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Palacio de Cibeles: la catedral municipal de Madrid

lunes 01 de diciembre de 2014, 08:00h

Forma parte
de la imagen más reproducida de Madrid en fotos, carteles y películas.

Por su ubicación en la plaza de Cibeles ha sido testigo de la historia
de la capital desde hace cien años aunque no fue hasta 2007 cuando este
monumental edificio, que fue comparado por los madrileños con una
catedral, se convirtió en sede del Ayuntamiento de Madrid. Hoy, el
inmueble, proyectado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, para ser
sede de Correos y Telégrafos, reparte su espacio entre dependencias
municipales y salas de exposiciones.

  • Palacio de Cibeles, en la plaza del mismo nombre

    Palacio de Cibeles, en la plaza del mismo nombre
    Juan Luis Jaen

  • El patio de operaciones de Correos es utilizado ahora para exposiciones

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    Kike Rincón

  • El Salón de Plenos se puso en el patio donde se clasificaba el correo

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    Kike Rincón

  • La estructura del patio de cristales, llamada así por la cubierta

    La estructura del patio de cristales, llamada así por la cubierta
    Kike Rincón

La construcción de este singular edificio estuvo rodeada de polémica desde el principio. La causa fue el decreto del Gobierno de 14 de agosto de 1904 por el que se le retiró al Ayuntamiento la propiedad de la llamada 'huerta de San Juan', la única esquina de la plaza de Cibeles -entonces de Emilio Castelar- que estaba ajardinada y libre de edificaciones. En 1884, el Ayuntamiento había arrendado esta parcela de 31.000 metros cuadrados al empresario Felipe Ducázcal quien, bajo el nombre de "Jardines del Buen Retiro", la convirtió en una zona de recreo a la que se accedía previo pago de una peseta que contaba con un café, tiro de pistola y sala de juegos. Un año después, ante el éxito conseguido, Ducázcal construyó un coliseo al que puso su nombre -teatro Felipe- que, a pesar de que tan solo existió siete años, entraría en la historia del género chico por haber sido estrenada en él La Gran Vía, con música de Chueca y Valverde y libreto de Pérez González.

Una vez elegido el sitio, el Gobierno convocó el 20 de agosto de 1904 -un día después de la publicación del real decreto en la Gaceta de Madrid- el correspondiente concurso para construir la que iba a ser sede de la Dirección General y de las oficinas centrales de Correos y Telégrafos. Según las bases, el inmueble no había de tener más de cinco alturas y debía poseer un pasaje -prolongación de la calle Ruiz de Alarcón- que dividiría el conjunto en dos edificios. La Real Academia de Bellas Artes eligió, entre los tres proyectos que se presentaron, el firmado por Antonio Palacios y Joaquín Otamendi, unos jóvenes arquitectos de 28 y 30 años, respectivamente, cuya propuesta, muy original, también motivó una polémica por 'chocar' estéticamente con los edificios del entorno. Blanco y Negro indicaba, por ejemplo, que "ninguno de los tres proyectos, sea cualquiera el que se lleve a cabo, contribuirá gran cosa al embellecimiento de la plaza principal de Madrid".

Las obras comenzaron el 12 de septiembre de 1907 y duraron doce años pues, en cada cambio de gobierno, el proyecto era cuestionado. Se utilizaron 2.000 toneladas de hierro, 7.000 metros cúbicos de piedra y unos 10 millones de ladrillos. La construcción costó 10 millones de pesetas, más del doble del dinero presupuestado (4,5 millones) que se esperaba recuperar con la venta del solar del convento de la Trinidad, en la calle Atocha, y de dos inmuebles propiedad de Correos, situados en la calle Carretas y la plaza de Pontejos. En 1916 el edificio de Cibeles estaba muy avanzado lo que permitió abrir la Caja Postal de Ahorros, situada en el inmueble. Tres años después, el 14 de marzo de 1919, los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia inauguraban un edificio de Correos con mayor superficie construida que los de Chicago, París, Nueva York o Londres y que, por su monumentalidad, fue bautizado por los madrileños como 'Nuestra Señora de las Comunicaciones'.

La construcción se caracterizó por un estilo eclectico pues se la calificado de historicista, con detalles neoplaterescos, barrocos y modernistas y con influencias vienesas y norteamericanas. En el exterior, destaca su fachada cóncava de 90 metros de largo, recubierta por piedra blanca de Novelda (Alicante); las torres pentagonales de los lados, y la torre central de hormigón armado con sus 70 metros de altura que fue dotada de un reloj en tres de sus caras. En el interior, muy funcional, sobresalen la escalinata y el gran hall del patio de operaciones con sus tres alturas y sus tres brazos, que fueron dedicados a Correos, Telégrafos y Teléfonos. También destacan las pasarelas que permiten moverse por las plantas; la estructura de hierro de perfiles roblonados, realizada por el ingeniero Ángel Chueca, y los motivos decorativos del escultor Ángel García Díaz, que dejó su sello también en la fachada y que luego haría para Antonio Palacios las cariátides del Banco del Río de la Plata.

En sus 95 años de vida, la imagen exterior de este edificio, que en 1993 fue declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Monumento, apenas ha cambiado. Durante la guerra, no sufrió más desperfectos que unos impactos de bala en la fachada fruto de los enfrentamientos que hubo en la zona entre 'casadistas' y comunistas. Menos suerte tuvo el interior, sometido a diversas obras. Desde 1934 hasta 1945, Julián Otamendi y Luis Lozano se encargaron de realizar una reforma en la que añadieron dos plantas al edificio trasero, y en 1961, Alejandro de la Sota le "comió" espacio al patio principal con un edificio provisional de dos plantas que muchos años después, fue retirado sin que dejara huella.

Sede municipal

El edificio iba a cambiar de destino a raíz de que Alberto Ruiz-Gallardón fuera nombrado alcalde de Madrid en 2003 y expresara su deseo de abandonar la Casa de la Villa y trasladarse al palacio de Comunicaciones y Correos. Para obtenerlo, Gallardón aprovechó una operación urbanística que había iniciado su predecesor en la alcaldía, José María Álvarez del Manzano, a raíz de derrumbarse parte de la techumbre del edificio de Gerencia de Urbanismo, situada entonces en la calle Guatemala. Se pensó entonces en trasladar a los funcionarios de esta área, así como a los de Hacienda y Medio Ambiente a varios edificios del centro que estaban en venta. En diciembre de 2001, se cerraba la operación y se adquiría al banco Bilbao Vizcaya, los edificios de Alcalá 45 y paseo de Recoletos 12, y al Santander Central Hispano, el de Alcalá 49, antiguo banco del Río de la Plata y sede del banco Central, conocido popularmente por el de edificio de las Cariátides, a causa de las esculturas que flanquean su entrada. El coste ascendió a 201,6 millones de euros, de los que 112 se pagaron en metálico y el resto mediante parcelas municipales en distintos polígonos residenciales.

El traslado de los funcionarios se detuvo, sin embargo, cuando Gallardón, nada más llegar a la alcaldía, quiso intercambiar el edificio de las Cariátides por el palacio de Comunicaciones y Correos. Aunque Patrimonio del Estado valoró el primero en 90 y el de Cibeles en 360 millones de euros, Gallardón no lo dudó. El Ayuntamiento entregó el edificio de las Cariátides -hoy sede del Instituto Cervantes- y aportó los 270 millones de euros de diferencia con seis parcelas y un edificio en Capitán Haya 41. La situación cambió en 2004, con el gobierno socialista, cuando el ministro de Economía Pedro Solbes pidió una revisión del acuerdo. El edificio de las Cariátides fue valorado entonces en 88,5 millones de euros; Correos exigió quedarse con 2.886 metros cuadrados en el propio Palacio de Comunicaciones, y el Ayuntamiento tuvo que aportar una parcela más y otros dos edificios. También tuvo que entregar al Estado la propiedad del edificio de Capitán Haya que adquirió a Sacyr Vallehermoso a cambio suelo en Sanchinarro y del edificio de Alcalá 45, en el que quedó el Área de Hacienda como inquilino. Cuando se cerró la operación, el Ayuntamiento había desembolsado por el palacio de Cibeles un total de 343,3 millones, lo que originó una nueva polémica y las críticas de la oposición.

Inmediatamente comenzó la primera fase de la reforma que afectaba a los 25.475 metros del edificio trasero al que se quería llevar a 500 funcionarios. Las obras duraron dos años, de 2005 a 2007, y fueron realizadas por los propios servicios municipales. Se unificaron los espacios, se simplificó la circulación, se eliminaron subdivisiones y se recuperaron espacios significativos como la escalera de honor y la sala de vidrieras, que conservaban su estructura original, y el salón de actos que hubo que renovar en su totalidad. La sala sobre el puente de la calle de Alarcón que Palacios y Otamendi habían concebido como sala de reuniones fue convertida en salón institucional.

Paralelamente, en 2005, se convocó un concurso internacional para reformar el edificio principal que Gallardón quería convertir en un gran centro cultural. Se inscribieron 73 equipos pero tan solo 18 presentaron proyecto. En enero de 2005, el jurado, formado por Ayuntamiento de Madrid, Comunidad de Madrid y Colegio Oficial de Arquitectos, le concedió el primer premio al proyecto El corazón de la ciudad, presentado por Francisco Rodríguez Partearroyo, director del equipo de Arquimática S.L; David Márquez, Ángel Martínez y Francisco Martínez. Arquimática tenía la experiencia de haber reformado el Teatro Real para devolverle su carácter de coliseo operístico.

"Teníamos que rehabilitar el edificio y dotarlo de unas funciones que no tenía. Cuando los jefes de los equipos que nos presentábamos al concurso visitamos el edificio acompañados por un representante del COAM, ya vimos que estaba 'colonizado' por un montón de elementos que se habían añadido a lo largo de los años. Teníamos claro que el primer objetivo era hacer muy accesible al público un edificio que siempre tuvo voluntad de ser Ayuntamiento con esa forma curva de su fachada, como de acogida a los ciudadanos", afirma Francisco Rodríguez Partearroyo durante la visita del que, a partir de la reforma, iba a llamarse oficialmente Palacio de Cibeles.

Las obras del edificio principal duraron desde octubre de 2006 hasta abril de 2011 condicionadas desde 2007 por la presencia, en el edificio trasero, de los funcionarios procedentes de la plaza de la Villa, y por el mantenimiento, en el esquinazo Prado-Montalbán, de las oficinas de Correos. Durante ese tiempo se devolvió a esta parte del edificio su imagen original y se adaptó a las últimas normativas. "Hubo que insertar quirúrgicamente los elementos de comunicación y climatización y logramos llevar todo por las paredes. Se pudieron así recuperar los techos originales del hall donde estaba el patio de operaciones y colocamos unos plafones intermedios en los pisos para poner los focos y los detectores de humos con surtidores de agua nebulizada, dice Rodríguez Partearroyo.

"También actuamos sobre las vigas de hierro que fueron cubiertas con capas de pintura intumescente que aguanta 90 minutos el fuego, se recuperaron los suelos de pavés originales que estaban ocultos por cemento y se restauraron los azulejos y las vidrieras. Igualmente recuperamos la imagen de la cubierta original del edificio, lo que yo llamo la quinta fachada, pues las instalaciones se metieron bajo una cubierta de pizarra", recuerda Rodríguez Partearroyo. "Por otra parte cambiamos el acristalamiento y quitamos todo añadido para devolverle al interior la iluminación con la que fue creado".

Pero fueron, sobre todo, las propuestas de Arquimática para satisfacer las necesidades municipales las que convencieron al jurado. "Además de recuperar el gran vestíbulo, actuamos en el patio de descarga anexo al pasaje, y en el patio conocido como la sala de la Batalla", dice el arquitecto. "Pensamos cubrir todo el patio de descarga y los 130 metros de largo por 15 de ancho del pasaje de Alarcón con una estructura de cristal. La idea inicial fue la de una gota de agua, la de un colador de cocina con el borde armado para que no se derrumbe la malla. Para determinar la forma, con una caja de zapatos hicimos una base reproduciendo la forma del patio y metimos un preservativo extrafino hinchado en el hueco. Mike Schlaich -profesor de Ingeniería Civil y director del Departamento de Diseño conceptual y estructural en la Technische Universität de Berlín (T.U. Berlin)- que se había presentado al concurso con otro equipo, al ver nuestra propuesta, nos dijo que se ofrecía a calcular la estructura", indica el arquitecto.

"Para la instalación de esta gran cubierta, que es muy ligera, se hicieron, a 23 metros del suelo, 43 agujeros de 90 centímetros de fondo en los muros de carga de la fachada del patio y en ellos se metieron las patas de la plataforma sobre la que se apoya la cubierta. En esta estructura de 2.000 cristales, cada barra, nudo y tamaño es distinto. La cubierta posee un triple sistema para evitar goteras y cuenta con 83 exutorios -dispositivos para el control de la temperatura y evacuación de humos- que permiten ventilar el recinto automáticamente en caso de incendio", asegura Rodríguez Partearroyo. "Para solucionar el problema de la climatización de este gran espacio de 2.800 metros cuadrados, pusimos suelo radiante con agua fría o caliente y unos bancos laterales de los que sale aire frío o caliente que se recoge al otro lado creando un microclima hasta una altura de 3 metros de alto".

El tercer patio en el que se actuó fue la llamada 'sala de Batalla' donde se clasificaba todo el correo. "Lo convertimos en Salón de Plenos. Todo el mobiliario es extraíble y ningún elemento toca las paredes. Cambiamos el lucernario por otro que está hueco y extrae el humo y en las plantas superiores se crearon deambulatorios. Por la forma del recinto, propusimos un parlamento inglés pero nos dijeron que como la izquierda y la derecha no ocupaban lo mismo se hiciera con un hemiciclo corrido".

El proyecto de Arquimática incluyó la construcción bajo rasante de una sala de exposiciones, un auditorio, un muelle de descarga de mercancías y un aparcamiento bajo la calle Montalbán. En total 17.300 metros cuadrados. "Para ello hubo que excavar y luego cubrir todo con una losa de hormigón. El auditorio, al que llamamos 'Caja de Música', parece un instrumento extraño hecho con maderas. Tiene 296 butacas y un monta pianos", dice Rodríguez Partearroyo.

Por último, la reforma logró mejorar la comunicación vertical de todo el edificio. A las escaleras laterales -decoradas con los mosaicos originales que se recuperaron-, se sumaron dos núcleos de escaleras y se pusieron ascensores aprovechando los espacios laterales de la puerta principal. Asimismo, entre las plantas quinta y octava se instaló una escalera para el acceso del público a las terrazas. También se renovaron la escalera y el ascensor existente entre las plantas 8 y 11, vedadas al público, que dan acceso a la terraza del torreón, a 70 metros de altura, desde del que se dominan algunas de las vistas más espectaculares de la capital. No obstante, la reforma fue aprovechada para abrir las terrazas de las planta sexta y octava, si bien, posteriormente, la de la sexta fue dedicada a restaurante con capacidad para 100 comensales sentados, dejando la octava para el público que, previo pago de 2 euros, quiere ver esta zona emblemática de la capital a vista de pájaro.

El 27 de marzo de 2011, tres años y medio después de que Gallardón se trasladara a su despacho en el palacio de Cibeles, el edificio principal, bautizado a su vez como CentroCentro, abrió sus puertas. La inauguración del salón de plenos, por parte del rey Juan Carlos, aún tendría que esperar hasta el 29 de noviembre del mismo año. Cuando terminaron los trabajos, el importe de la reforma, incluidas ambas fases, había ascendido a 125,9 millones, lo que sumado al precio de la operación urbanística elevó el coste total a 469 millones de euros.

"Lo que más me gusta es que el edificio siga vivo", dice Rodríguez Partearroyo tras comprobar que, tres años después de la reforma, el edificio está a plena actividad. Y es que, tras una fase de indefinición, CentroCentro parece haber encontrado su velocidad de crucero bajo el control de la empresa municipal Madrid Destino.

"Este edificio es arquitectura con mayúsculas y está abierto a la sociedad pues entran en él unas 1.120.000 personas al año", dice José Tono, director de CentroCentro, que se muestra satisfecho con la marcha de este equipamiento. "Tenemos un presupuesto anual de 2 millones de euros y hoy podemos decir que somos sostenibles", afirma Tono. "En la planta octava tenemos el mirador; en la sexta, la cafetería y el restaurante que dinamizan y hacen rentable el edificio; en las plantas 3, 4 y 5 programamos exposiciones de acceso libre; en el hall central contamos con una tienda, un club de amigos, un punto de información cultural y otro dedicado a de información del centro, y en la planta baja tenemos las grandes exposiciones temporales de pago, como las que hemos tenido de la Casa de Alba, Alvear, Masaveu o Abelló. Y luego está el alquiler del patio de cristales que pueden acoger eventos de empresas y muestras tan diferentes como ArtMadrid, Hermés o el mercado de sabores de Mahou".

VEA GALERÍA FOTOGRÁFICA DEL PALACIO DE CIBELES


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