ellos Enrique Santiago, Nahuel González y Toni Valero, han optado por no aplaudir en ese momento.
Los tres sí se han sumado posteriormente a los aplausos dirigidos a Armengol y, más tarde, al propio León XIV tras concluir su intervención. También el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, y el resto de portavoces parlamentarios han participado en la ovación final. En el caso de Vox, Santiago Abascal se ha incorporado al aplauso de forma más discreta, mientras que varios diputados de su grupo han permanecido inmóviles.