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Palacetes Urquijo y Fontagud: de vivienda de banqueros a sede del organismo regulador

jueves 26 de junio de 2014, 08:00h

Ocupan la tercera parte de la manzana situada entre las calles Alcalá, Barquillo, Marqués de Valdeiglesias e Infantas; ambos fueron construidos entre 1858 y 1860, y los dos compartieron un pasado bancario al ser las residencias del marqués de Urquijo y del hijo del banquero José Fontagud. En 1981, y durante 19 años, se convirtieron en la sede de Tabacalera. Hoy, vuelven a tener un destino común: los edificios de Alcalá 47 y Barquillo 5 acogen a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, un organismo que, además de regular los mercados, ha de poner en valor estos palacetes madrileños.

  • Hall de entrada del antigio banco Urquijo

    Hall de entrada del antigio banco Urquijo
    Kike Rincón

  • Sede de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, en Alcalá 47

    Sede de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, en Alcalá 47
    Kike Rincón

  • Vidriera del palacete Fontagud

    Vidriera del palacete Fontagud
    Kike Rincón

  • El antiguo palacio Fontagud, en la calle Infantas

    El antiguo palacio Fontagud, en la calle Infantas
    Kike Rincón

El edificio más visible, el de Alcalá 47, no es sin embargo el más artístico. Ello se debe a que, cuando se construyó en 1858, era un edificio de viviendas de estilo español que, en 1897, fue adquirido por el marqués de Urquijo para establecer su residencia. El encargado de adaptar el inmueble -el marqués solo ocupó la planta baja y la principal- fue el arquitecto Francisco Mendoza.

En 1921, cuando el banco Urquijo, constituido tres años antes, decidió instalarse en Madrid, la elección de la sede recayó en este edificio estratégicamente situado en plena calle Alcalá, por entonces el principal eje bancario de la ciudad, ya que estaba justo delante del banco del Río de la Plata -hoy Instituto Cervantes- y del banco de España. Este cambio de usos obligó a realizar una profunda reforma de la que se encargaron los arquitectos Ricardo Bastida y Gustavo Fernández Balbuena. La transformación fue total: los sótanos se acondicionaron para las cajas fuertes y las calderas; se reestructuraron los vanos de la fachada; se puso un balcón corrido en la primera planta; el primer patio rectangular se convirtió en hall de entrada con doble altura estilo Renacimiento español; el segundo patio se dedicó a las operaciones bancarias del publico; se cambió la escalera por otra monumental; la planta principal, con un tratamiento que recuerda a un claustro, fue convertida en zona administrativa, y la fachada fue dotada de un torreón con cúpula. Los pisos superiores se habilitaron para ser alquilados como despachos. No es extraño que Bastida pusiera su firma en la fachada pues la transformación excedía con mucho de una simple reforma.

No hubo más modificaciones hasta 1943 cuando la entidad le encargó a José Antonio Domínguez Salazar una nueva reforma que simplificó la fachada y sustituyó la cúpula del torreón por un chapitel. Este mismo arquitecto se ocuparía, en unión de sus hijos José Antonio y Manuel, de la reforma que se realizó en 1962 y de la que se acometió en 1976, que supusieron la transformación del patio de operaciones, el reforzamiento de la estructura con vigas de hierro y la construcción de un ático. Las sucesivas variaciones no pudieron, sin embargo, incrementar el aprovechamiento de un edificio que no estaba pensado en origen para tareas administrativas. Hoy, tan solo 5.586 metros cuadrados de los 10.800 construidos son útiles.

Por su parte, el palacio de la calle Barquillo 5, con vuelta a la calle Infantas, también tuvo en sus orígenes una relación con las finanzas pues fue edificado por encargo de José María Fontagud Gargollo, hijo del banquero gaditano José Fontagud, un millonario que fue consejero de Hacienda, director de la Real Caja de Amortización y procurador en Cortes y que, entre otras propiedades, fue dueño de la quinta de recreo de Manuel Godoy, en Vista Alegre, que, años después, vendió al marqués de Salamanca.

Su hijo, José María Fontagud Gargollo, empresario, senador real y gentilhombre de cámara del rey, le encargó al arquitecto Narciso Pascual y Colomer, autor del Congreso de los Diputados, un palacete de 6.500 metros cuadrados de superficie, 3.000 de ellos útiles, repartidos en tres plantas más sotabanco con patio-jardín interior, pabellón de cocheras, amplios salones, una gran escalera y una biblioteca. Las obras, iniciadas en 1859 duraron un año, de forma que cuando en 1866 Fontagud contrajo matrimonio con Matilde de Aguilera y Gamboa, hija del conde de Villalobos y nieta del marqués de Cerralbo, la pareja se trasladó a vivir al palacete.

La pareja apenas vivió 20 años en la casa, pues, en 1887, la Compañía Arrendataria de Tabacos, constituida ese mismo año y a la que el Gobierno había dado el monopolio de la fabricación y venta de tabaco en España, adquirió el edificio a la familia Fontagud. La compañía no reformó el inmueble hasta 1923 cuando se le encargó a Luis Blanco Soler varios cambios entre los que destacó la eliminación del jardín.

Parece, no obstante, que el cerramiento del patio se produjo años más tarde, ya bajo la Segunda República, pues la vidriera que hoy luce es la única de Madrid que muestra varios escudos republicanos en los que la corona ha sido sustituida por torres almenadas. Es sin duda, una de las joyas de la casa. Su gran tamaño y su forma de medio óvalo ya causa sorpresa y esta aumenta cuando se comprueba que está adornada con escudos que reproducen el escudo nacional recogido en el reverso de las monedas de cinco pesetas acuñadas tras la revolución de 1868 que puso fin al reinado de Isabel II. Precisamente esta figura de escudo nacional fue la que el Gobierno provisional de la Segunda República decidió utilizar, según se recogió en el decreto del 27 de abril de 1931 publicado por la Gaceta de Madrid al día siguiente. Cuentan que fue Joaquín Almunia, Comisario europeo de la Competencia quien, en una visita al edificio cuando era Tribunal de Defensa de la Competencia, descubrió a sus interlocutores lo que representaban los escudos allí reproducidos.

Tras ser sede de la Compañía Arrendataria de Tabacos era lógico que, en 1946, pasara a hacer la misma función para Tabacalera, empresa que compró el inmueble por 9 millones de pesetas. El cambio de propietario fue seguido de una nueva reforma y de la ampliación en una planta con proyecto de Mariano García Morales. Posteriormente, cuando en 1981 Tabacalera compró el edificio de Alcalá 47 y unió ambos inmuebles, el departamento de arquitectura de la compañía se ocupó de la redistribución de espacios.

No habían acabado, sin embargo, las obras. En el año 2000, la Comisión Nacional de la Energía anunciaba la compra por 3.409 millones de pesetas (20,4 millones de euros) de la antigua sede del banco Urquijo y Patrimonio del Estado cerró, por su parte, la adquisición del palacio Fontagud con la idea de instalar en él el Tribunal de Defensa de la Competencia. Ambos organismos sufrían problemas de espacio en sus respectivas sedes. La Comisión Nacional de la Energía ocupaba por entonces un edificio en alquiler del empresario Emiliano Revilla, situado en la calle Marqués del Duero; Competencia, por su parte, ocupaba un chalet con "historia" en la calle Pio XII, ya que, según se afirmaba en los mentideros de Madrid, en los años 50 del siglo pasado, la vivienda, propiedad de Samuel Bronston -productor de El Cid, Rey de Reyes, La caída del imperio romano, El mayor espectáculo del mundo...- fue utilizada como lugar de encuentros por Ava Gadner y Luis Miguel Dominguín.

En 2002, una vez realizado el traslado de la Comisión Nacional de la Energía y del Tribunal de Defensa de la Competencia, se acometió la última reforma del antiguo banco Urquijo -con proyecto de Enrique Ojeda Redondo y Eduardo Navarro Pallares- y del palacio de Fontagud, después de que la Junta de Gobierno del Ayuntamiento aprobara un Plan Especial para ampliar la última planta y recuperar el paso de carruajes.

La historia de ambos edificios se vio de nuevo alterada cuando, en octubre de 2013, ambos organismos quedaron absorbidos por la recién creada Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia en la que se aunaron las comisiones nacionales de Energía, Mercado de las Telecomunicaciones, Competencia, Regulación Ferroviaria, Sector Postal y Medios Audiovisuales. Dado que dos de las comisiones desaparecidas ocupaban ya unos inmuebles que sumaban 17.300 metros cuadrados construidos, parecía cantado que el nuevo organismo, que suma 515 funcionarios, ocupara estos espacios.

El traslado se hizo sin tener en cuenta los profundos cambios realizados a lo largo de más de siglo y medio en ambos inmuebles, los diversos usos que se le han dado a las diferentes plantas y el hecho de que, salvo los 19 años en que ambos fueron de Tabacalera, los dos edificios siempre han funcionado de forma independiente. Esta situación no es exclusiva de estos inmuebles. La política de centralizar dependencias administrativas en palacetes y edificios representativos del centro de Madrid ha provocado que, por un lado, los ocupantes tuvieran que preservar los elementos arquitectónicos y ornamentales protegidos y, por otra, tuvieran que "repartirse" el espacio hábil para seguir desempeñando sus funciones. El resultado no suele ser bueno ni para los edificios ni para quienes los ocupan.

Por ejemplo, en los palacetes de Urquijo y Fontagud -donde solo 9.000 de los 17.300 metros cuadrados construidos son útiles- se comprueba que el acceso de carruajes que da a la calle Infantas, que es el más representativo, permanece cerrado permanentemente con lo que la gran escalera de acceso no tiene ninguna utilidad; ambos edificios están tan solo conectados por una pequeña puerta interior con los consiguientes problemas de comunicación; en ambos edificios se construido, a lo largo de los años, varias escaleras interiores lo que hace difícil la relación entre departamentos; los despachos del antiguo banco Urquijo, más pequeños que los del palacio Fontagud, son, sin embargo, los que acogen al presidente y los órganos de dirección -por ejemplo a la sala del consejo la llaman la galería del tren por su forma larga y estrecha-, mientras las estancias que dan a la plaza del Rey están más desaprovechadas como se pone de manifiesto en la conversión del antiguo despacho del presidente de la Comisión Nacional de la Energía en una sala de visionado y control de medios audiovisuales.

Si a ello se le suma que la falta de espacios para reuniones se solucionó hace ya años convirtiendo en sala de conferencias el antiguo patio de operaciones del banco Urquijo y el patio cubierto con la gran vidriera ovalada del palacete Fontagud -donde, en una actuación muy criticable, se cerró todo el patio con gruesas paredes de madera para "aislar" la sala de conferencias resultante, rompiendo así el efecto visual de la vidriera- está claro que la ocupación de ambos edificios por parte de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia debería plantear la realización de un plan de rehabilitación interior y de otro de usos que adaptara mejor el edificio a las necesidades y pusiera en valor unos espacios representativos de la arquitectura palaciega decimonónica de Madrid.

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    633 | Silvia Arbaiza - 10/01/2016 @ 12:35:40 (GMT+1)
    Existe un error en el artículo por cuanto que la gran obra de reforma de 1923 fue realizada por el arquitecto Luis Blanco-Soler, por encargo del entonces director de la Compañía Arrendataria de Tabacos Francisco Bastos Ansard. Para mayor información consultes: "3. El periodo de 1923-1926," en ARBAIZA BLANCO-SOLER, Silvia. Luis Blanco-Soler. Tradición y Modernidad. Madrid: Fundación Areces, 2004, pp. 47-50.

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