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    19 de febrero de 2019

toros

Ganarse los contratos en el ruedo. Algo, por desgracia, no siempre habitual al programar los carteles. Pero que sí ha tenido en cuenta la empresa de Las Ventas para abrir la campaña de este año. Tanto en las dos corridas inaugurales de los domingos de Ramos -Robleño, Chacón y Pepe Moral, frente a 'victorinos'- y Resurreción -David Galván, Juan Ortega y Pablo Aguado, ante bicornes de El Torero-, como en las novilladas que las precederán el 24 y 31 de marzo y el 7 de abril.

"¡Torero, torero!" El grito ansiado por cualquier coletudo en el altar venteño rugió desde los tendidos en honor de Diego Urdiales y su apoteosis del toreo de verdad de verdad de la buena. Tres indiscutibles orejas, tres cortó el riojano en un actuación maciza que siempre se recordará, sobre todo su faenón al segundo de sus bureles. También destacó un heroico Octavio Chacón con una oreja de mucho peso y un interesantísimo y variado encierro de Fuente Ymbro con un soberbio tercero que se le fue a un ventajista y vulgar David Mora.

Un festejo con altibajos en el comportamiento de los bicornes de Fuente Ymbro, con tres y tres. O sea la mitad con opciones de triunfo, en diversa gradación, para los coletudos, pero que, salvo la excepción de Francisco de Manuel, con el exigente tercero. Mientras que los otros dos correspondieron en suerte –más bien en desgracia- a Pablo Mora, que se fue de vacío. Menos opciones tuvo un gris Juanito con su lote que tampoco se comían a nadie.

Los hados del destino son así de juguetones. El máximo protagonista del primer festejo otoñal era Talavante, responsable del entradón bordeando el ‘no hay billetes’, con su gesto de anunciarse en dos ocasiones, sí. Más, sin embargo lo noticioso se lo llevaron con la cruz Fortes, herido por el quinto bis tras una espeluznante cogida, y el toricantano Pablo Aguado, que al margen de si hizo méritos suficiente para la oreja que cortó, dejó el doblete de su sello artista y valeroso. En un mal encierro de las dos divisas de Victoriano del Río, el teórico protagonista cumplió.

TAL DÍA COMO HOY

El 30 de septiembre de 1985, Antonio Chenel ‘Antoñete’ ofrecía al público madrileño la que se creía que sería su última corrida de toros. Dos años después, tuvo que volver a los ruedos para mantener a sus hijos y nietos.

El centro de Madrid vivió la tarde del sábado una manifestación contra las becerradas y por la derogación de la Ley de Tauromaquia, que eleva a la categoría de 'patrimonio cultural común de los españoles' estos actos. Los organizadores consideran que la marcha es ya el encuentro de animalistas más multitudinario celebrado en Europa.

El penúltimo encierro de 'Sanse' deja un balance de 12 contusionados en la carrera y dos espectadores atendidos por golpe de calor. Todos ellos han sido dados de alta en el lugar.

El Ayuntamiento de Chinchón estudiará la posibilidad de realizar de nuevo unos encierros aptos para menores con reses mansas tras haber suspendido el que estaba previsto para el pasado miércoles a instancias de una denuncia interpuesta por la formación animalista Pacma.

TAL DÍA COMO HOY

Una chulapa Concha Velasco hace alusión a la plaza de toros de Carabanchel en La verbena de la paloma. En la inolvidable habanera interpretada por los protagonistas, que ya forma parte del cancionero popular castizo, la plaza de Vistalegre toma la relevancia de antaño. Reconvertida en una construcción cubierta y polivalente, los que cargan más años aún recuerdan a un joven Palomo Linares despuntando en el coso madrileño.

SAN ISIDRO

El esperado final del ciclo isidril en la Corrida de la Prensa con los toros de Victorino Martín, que lucieron divisa negra al pisar Las Ventas por primera vez tras la muerte de su mítico creador, no fue en paralelo con la expectación. Ni Don Felipe de Borbón, que por fin acudió a una corrida, se quiso perder un festejo que resultó cárdeno –léase gris- por el poco juego de los bureles a los que sólo un entregadísimo Paco Ureña sacó partido, quedando en voluntariosas las labores de Escribano y De Justo.

Ese público festivalero que asiste a las corridas de rejoneo, incluido el de Las Ventas, en connivencia con un presidente dadivoso toda la Feria, Gonzalo de Villa, lograron ayer que en la Monumental se hiciera historia con el rabo que cortó -además de las dos orejas, claro- Diego Ventura a su segundo enemigo. Un trofeo que hacía 46 años que no se daba en el coso. El rejoneador -que alcanza ya 16 Puertas Grandes de Madrid- completó una gran tarde con un total de cinco orejas y rabo y salió a hombros junto a Andy Cartagena, que obtuvo dos y suma su 10ª salida a hombros. Se lidiaron toros reglamentariamente despuntados de Los Espartales.

De vez en cuando la vida te besa en la boca, como dice una de las grandes canciones de Serrat. Que trasladado a la tauromaquia significa que muy de cuando en cuando sale por chiqueros un gran toro y le hace frente un no menos gran torero. Como ocurrió este viernes con ‘Chaparrito’, de Adolfo Martín, con el que festoneó una extraordinaria faena Pepe Moral, que cortó una oreja de muchos quilates. La cruz fue para El Cid, herido por su primero. Entre ambos, se doctoró con dignidad Ángel Sánchez.

FERIA DE SAN ISIDRO

El cada día más inusual primer tercio, que no en balde, o sí, se llama tercio de varas, fue el gran protagonista de la tarde merced a las dos divisas ‘sanatcolomeñas’ que lidiaron sus bureles: Rehuelga y Pallarés. Gracias a ellos, con ciertos altibajos -como en su catadura codiciosa-, se pudo disfrutar de la belleza de esta suerte en desuso con dos varilargueros destacados, en este orden: Agustín Romero y Héctor Vicente. Javier Cortés, herido de pronóstico reservado por su segundo, fue el más entonado con algunos dibujos sueltos de Iván Vicente y un vulgar Javier Jiménez.

SAN ISIDRO

En la semana de las divisas duras, que este miércoles tienen un paréntesis con la corrida de Beneficencia, José Escolar salvó los muebles, por ahora, tras los sucesivos petardos de Miura y Saltillo. No es que sus bicornes fueran paladines de la bravura y la casta, pero ofrecieron un juego interesante que no supieron aprovechar de forma total los componentes de la terna. Aunque, al menos, Robleño y Bolívar brillaron ante uno de los de su lote, mientras Rafaelillo mostró el mal momento que atraviesa.

SAN ISIDRO

La cara y la cruz de la Fiesta. En toros, con una descastadísima y muy peligrosa corrida de Saltillo, más propia de la tauromaquia de hace un siglo, en la que sin embargo lució el primero, premiado de modo excesivo con vuelta al ruedo. En coletudos, con un Octavio Chacón lidiador -y director de lidia capaz- en grado máximo toda la tarde y con Esaú Fernández y Sebastián Ritter con lotes imposibles que le cercenaron cualquier oportunidad de lucimiento. Cara y cruz de la Fiesta.

SAN ISIDRO

La tómbola de trofeos en una cátedra venteña a la deriva en cuanto a exigencia está cada día más fácil. Pero la más facilonga y bochornosa ha sido para Cayetano, sin que el coletudo, guapuras al margen –o no- tuviera culpa, pues no sólo hizo lo que sabe, sino que anduvo entregadísimo toda la tarde, mucho más que las dos figuras que le acompañaban y que, con él, se trajeron una aún más bochornosa y verbenera corrida de Victoriano del Río, más bien una novilladita, con excepciones.

La teórica oportunidad de tres coletudos modestos, en cuanto a actuaciones, que aspiraban a un triunfo en Madrid para lanzar sus carreras no fue tal. Ni Rubén Pinar ni José Antonio Venegas ni Gómez del Pilar tuvieron la más mínima opción frente a un encierro de Dolores Aguirre manso, descastado y peligroso, y bastante hicieron con salir indemnes.

¡Madre mía! Cuatro orejas, cuatro, en una misma tarde en Las Ventas. Dos salidas a hombros en una misma tarde. ¡Madre mía! ¿Fue la desconcatenación del toreo? ¿Fue una corrida de las que se graban en la memoria 'per omnia saecula saeculorum? ¡Quia! No cabe duda que Talavante y López Simón estuvieron bien ante el blandito y comodito encierro de ‘cuvillos’ con un remiendo del Conde de Mayalde, pero no para tanto premio a lo grande. Mejor, estadísticas aparte, a lo chico.

SAN ISIDRO

A tal señor, tal honor. En una de sus mejores tardes en esa plaza que tanto le exige, con razón, El Juli bordó el toreo moderno con ‘Licenciado’, un gran toro de Alcurrucén, que no merecía el feo espadazo de muerte, a la vez responsable de que el coletudo sólo echara una oreja en su esportón. Dicho lo cual, hay que criticar duramente que el resto del mano a mano fuera un fiasco por la pésima presencia y escaso juego de los flojísimos bureles, salvo el sexto, elegidos para el mismo. Una vergüenza y una tomadura de pelo, que no permitió más lucimiento al propio Julián ni a un Ginés Marín que anduvo espesote.