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La candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la rueda de prensa ofrecida este miércoles en la Asamblea para valorar las exigencias de Vox.
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La candidata del PP a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la rueda de prensa ofrecida este miércoles en la Asamblea para valorar las exigencias de Vox. (Foto: Chema Barroso)

La sombra de septiembre planea sobre el Gobierno de la Comunidad

jueves 27 de junio de 2019, 07:40h

Se acerca la fecha límite y los nervios empiezan a aflorar en las formaciones políticas que ven cómo se aleja su primera oportunidad de formar Gobierno. Paradógicamente, la más tranquila parece ser la candidata natural a intentarlo (el PP es la fuerza mayoritaria del trío que tiene opciones de obtener una mayoría absoluta), Isabel Díaz Ayuso, que sigue confiada en poder presentarse con éxito en la primera convocatoria, que debe celebrarse antes del 11 de julio.

Es más, ella apremió a Ciudadanos y Vox a mojarse de una vez por todas y decidir si apoyarán o no su entrada en la Puerta del Sol. Y lo hizo, precisamente, justo cuando las posturas entre ambos posibles socios no podían estar más alejadas.

Si hace unas semanas el mayor escollo en las negociaciones del triunvirato de derechas era la petición de los de Rocío Monasterio de entrar en el Ejecutivo autonómico y, después, la ruptura unilateral de los contactos por considerar que el PP no había cumplido su palabra en el Ayuntamiento, el último órdago de Vox llegó este miércoles con la exigencia de unas medidas programáticas que los naranjas no pueden aceptar.

"Mis principios y los de mi partido están por encima de un Gobierno", sentenció Ignacio Aguado tras conocer las imposiciones de Vox, que, además de obligar a Cs a firmar un documento a tres, incluyen repatriar a los Menores Extranjeros No Acompañados (MENAs), modificar las leyes de Identidad de Género y contra la LGTBIfobia o eliminar las ayudas a los inmigrantes ilegales, así como las subvenciones de sindicatos y "chiringuitos" con carga ideológica -como las asociaciones feministas-, entre otras. "Yo voy a intentar llegar a acuerdos con partidos que quieran progresar y no retroceder a los años 50. Le corresponde al PP decidir si quiere una Comunidad de Madrid en blanco y negro o a color", sentenció un Aguado visiblemente nervioso y enfadado que, por primera vez, ofreció una comparecencia sin preguntas de la prensa.

(Foto: Chema Barroso)

Ayuso, en cambio, apenas pegó un par de tragos de su botella de agua. Ella parecía impasible ante una situación que se antoja complicada, al menos, para poder resolverla en los próximos cuatro días hábiles, como marca el Reglamento de la Asamblea. El 2 de julio, el presidente de la Cámara, Juan Trinidad, deberá proponer a un candidato o convocar una investidura fallida con el fin de que empiece a correr el plazo de dos meses necesario para intentarlo una segunda vez -el 11 de septiembre como máximo- o volver a una repetición de elecciones. El PP espera no tener que llegar a eso y, oficialmente, restan importancia a las posturas de máximos de Ciudadanos y Vox. "En las negociaciones siempre hay días buenos y días malos", ejemplificó la propia Ayuso.

En su equipo también hay voces que consideran que se trata de una escenificación de ambos partidos para lograr sacar el máximo rendimiento en la subasta de medidas programáticas y cargos ejecutivos. "Ya ocurrió en Andalucía", recuerdan algunos diputados populares. Otros de los presentes en las mesas de negociación no disimulaban su preocupación. "Vamos a tener que pactar porque ninguno queremos un Gobierno de izquierdas. No entendemos por qué tantos vetos", aseguraban en conversaciones informales con Madridiario. Las caras de unos y otros tampoco dejaban lugar a dudas ni siquiera en los pasillos del Parlamento, donde se cruzaban diputados de uno u otro signo y, bien debatían, bien se ignoraban, como ocurrió en la cafetería a la hora de comer: Vox -sin Monasterio- en una esquina del ring; Íñigo Errejón y sus diputados de Más Madrid, en la otra. Y salpicados en medio algunos miembros de PP o de Ciudadanos. Toda una metáfora viva de la situación actual: juntos, pero no revueltos.

Los diputados y miembros del equipo negociador de PP y Ciudadanos, Alfonso Serrano y César Zafra -respectivamente-, conversan, este miércoles, en el patio de la Asamblea de Madrid. (Foto: Chema Barroso)

A quien no parece importar dejar caer el futuro Gobierno que parecía hecho desde el 26 de mayo es a la líder de Vox en la Comunidad de Madrid, que ya anunció hace días su intención de mantener en vilo al PP, al menos, hasta septiembre. Ella, fuerza minoritaria pero decisiva, juega con los tiempos y marca la agenda de sus futuros socios. Y lo sabe.

Septiembre es la fecha que manejan también en las tres formaciones de la izquierda del arco parlamentario, que consideran -en privado- que el acuerdo entre las tres derechas está ya hilado y que toda esta "escenificación" se debe a un intento por disimular lo que resulta un pacto incómodo tanto para Ciudadanos y Vox como para el propio PP. Aun así, mientras no se haga oficial la composición del futuro Gobierno y se haya votado en el pleno de la Asamblea -que debe ratificar al presidente o presidenta por mayoría absoluta, en primera votación, y con más síes que noes, en una segunda-, PSOE, Más Madrid y Podemos seguirán intentando agotar todas posibilidades para hacerse con la Real Casa de Correos.

De hecho, los equipos de Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón se reúnen este jueves para seguir ahondando en un programa de Gobierno. También los de Isa Serra siguen manteniendo contactos continúos con el PSOE, según ha podido saber este diario, para extender su entendimiento en torno a medidas concretas. Porque si algo une a PSOE, Más Madrid y Podemos es su intención de echar al "PP de la Gürtel" de la Comunidad tras 25 años al frente de la misma y, sobre todo, evitar que Vox se haga con parte de las riendas de la misma.

Íñigo Errejón (Más Madrid), en la rueda de prensa en la que ofreció a Ciudadanos un pacto con el PSOE para un

No tienen apenas ninguna oportunidad de lograrlo. Mientras las tres derechas se opongan a la investidura de Gabilondo, éste nunca logrará la mayoría simple (más síes que noes) que le aúpe a la Puerta del Sol. Para ello necesitaría un "tamayazo democrático" -vocablo con el que ironizó Errejón- de al menos cuatro diputados que, teniendo en cuenta la división interna en el seno de Ciudadanos, podrían proceder de los naranjas. Antes de llegar a ese extremo, las izquierdas buscan la única otra fórmula para alcanzar el poder: levantar el veto de Aguado a Gabilondo y que PSOE, Más Madrid y Ciudadanos puedan conformar un programa "mínimo" para establecer un "Gobierno de regeneración". Ese fue el guante lanzado ayer por Errejón a Ciudadanos que, hasta la fecha, no ha obtenido respuesta. Todo puede ocurrir en estos últimos días de una semana decisiva para el futuro de la región.

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