Todo llega. Por fin Diego Urdiales destapó el tarro de las esencias. Nos embriagó con un perfume del mejor toreo, no conformándose, como tantas otras tardes, con echarnos colonia sin llegar al culmen. Sobre todo, con varios ramilletes de verónicas mecidas y artísticas en las que toro y torero se licuaban en un abrazo eterno estremeciendo las fibras sensibles de los espectadores. El riojano cortó sendas orejas, una a cada burel, y después de casi una década, volvió a abrir la Puerta Grande. Bien es verdad que frente un encierro de animales justitos de presencia, de fuerza, de casta, de… y colaborades al máximo. ¡Por supuesto, de Juan Pedro Domecq!, tan del gusto de las figuras, una de las cuales, la que más expectación despierta en el gran público, Roca Rey, la eligió para su primer compromiso en el abono. El peruano también cortó una oreja de escaso fuste en lo artístico mientras que el mexicano Bruno Aloi, que confirmaba, pasó desapercibido.
Urdiales no solo apostó por la calidad de sus verónicas de aleteo de mariposas, también por la cantidad. ‘Se ‘jartó’ a cascabelearlas. Siete excelsas al recibir a su primer enemigo, cinco en el quite, todas perfectas. Cifras, y nivel mágico que repitió en el otro con un quite que va a ser difícil de superar en la Feria y ya veremos en cuanto tiempo. La labor muleteril al primero del de Arnedo la comenzó con dos tandas de buenos redondos de mucha expresión, pasando después a los naturales, varios de frente, eso sí, algunos con cierto despegue.
Al conjunto le faltó rotundidad y ese punto de emoción que da el toro de casta y no el mimosín. Urdiales, un excelente estoqueador, despenó al bicho de un buen espadazo. Pero la explosión vino en el otro -muy poco castigado en varas, como todos- cuando sin abandonar el toreo fundamental, el riojano, pleno de inspiración, comenzó con unos magníficos ayudados a dos manos, rodilla en tierra.
Ya más ajustado que en el anterior, siguió con desmayadas series por ambos pitones, un cambio de mano de profundidad oceánica y diversos remates que le venían a la mente. Con el estoconazo en su sitio y hasta las péndolas -que puede ser también el del abono- dejó la rúbrica de su lección de toreo que le valió para cortar otra oreja con petición de la segunda.
A pesar de ser una figura y tener la temporada plena de contratos, Roca Rey, vulgar hasta la saciedad y muy ventajista con su primero, se motivó con el éxito de Urdiales recibiendo al quinto con unos delantales del montón y un quite por discretas verónicas a años luz de las del director de lidia. Sabiendo que en cuanto a arte y clasicismo tenía la batalla perdida, el peruano, con inteligencia, se dedicó, a dar muchos pases, la mayoría sin cargar la suerte, aunque con cierta ligazón.
Tras el toreo aéreo de un par de faroles volvió a los redondos, con una última serie de redondos con cierta enjundia. Tras un pinchazo, dejó una estocada desprendida de efecto rápido que fomentó la lluvia de pañuelos y el usía, aplicando la letra del reglamento, sacó el suyo dando una oreja al peruano porque la petición era mayoritaria. Pero no el espíritu, porque valorar igual un faenón de arte puro y un estoconazo de Urdiales con una labor discreta y dos viajes con la tizona...
Aunque el mejor galardón para el riojano es suponer, y seguro que acertar, que sus verónicas y sus faenas, mayormente la segunda, se nos han quedado en la memoria y la de Roca está olvidada. Es verdad que Aloi pechó con el toro más descastado del encierro, el sexto, pero se le vio muy premioso y sin excesiva entrega en el de la ceremonia, por lo que el mexicano no dijo nada en toda la tarde.
FICHA
Toros de JUAN PEDRO DOMECQ, muy justos de trapío, que se dejaron pegar en los caballos sin apretar, nobles, blandos y sosos; 6º descastado. DIEGO URDIALES: oreja; oreja tras aviso. Salió a hombros. ROCA REY; silencio tras aviso; oreja tras aviso. BRUNO ALOI: silencio tras aviso silencio. Plaza de Las Ventas, 28 de mayo 18ª de Feria. Corrida de a Prensa, a la que asistió el rey Felipe VI en una barrera y al que los tres espadale brindaron su primer toro. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).