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Banco de España: El palacio del tesoro

Sorprende, en este mundo financiero tan convulso, la tranquilidad que se respira dentro del edificio del Banco de España. Ni el trasiego de la calle Alcalá, la plaza de Cibeles o el paseo del Prado que circundan este inmueble, que ostenta el título de ser el que tiene el IBI más alto de España, ni la prima de riesgo o los rescates bancarios parecen capaces de penetrar estas paredes donde trabajadores y visitantes parecen hablar en murmullos, como intimidados por un escenario más próximo a un palacio que a un centro de decisiones económicas.

  • Escalera monumental

    Escalera monumental
    Banco de España

  • Patio de operaciones del primitivo edificio, hoy convertido en biblioteca

    Patio de operaciones del primitivo edificio, hoy convertido en biblioteca
    Banco de España

  • Patio de operaciones de la primera ampliación

    Patio de operaciones de la primera ampliación
    Banco de España

  • El Banco de España, desde Cibeles

    El Banco de España, desde Cibeles
    Juan Luis Jaén

  • Edificio del Banco de España.

    Edificio del Banco de España.
    Kike Rincón

Parece un solo edificio aunque en realidad sea la suma de un inmueble original y tres ampliaciones. Ello se logró gracias al trabajo de cinco arquitectos -Severiano Sainz de la Lastra, Eduardo Adaro, José Yarnoz, Javier Yarnoz y Rafael Moneo- que, en distintas épocas de los siglos XIX y XX, participaron de una misma filosofía: dotar al edificio de la imagen de solidez que busca cualquier entidad bancaria, máxime si representa los intereses económicos de un país, y, en el caso de los tres últimos, adecuar las ampliaciones al proyecto original. Un objetivo difícil pues, entre la colocación de la primera piedra (4 de julio de 1884), con asistencia de Alfonso XII y la conclusión de la tercera ampliación (9 de mayo de 2006) con asistencia de los reyes Juan Carlos I y Sofía, mediaron 122 años.

El proceso constructivo duró así incluso más que el proceso de constitución del banco que se prolongo a lo largo de 74 años pues la firma por parte de Carlos III de la real cédula por la que se creó el banco de San Carlos, antecesor directo del banco de España, se produjo en 1782 y la decisión de darle la consideración de banco de España no se produjo hasta 1856. Durante este intervalo, el banco pasó por distintas sedes -Flor Alta, Luna, Montera y Jacinto Benavente-, tuvo que aceptar una quita de 310 millones de reales de lo que le adeudaba el Estado; recibió, a cambio, 40 millones en acciones de un nuevo banco, el Español de San Fernando, al que Fernando VII le había dado la facultad de emitir billetes, y se fusionó con el banco de Isabel II, creado en 1844 y también facultado por la reina para emitir billetes al portador. Una vez dado el paso de convertir la entidad en banco de España solo quedaba consolidarlo, hecho que se produjo en 1874 cuando José Echegaray, siendo ministro de Hacienda, le concedió el monopolio de la emisión de moneda a cambio de un importante crédito al Estado.

Puestas las bases de funcionamiento, era preciso dotarle de una sede en consonancia. Con este motivo, en 1882 la entidad adquirió el palacio del marqués de Alcañices que ocupaba la finca del paseo del Prado con vuelta a Alcalá, solar al que se unió el de la iglesia de San Fermín de los Navarros, unos terrenos del marqués de Larios y los jardines de la Escuela de Ingenieros de Caminos. A continuación se convocó un concurso de proyectos que fue un fracaso pues de los cuatro que se presentaron ninguno gustó. Como las bases habían sido redactadas por dos arquitectos que formaban parte de la plantilla del banco, Severiano Sainz de la Lastra y Eduardo Adaro, se consideró oportuno que fueran estos mismos los que hicieran el proyecto y dirigieran las obras que se llevaron a cabo entre 1884 y 1891 con la colaboración de otros profesionales. "La fachada se hizo de granito en la planta inferior y de piedra caliza de Badajoz en las dos superiores, los ornamentos fueron realizados en mármol de Carrara y la rejería fue encargada al taller de Bernardo Asins", explica María José Manrique, técnico del departamento de Imagen Institucional del Banco.

Este primer edificio es el más monumental de los cuatro que forman el conjunto. Debido a su forma rectangular -va desde la calle Alcalá hasta Los Madrazo- es el cuenta con la mayor fachada al paseo del Prado en cuyo centro se abre la llamada puerta del Príncipe. Este acceso, de triple arco, es el principal, aunque muchos piensen que lo es el que se encuentra en el esquinazo de Cibeles donde se encuentra el reloj que da los cuartos y las horas desde 1890. "Fue hecho por una casa inglesa que indicó qué relojero madrileño era el único que podía ocuparse del mantenimiento. En la actualidad se revisa dos veces a la semana", indica Manrique. Aunque no esté aquí la entrada principal, este esquinazo acoge, tras el gran ventanal situado bajo el reloj, la sala de reuniones que separa los despachos del gobernador y subgobernador del banco de España.

La puerta del Príncipe, al permanecer casi siempre cerrada -solo se abre cuando los reyes han acudido en ocasiones especiales- pasa casi desapercibida. Sin embargo, tras la artística rejería se abre una de las escaleras monumentales más impresionantes de Madrid. La llamada escalera imperial fue realizada en mármol de Carrara por Adolfo Areizaga y decorada con unas vidrieras que se fabricaron en la casa Mayer de Múnich con figuras alegóricas de las artes, las ciencias o los continentes. Desde la vidriera superior, la diosa de la Fortuna, con el cuerno de la abundancia, reparte monedas de oro rodeada de las tres gracias y las tres parcas, representantes de la riqueza y la pobreza respectivamente.

El primer tramo de esta escalera desemboca en un vestíbulo dedicado a José Echegaray. "Aquí queremos mucho a Echegaray", dice Manrique. No es extraño que quieran a este ingeniero, político, dramaturgo que fue ministro de Fomento y de Hacienda y que dio al banco la facultad de emitir monedas y billetes. En recuerdo de este espaldarazo, en el centro del vestíbulo circular se levanta un monumento, similar al que podría verse en un parque de Madrid, en el que se ve un busto de Echegaray realizado en 1924 por Lorenzo Coullaut Valera. En las vidrieras de este vestíbulo se representó a Mercurio, dios protector del banco, y Minerva, la diosa de la sabiduría.

Una extraordinaria colección de arte

Pero es en la planta principal donde el banco se convierte en un auténtico palacio: lámparas de La Granja, de Bohemia y hasta una traída de un palacio checo; grabados de la Tauromaquia de Goya en las paredes del corredor; tapices calendario que representan los meses del año en el primitivo salón de accionistas del banco, hoy dedicado a algunos actos como entrega de premios... La visita a las estancias que dan al paseo del Prado permite contemplar el comedor de gala, con una mesa para 20 servicios, decorado con bodegones de Van der Hammen y cuadros de la serie Floreros de Juan de Arellano, cuyas lámparas lucen curiosas peras, uvas y manzanas de cristales de colores. "Fueron colocadas hace unos años por una artista norteamericana que, tras visitar el banco, se ofreció a decorarlas" dice Manrique. Más artístico es el techo del comedor de diario decorado con el lienzo Voltaire contando un cuento, de Joaquín Sorolla, pintado para ser contemplado precisamente desde abajo.

Pero la joya de la corona es una pequeña sala dedicada a Goya, en la esquina de Los Madrazo y el paseo del Prado. Algo lógico si se tiene en cuenta que de sus paredes cuelgan nada menos que ocho cuadros del pintor aragonés dedicados a Carlos III, los condes de Floridablanca, Gausa, Altamira y Cabarrús; el marqués de Tolosa y personajes como Francisco Javier de Larrumbe y José de Toro y Zambrano. La mayor parte de estos cuadros los heredó el banco de España del de San Carlos. En el centro de la estancia, llama la atención una mesa no muy grande que era la que usaba el Consejo de Ministros de Isabel II.

Pero el banco de España no solo tiene "goyas". Heredados del banco de San Carlos o adquiridos por la entidad a lo largo de su historia, su colección artística incluye obras de Maella, Vicente López, Esquivel, Federico de Madrazo, Moreno Carbonero, Sorolla, Marceliano Santamaría, Martínez Cubells, Zuloaga, Fortuny, Sert, Rusiñol, pero también de artistas más recientes como Carmen Laffon, Pancho Cossío, Togores, Barceló, Saura, Guerrero, Palazuelo, Millares o Chillida.

Antes de pasar al edificio correspondiente a la primera ampliación es imprescindible entrar en el primitivo patio de operaciones, llamado oficialmente de efectivos, hoy convertido en biblioteca. "Las artísticas columnas de hierro fundido de este patio de efectivos fueron realizadas en la localidad asturiana de Mieres y la vidriera, en estilo funcional, fue fabricada por la casa Mayer. Bajo el suelo, que se blindó, se instalaron las cajas de seguridad. Hoy es una biblioteca que tiene un fondo documental de los más importantes de Europa", dice Manrique.

Si este patio de operaciones impresiona por el trabajo de su fundición, el que se construyó en la primera de las ampliaciones, lo hace por sus dimensiones -900 metros cuadrados y 27 metros de altura- y por su decoración art decó. En esta ampliación, realizada entre 1932 y 1936 -se inauguró dos meses antes de la guerra civil-, el también arquitecto del banco José Yarnoz, que, en el exterior, se había limitado a prolongar la fachada de Sainz de la Lastra y Adaro, hizo un tratamiento del interior totalmente diferente donde cuidó especialmente la ornamentación. "En la vidriera art decó de este patio se representaron el esfuerzo, el trabajo, la industria, la ganadería, la pesca... En esta ocasión le fue encargada a la casa Maumejean. Asimismo destaca la columna de alumbrado dotada de reloj que sirve como escritorio y calefacción", explica Manrique. "Antes venía mucha gente a este patio de operaciones, pero ahora todo se hace por Internet y tan solo vienen al registro o a cambiar las últimas pesetas por euros", añade.

La cámara del oro

La ampliación fue aprovechada para dotar al banco de una cámara acorazada ya que la primera construcción carecía de una estancia de estas características. Según cuentan quienes la conocen, justo bajo este patio de operaciones, a unos 36 metros de profundidad, se encuentra la cámara del oro del banco. Para acceder a ella hay que descender ocho metros en unos ascensores de seguridad y luego, tras pasar una puerta acorazada, descender en otro elevador los 28 metros restantes antes de traspasar otras dos puertas acorazadas que dan acceso a la auténtica cámara del oro. Como es lógico, todo el trayecto está plagado de sensores de movimiento y cámaras de seguridad. El recinto, de unos 2.500 metros cuadrados, de los que 1.500 son muros, cuenta con una cámara principal donde se guardan los lingotes y monedas -el banco de España tiene la tercera colección numismática más importante de España- y unas camaretas cerradas para el uso exclusivo de los ministerios.

Aunque sobre estos temas se mantiene un auténtico sigilo, parece que, de acuerdo con las instrucciones del Banco Europeo, en Cibeles se guarda la tercera parte del oro en monedas y lingotes que tiene España, ya que el resto se encuentra repartido entre el Banco Internacional de Pagos de Basilea (Suiza) y la Reserva Federal Estados Unidos, en Fort Knox. Se da la circunstancia de que cuando se acometió la excavación de esta ampliación se encontró a 25 metros de profundidad un arroyo subterráneo que se identificó como el de Oropesa, lo que fue aprovechado para canalizar un acceso fluvial a la cámara del oro, de forma que la entrada pudiera anegarse en caso necesario, si bien este sistema nunca ha sido utilizado.

La segunda ampliación del banco concluyó en 1969. Con proyecto de Javier Yarnoz, hijo del anterior arquitecto, se levantó en la parte que da a las calles de Los Madrazo y marqués de Cubas, un edificio que fue dotado de siete plantas subterráneas para almacenes pero que no respetó la fisonomía de las fachadas principales. Interiormente, se levantó una torre de oficinas dotada de helipuerto.

Tras esta ampliación, el banco intentó completar su edificio haciéndose con el único solar de la manzana que le faltaba: el situado en la esquina de Alcalá con Marqués de Cubas. El problema era que en él se levantaba la banca Calamarte, que con proyecto de José Lorite se había construido en 1924. El edificio, muy similar a otros situados en el arranque de la Gran Vía, fue adquirido en 1950 por el banco de España pero no fue hasta 1978 cuando la entidad convocó un concurso restringido para cerrar la manzana.

Ganó Rafael Moneo, pero tampoco entonces fue posible iniciar las obras, pues, pocos días después, entró en vigor el Plan Especial de Conservación del Ayuntamiento de Madrid en el que este edificio estaba protegido por lo que el Ayuntamiento se negó a conceder la licencia de derribo. Los recursos presentados por el banco no cambiaron la situación hasta 1989 cuando la Comunidad vinculó el derribo a que se realizara el proyecto de Moneo. Cuatro años después, el banco de España y el Ayuntamiento firmaron un convenio que permitió acometer las obras que se terminaron en 2006, coincidiendo con la celebración del 150 aniversario de la nominación como banco de España. La ampliación de Moneo, que fue dotada de cuatro plantas subterráneas, que mantuvo formalmente la estructura de la fachada aunque "modernizó" los elementos decorativos para poner de manifiesto el tiempo transcurrido.

GALERÍA DE FOTOS: 'El banco de los bancos'

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