03/08/2015@22:12:06
El cierre del Café Comercial, como el de otros establecimientos tradicionales, es una prueba más del profundo cambio que se va imponiendo en la sociedad madrileña. El vértigo vital apenas deja huecos apacibles en la vida contemporánea de nuestros vecinos. No queda espacio para acomodarse en los veladores de los cafés y disfrutar de la charla con amigos y contertulios ocasionales. Ya no se estilan las sobremesas prolongadas, los cenáculos trasnochadores y las veladas vespertinas destinadas a la conversación y el intercambio de opiniones. Ya no se lleva discutir de lo divido y de lo humano mientras se apura un cafelito con leche acompañado de su copita de aguardiente y su vaso de agua helada.