Un kiosco de prensa del distrito de Salamanca se ha transformado en una pequeña librería de calle con periódicos, revistas, libros y una programación semanal de firmas por la que ya han pasado autores y figuras públicas como Manuela Carmena, Esperanza Aguirre, Andrés Trapiello, Manuel Vicent o David Uclés.
Detrás del proyecto está Miguel Sanz, propietario del kiosco situado en el número 45 de la calle Ortega y Gasset. Su apuesta busca atraer lectores, crear comunidad en el barrio y resistir a la crisis del papel con una propuesta que combina prensa, prescripción literaria y encuentros con autores.
Sanz llegó al oficio en 2015, cuando supo que el kiosco al que acudía como cliente se traspasaba. “No fue una decisión premeditada”, recuerda. Tenía 22 años y una relación temprana con la lectura de periódicos, revistas y libros, aunque admite que los primeros días fueron “duros” por la exigencia de conocer a la clientela, los distribuidores y la amplia variedad de publicaciones.
La presencia del libro fue creciendo sobre todo después de la pandemia, cuando empezó a incorporar más novela, ensayo y literatura infantil. La respuesta de los vecinos, los pedidos y el interés de los lectores fueron consolidando el kiosco como una “librería de calle”.
"Al final es trabajárselo mucho, tener ilusión y con eso se llega casi a todas partes"
El siguiente paso llegó en 2024, con la organización de firmas de libros los domingos. La primera fue con el historiador Francisco Cánovas Sánchez. Después llegaron otros autores y, ya en 2025, Sanz decidió convertir esos encuentros en una cita semanal. “Es una cosa muy bonita, genera comunidad y también incrementa las ventas de los libros”, defiende.
Por el kiosco han pasado perfiles muy distintos, desde Manuela Carmena y Esperanza Aguirre hasta Andrés Trapiello, Manuel Vicent, Miguel Ángel Aguilar, Nieves Herrero, Rosa Belmonte, Emilio del Río, Raquel Peláez o David Uclés. El objetivo, explica Sanz, es mantener un espacio “transversal”, abierto a distintos géneros, ideologías y sensibilidades.
La programación se alimenta del boca a boca, las redes sociales, los clientes, las editoriales y los contactos que el kiosquero va tejiendo. “Al final es trabajárselo mucho, tener ilusión y con eso se llega casi a todas partes”, resume.
Las firmas han dejado escenas poco habituales en un puesto de prensa: vecinos que se encuentran por sorpresa con un autor al que admiran, lectores que preguntan después por ejemplares dedicados o escritores que reconocen no haber firmado nunca antes en un kiosco. Sanz recuerda especialmente la visita de Manuel Vicent, de 90 años, en un frío día de noviembre, cuando tuvieron que ponerle una manta y un calefactor.
Para este kiosquero, la clave está en vender, pero también en recomendar. En sus mesas conviven novedades comerciales con ensayo, narrativa, cómic, literatura infantil y libros de editoriales independientes. Esta semana, entre otros títulos, podían encontrarse obras de María Oruña, Han Kang, Juan Gómez Bárcena, Iván Redondo, José Luis Sastre o Isabel San Sebastián.
Aunque las firmas y los libros han dado un impulso al negocio, Sanz no oculta la dureza del oficio. Abre los siete días de la semana y reconoce que eso dificulta la conciliación y la vida personal. También asume que el número de kioscos seguirá reduciéndose, aunque confía en que algunos permanezcan como puntos de referencia en los barrios.
A su juicio, estos espacios cumplen una función social y cultural. Los define como “puntos de vertebración de los barrios” y recuerda que venden productos vinculados a la información, la lectura y el debate público. Por ello, cree que las administraciones deberían apoyar más al sector, con medidas como ayudas directas o exenciones de tasas.
Mientras tanto, el kiosco complementa su actividad con productos de temporada, como paraguas, abanicos o pequeños artículos visibles desde la calle, pero mantiene como eje del negocio los periódicos, las revistas y los libros.
La clientela es cada vez más variada. Aunque los compradores habituales de prensa en papel son mayoritariamente personas mayores, el libro ha permitido atraer a jóvenes, familias y lectores de otros barrios. Para ampliar ese alcance, Sanz ha abierto la cuenta de Instagram @kioskalia, desde la que anuncia novedades y próximas firmas, con la intención de llevar más público hasta este pequeño espacio cultural de Ortega y Gasset.