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ANUARIO 2017

Ignacio González a su salida de prisión
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Ignacio González a su salida de prisión (Foto: Kike Rincón)

La Lezo y otros charcos

domingo 31 de diciembre de 2017, 10:34h
Aunque los sobresaltos del Ayuntamiento de Madrid suelen llevarse la palma mediática a las polémicas, este 2017 no ha sido el mejor para el gabinete de Cristina Cifuentes. A las peleas con Ciudadanos por mantener la mayoría de centroderecha se unieron una reprobación, una moción de censura y una crisis de gobierno. Peccata minuta, con todo, para contornear el mayor escándalo de los últimos tiempos: el caso Lezo, un supuesto saqueo de fondos públicos a través del Canal de Isabel II que llevó al expresidente popular Ignacio González a prisión.

Por mucho que el 'cifuentismo' quisiera coronar con este año una nueva época para el PP tras el último adiós de Esperanza Aguirre, lo cierto es que el partido que manda en la región tuvo que volver a lidiar durante todo el año con el lodazal de la corrupción. El 19 de abril, la actualidad informativa se paró con la detención de Ignacio González, expresidente de la Comunidad de Madrid y pupilo del 'aguirrismo' antes de su más grosero adversario (tal y como revelarían unos pinchazos telefónicos). La razón de su arresto, de sobrenombre Lezo, le mandó siete meses a la cárcel y dejó entrever un reguero de prácticas presuntamente irregulares en el control de la expedición latinoamericana del Canal de Isabel II. Tras este inmenso escándalo, el equipo de la presidenta intentó frenar el golpe desvinculándose de todo -un todo que incluye hasta espías- y anunciando el repliege inversor de la sociedad de aguas. Pero el proceso está, judicialmente, en la Audiencia Nacional, y políticamente, en la comisión de corrupción de la Asamblea de Madrid, una máquina de titulares. El último, hace unos días, con la comparecencia del también expresidente Alberto Ruiz-Gallardón. Por ella ya había desfilado la propia Cifuentes, paseíllo mediante, para dar cuenta de otro quebradero de cabeza: su parte en la adjudicación de la cafetería de la Cámara de Vallecas al grupo empresarial de Arturo Fernández.

Y ese no fue el único charco del año. De barros no tan pretéritos llegaron los lodos a litros. Por citar tres, junto al caso que toca a la delegada del Gobierno, Concepción Dancausa, el exconsejero Francisco Granados salió de prisión y recibió su condena por el primer juicio de la Púnica en un peregrinar que se promete largo. También, se publicó la sentencia de las 'black', otro oneroso monotema que se vio fúnebremente asestado por la muerte de Miguel Blesa.

Pero no solo el PP tuvo que tirar de mensaje renovador para taponar grietas. La izquierda debió afilar la punta de la aguja para coserse las heridas. Tras la vuelta épica de Pedro Sánchez a Ferraz, Sara Hernández perdió el control del partido en Madrid y se vio obligada a apoyar en las primarias de septiembre al diputado José Manuel Franco. Un ensayo de unidad que también experimentó Podemos. Tras acabar 2016 con un combate a cara de perro entre Rita Maestre y Ramón Espinar, la carrera por la Secretaría General de la formación 'morada' en la capital sirvió para poner del mismo lado de nuevo a 'pablistas' y 'errejonistas' alrededor de alguien, el ex-Jemad Julio Rodríguez, dejando al potente sector anticapitalista a su suerte. La candidatura de Iñigo Errejón para las elecciones regionales de 2019 siguió planeando sin llegar a aterrizar. Mientras, Ciudadanos tuvo que aguantar el tipo y un sonado plante de su aliada de investidura. Esa relación, nunca deshecha, vivió su peculiar ración de 'matrimoniadas'.

En Vallecas, mucho se habló de la reconfiguración del gabinete de la presidenta. En la prórroga de un mitinero Debate del Estado de la Región que dejó alguna promesa de futuro, Cifuentes sacó de su Ejecutivo a dos de sus consejeros más contestados por la oposición -Jesús Sánchez Martos y Jaime González Taboada-. En Vallecas, también, casi más se habló de una comprometedora diputada que de la frustrada, bronca y yerma moción de censura de Lorena Ruiz-Huerta o de los presupuestos que deberán ordenar la Comunidad el próximo año. Y todo, mientras algunos parlamentarios se pensaban eso de si debían (o no) hacer algo más que darle al botón.

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