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Linares: un palacio de leyenda

martes 07 de octubre de 2014, 08:00h

No hay ningún edificio en Madrid como el palacio de Linares, actual sede de la Casa de América, sobre el que se haya hablado y escrito más y no por su arquitectura o su magnífica decoración, sino por su supuesta relación con el mundo de lo oculto. Quien inventó la leyenda sobre los marqueses de Linares no podía suponer que 100 años después, se siguiera hablando de oscuros secretos y gritos infantiles en vez de hacerlo de los valores artísticos del que, posiblemente, es el palacete mejor decorado de la capital.

  • Fachada de Casa de América

    Fachada de Casa de América
    Juan Luis Jaén

  • Mármol de Carrara, bronces franceses y pintura española en la gran escalerales y barandillas de marmol.

    Mármol de Carrara, bronces franceses y pintura española en la gran escalerales y barandillas de marmol.
    Juan Luis Jaén

  • Escudo de armas en el Salón de baile del palacio

    Escudo de armas en el Salón de baile del palacio
    Juan Luis Jaén

  • Arranque de la escalera monumental del palacio de Linares

    Arranque de la escalera monumental del palacio de Linares
    Juan Luis Jaén

Mateo Murga fue un personaje que en la primera mitad del siglo XIX hizo una inmensa fortuna gracias a sus negocios con Cuba y a su actividad empresarial pues, según Alba Carballeira, historiadora de arte y guía de la Casa de América, "tenía una red industrial que, salvo la banca, lo abarcaba todo: metalurgia, ferrocarriles, textil, minería...". Este multimillonario tuvo cuatro hijos, Joaquín, José, Carmen y Eduardo, pero solo José vivió lo suficiente para heredar cuando Mateo murió en 1857.

Al año siguiente, José Murga se casó con Raimunda Osorio Ortega, hija de padre desconocido, algo que en la buena sociedad vasca a la que pertenecía la madre, Benita Ortega Arregui, no debió ser muy bien visto. Tras residir varios años en París, la pareja, que no tuvo hijos, volvió a Madrid donde compró una casa en Cuatro Caminos. En 1870, Murga, que mantuvo la red industrial creada por su padre, y que vivía de las rentas, fue uno de los pocos que tuvo una buena sintonía con Amadeo I, un rey que, a pesar de haber sido elegido por las Cortes a propuesta del general Prim, no contó en su breve reinado con el apoyo de la nobleza. El respaldo de José Murga al rey, fue premiado en 1873, poco antes de la abdicación de Amadeo, con el marquesado de Linares y eI vizcondado de Llanteno, nombramientos que no debieron sentar muy bien a los nobles de antiguo cuño.

Las críticas de la sociedad madrileña hacia la pareja también estuvieron motivadas por la construcción del propio palacio. El padre de Murga, entre sus muchos negocios, había comprado un solar de 3.000 metros cuadrados en plena plaza de Cibeles, perteneciente a los antiguos terrenos del Pósito Real de la Villa donde se había almacenado el trigo durante casi doscientos años. En 1872, José Murga, cuando todavía no era marqués, decidió levantar allí su vivienda y encargó un palacete al arquitecto francés Adolf Ombrecht cuyas obras fueron dirigidas por el español Carlos Colubí. "El coste de edificación sin incluir el precio del terreno ni la ornamentación fue de 2 millones de pesetas que, por entonces era un tercio del importe de los premios de la lotería de Navidad", dice Carballeira. Pero fue en la decoración donde Murga se volcó, aunque la imagen exterior del edificio no dé pistas sobre su riqueza interior, algo que influye sin duda en que, a pesar de su importancia, el número de visitantes no pase, los fines de semana, de las 200 personas.

Las obras empezaron en 1873 y en 1884 el palacio, que aún estuvo en obras hasta 1890, pudo ser ocupado por sus propietarios que por entonces tenían 51 y 52 años, respectivamente. La ubicación del palacio, la rica decoración de sus salas, las cenas y bailes que se hacían para un selecto grupo de invitados con menús que se hacían llevar de Lhardy, levantaron muchas envidias. "Las fiestas, aunque eran para un grupo muy reducido, de unas veinte personas, eclipsaban a las del Palacio Real y los periódicos echaban incluso cuentas sobre el coste de la mantelería o de las vajillas de Sevres que adornaban las mesas", dice Carballeira.

El último hecho que desencadenaría la leyenda fueron las muertes de Raimunda Osorio en 1901 y, de José Murga, al año siguiente. El marqués, en su testamento, indicaba que no tenía hijos y nombraba heredera a su ahijada Raimunda Avecilla a quien le dejaba el palacio, el palacio de verano en Zarauz, varios pisos en el centro de Madrid además de acciones y dinero. También recibieron parte de la herencia el colegio de Santa Cruz de Carabanchel, una sobrina y varios primos. Asimismo, el marqués dejó un millón de pesetas a la Institución de Caridad de los Marqueses de Linares para que lo distribuyera entre otras instituciones benéficas y otro millón para la construcción de un hospital en Linares (Jaén), que debía llevar el nombre de San José y San Raimundo y que abrió sus puertas en 1917. Precisamente en su cripta se encuentra el sepulcro de los marqueses que hizo Lorenzo Coullaut Valera. Por último cedió dos casas en Madrid a Raimunda Aguado, madre de su ahijada Raimunda Avecilla.

Pero, ¿quién era Raimunda Avecilla? Las fuentes consultadas indican que nació en 1878 y era hija del abogado del marqués, Federico Avecilla, y de Raimunda Aguado. Se sabe que, de niña, visitó en muchas ocasiones a los marqueses cuando a partir de 1884 estos ocuparon el palacio. Tras heredar los bienes de los marqueses, Raimunda Avecilla se casó con Felipe Padierna, conde de Villapadierna. "El conde Villapadierna decidió que no vivirían en este palacio sino en otro de la calle Goya", dice Alba Carballeira, por lo que, desde 1902, el palacio quedó cerrado y así permaneció hasta los años 70.

Una leyenda de folletín

El resultado es que, desde su apertura, el palacio ha permanecido más tiempo deshabitado que habitado. Esto alimentó la leyenda que empezó a correr por Madrid. Según esta, cuando era joven, José Murga habría informado a su padre de que estaba enamorado de Raimunda, la supuesta hija de una cigarrera de Lavapiés. Su padre, al saberlo, le habría mandado a estudiar a Londres sin decirle nada sobre el origen de la muchacha. A la muerte de Mateo en 1857, hijo habría vuelto a España y habría heredado y casado con su antiguo amor. Fue entonces, revisando los documentos dejados por su padre, cuando habría descubierto que Raimunda era su hermana natural ya que su padre había mantenido relaciones con la cigarrera. La pareja se habría dirigido al papa Pío IX quien habría otorgado una bula, Casti convivere, para que pudieran seguir viviendo juntos, pero en castidad. A pesar de ello, la pareja se habría saltado la bula y habrían tenido una niña llamada Raimunda a la que habrían matado sieendo niña y emparedado en el propio palacio y cuyos supuestos gritos y gemidos habrían saltado a las páginas de los periódicos en 1990 cuando se discutía del futuro del inmueble. Libros, artículos y programas de televisión han recordado desde entonces esta leyenda nacida a principios del siglo XX y alimentada por el aspecto abandonado del palacio.

Quienes afirman que en este inmueble se oían entonces voces y gritos desgarradores, o que se reflejaban figuras en sus espejos -desaparecidas unas y otras, curiosamente, desde que en 1992 terminó la restauración del edificio para convertirlo en Casa de América- han polemizado en los medios periodísticos con quienes han intentado explicar que las fechas biográficas ponen de manifiesto que cuando los marqueses llegaron al palacio llevaban 26 años casados y no tenían hijos y que las únicas Raimundas conocidas eran, aparte de la marquesa, la ahijada -entonces era normal poner el nombre de la madrina, máxime si esta era noble y rica- que fue la que heredó y su madre Raimunda Aguado.

La última de las teorías aportadas indica que Mateo Murga, padre del marqués podría haber mantenido relaciones con Josefa Cabanas, de 31 años, esposa del administrador de las fincas que el industrial tenía en Linares. Fruto de las mismas habría sido el nacimiento en 1854 de Raimunda Aguado. Tres años después, el industrial moría en Francia y su hijo, José Murga, se habría enterado de que tenía una hermanastra de cuatro años de edad por lo que, a lo largo de su vida, habría procurado ayudarla favoreciendo un matrimonio con su abogado, Federico Avecilla, proahijando a su hija Raimunda y legándole a ésta buena parte de sus bienes al tiempo que a su a medio hermana le dejaba dos casas. Claro que esta versión no tiene la fuerza que aporta la que mezcla supuestos asesinatos y fantasmas.

"La historia de que José Murga descubrió que su esposa era, en realidad, su hermana es absolutamente mentira. Raimunda Ortega era hija de una familia adinerada aunque mucho menos que los Murga", dice Carballeira. "En mi opinión la historia fue fruto de la literatura fantástica de los mentideros de Madrid causada por una venganza política. Las peleas entre la nobleza de nuevo cuño que eran los que tenían el dinero y las del viejo cuño llenó de intrigas los salones de la época", asegura.

La 'bombonera' de Cibeles

Leyendas aparte, el palacio que levantó José Murga entre 1873 y 1890, se convirtió en uno de los más lujosos de la capital. "Quiso construir un museo de bellas artes como regalo para su esposa. Los periódicos lo llamaron la bombonera. Murga era un gran conocedor de la pintura española y tenía muchos conocidos en la Academia de España en Roma, pero no tenía, como Cerralbo o Lázaro Galdiano, un deseo de coleccionar sino un afán decorativo", explica Carballeira.

El edificio, que contaba con entrada de carruajes, cuyo adoquinado original aún se conserva, se planteó con semisótano, primera planta, segunda planta y planta para la servidumbre de confianza. "La primera planta, por la que se puede circular habitación por habitación o a través del pasillo circular, fue reservada para la vida cotidiana del matrimonio por lo que las salas se dedicaron a tocador, dormitorio, sala de lectura o comedor de diario. En el salón de música se daban pequeños recitales; el despacho privado servía de fonoteca y desde sus ventanas que dan a Cibeles se veían, según el marqués, los mejores atardeceres de Madrid; la sala de billar aún muestra la lámpara original que funcionaba con gas, y la biblioteca, con su chimenea de nogal, mantiene los retratos de Quevedo, Garcilaso, el padre Mariana o Cervantes", explica Carballeira.

Murga ordenó poner, tesela a tesela, los mosaicos de los suelos, siguiendo la simetría de los techos. Las teselas fueron traídas de una cantera madrileña; los mármoles los hizo llevar de canteras de España, Francia e Italia y los muebles procedieron de Inglaterra y Francia. Los marqueses, enamorados del gusto francés, prefirieron poner telas en las paredes en vez de papeles pintados, así como tapices y espejos. Destacan las pinturas del techo que respondían al uso al que estaba dedicada la estancia. Eran lienzos pegados que llevan las firmas de Francisco Pradilla, Jerónimo Suñol, Casto Plasencia, Sebastián Gessa, Manuel Dominguez, Alejandro Ferrant o Francisco Amerigó. Asimismo Murga mandó incorporar las novedades como la electricidad, aunque solo para los timbres, o teléfono para la comunicación entre las habitaciones.

De esta planta parte la escalera monumental. "Murga quería dar un golpe de efecto con esta escalera y la mandó hacer de mármol de Carrara, con motivos del teatro clásico y bronces franceses. En las paredes puso los lienzos de las cuatro estaciones encargados a Manuel Domínguez. Las estancias de esta segunda planta estaban pensadas para el boato", dice Carballeira. Por ejemplo, el comedor de gala aún muestra en sus paredes los perfiles de pan de oro de 22 quilates que se pusieron y la mesa de gala que tenía la novedad de ser extensible lo que permitía pasar de 10 a 20 comensales. "Aunque se ha dicho que traían todos los días la comida de Lhardy, en los planos figuran dos cocinas, un montacargas y un montaplatos. Es cierto que hay numerosas facturas de este restaurante pero no iban a traer las cenas y desayunos o las comidas de diario. Por muy rico que fuera el marqués, no iba a pagar a diario los 17 platos que se han llegado a contar en un solo menú traído de este restaurante", indica Carballeira.

Todo pone de manifiesto que se cuidó con esmero la decoración de todas y cada una de las salas: el salón de fumar muestra la ornamentación basada en la figura del dragón que se puede ver en lámparas, reposabrazos y hasta en los bordes de las ventanas; el salón de recepciones es similar a los de los palacetes franceses del siglo XIX; el artesonado de las antesalas de baile fue pintado a mano; el despacho conserva su mobiliario español original...

En la capilla no hay dos placas de cerámica iguales; las incrustaciones están esmaltadas; la pintura mural se interrumpe en los laterales por las tablas pintadas en las que se representó a los apóstoles, salvo a Judas Iscariote; el sagrario fue dotado de deambulatorio, y la lámpara se hizo plegable para poderla retirar por una abertura en el techo por la que, como seguramente ocurrió con la ahijada de los marqueses, podía hacerse bajar una canastilla con un bebé en caso de celebrarse un bautizo.

La joya, sin embargo, es el salón de baile. "El pintor Francisco Pradilla, que fue director del museo del Prado, se ocupó de la pintura central y de la decoración de los lunetos donde representó a dos mujeres y a dos de sus hijas. El luneto central, en el que pintó un trovador, tiene la particularidad de que se puede desplazar para que la orquesta interpretara las piezas musicales", dice Carballeira. En el semisótano se pusieron las cocinas y distintas habitaciones para el servicio -en el palacio llegaron a trabajar 23 personas- y la planta tercera, a la que se accede por una escalera interior, se dedicó a las habitaciones de la servidumbre de confianza.

Para completar el palacio, el marqués le encargó al arquitecto Manuel Aníbal Álvarez un edificio para caballerizas para las cabalgaduras de los tres coches de caballos que poseían; una casa 'de muñecas', que tomó la forma de un pabellón romántico y cuyo torreón fue usado como palomar; un inmueble anexo en la calle Marqués del Duero, y una escalera de mármol desde la sala de música que desemboca en el jardín.

Tres cuartos de siglo cerrado

El cierre del palacio durante más de 75 años hizo que el inmueble se deteriorara. En 1976, el expediente que se había solicitado para proceder al derribo del palacio fue paralizado cuando el edificio principal fue declarado monumento histórico artístico. Para entonces, únicamente el ala de la primera planta que da al jardín había sido alquilada a la compañía marítima Transmediterránea. Posteriormente, se autorizó a Luis García Berlanga para que rodara varias escenas de la película Patrimonio Nacional (1981) antes de que todo el conjunto fuera vendido a la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA) que a su vez cedió la propiedad a la empresa inmobiliaria Teseo en octubre de 1987 por unos 1.400 millones de pesetas (233,3 millones de euros).

Fue entonces cuando el Ayuntamiento, gobernado por PSOE e IU, llegó a un preacuerdo con Teseo para adquirir el palacio y sus dependencias con objeto de dedicar el conjunto a actividades culturales a cambio de dos solares, uno en Azca y otro en la M-30 valorados en unos 483 millones de euros. Sin embargo, la operación se frustró porque el pleno (con mayoría de PP y CDS) rechazó este preacuerdo ya que, según los técnicos no había equilibrio económico entre el valor de los solares y el del palacio, estimado en 408 millones, a pesar de que Teseo iba a dedicar los 75 millones restantes en la restauración del palacio. Finalmente Teseo vendió el palacio y sus dependencias por 433,3 millones de euros a Emiliano Revilla, empresario que fue secuestrado  por ETA en 1988. Seis meses después de su liberación, el Ayuntamiento volvía a llegar a un preacuerdo, esta vez con Revilla, pero el importe de la operación ya había ascendido hasta los 533 millones que fue en lo que se valoró una parcela situada junto a la mezquita de la M-30. El Ayuntamiento anunció que Linares se convertiría en un centro cultural iberoamericano y que, para cumplir las condiciones fijadas por el pleno -el municipio no podía pagar más de la tercera parte-, se había conseguido la participación del Instituto de Cultura Iberoamericana y la Comunidad de Madrid.

Cuando en 1990 entraron los restauradores, el palacio ofrecía un aspecto de total abandono. "Se había perdido un 85 por ciento del mobiliario, no había un solo libro, las telas estaban corroídas por las plagas y el jardín había perdido el paisajismo. Los trabajos de restauración los realizaron Roa Estudio y el Taller de Restauración El Barco y duraron de 1988 a 1992, año en que, dentro de los actos del V Centenario del Descubrimiento de América, se abrió con motivo de la II Cumbre Iberoamericana que presidió el rey Juan Carlos", dice Carballeira. El resultado fue espectacular.

Las obras fueron aprovechadas para, además de restaurar el palacio, habilitar el semisótano para instalar un restaurante y club de fumadores, a los que se ha añadido recientemente un cine, y para crear, bajo el edificio de Marqués de Duero y las caballerizas, un gran auditorio de 330 plazas sentadas, dedicado a Gabriela Mistral. Desde entonces, Casa de América, un consorcio formado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid, además de alquilar sus salas para todo tipo de eventos, ha organizado cientos de actos, con participación de miembros de gobiernos, medios de comunicación, cuerpo diplomático, empresas e instituciones para debatir aquellos temas que interesan a ambos lados del Atlántico.

FOTOGALERÍA: Una joya palaciega

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  • Linares: un palacio de leyenda

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    7282 | Teresa Leonarda Lencinas - 05/11/2017 @ 00:57:55 (GMT+1)
    Buenas Noches desde Corrientes Provincia de la Republica Argentina , soy Teresa . concurro a la Universidad Nacional del Nordeste , en la Carrera Arquitectura . En la Catedra de Historia estamos desarrollando El Palacio de Linares , y dentro de sus estudios nos piden planta , corte y vistas arquitectonicos y todo lo referido la parte de construccion de dicha Obra . Donde lo podria conseguir ? . desde ya le agradezco su tiempo

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