Montar una empresa nunca ha sido tan sencillo desde el punto de vista administrativo. Pero lograr que sobreviva sigue siendo uno de los mayores desafíos para cualquier emprendedor.
España cerró 2025 con un crecimiento del siete por ciento en la creación de nuevas empresas y la Comunidad de Madrid se mantiene como el principal polo de emprendimiento del país. Solo el pasado año, las compañías tecnológicas de menos de 15 años facturaron 6.300 millones de euros y generaron más de 36.000 empleos, consolidando a la región como líder nacional en inversión y número de operaciones en startups.
Sin embargo, detrás de estas cifras hay una realidad menos visible: una buena idea ya no basta para levantar un negocio. La planificación, la financiación, la digitalización y el acompañamiento especializado se han convertido en factores tan determinantes como el propio proyecto empresarial.
Esa fue una de las principales conclusiones de la mesa de debate celebrada con motivo de un encuentro sobre emprendimiento en la que participaron la fundadora de Yam Yam Cacao,Tabatha Spitarelli; la cofundadora de Las Diez de Musas, Sara Musallan; la coordinadora de Emprendimiento de la Cámara de Comercio de Madrid, Elena Pérez; y la especialista en Franquicias y Convenios de BBVA, Cari García.
De buscar trabajo a crear una empresa
La historia de Tabatha Spitarelli resume el recorrido de muchos emprendedores. Llegó desde Venezuela con la intención de trabajar en alguna chocolatería española, pero las oportunidades nunca llegaron. Lejos de abandonar su profesión, decidió crear la suya propia.
Los primeros chocolates salieron de la cocina de su casa. Experimentaba con diferentes cacaos, buscaba proveedores y regalaba sus elaboraciones a compañeros de trabajo mientras intentaba abrirse camino en un sector completamente nuevo para ella.
"Una buena idea necesita financiación, asesoramiento y capacidad de adaptación para convertirse en un negocio viable"
El punto de inflexión llegó cuando conoció a un maestro chocolatero que estaba a punto de jubilarse y poner fin a más de una década al frente de un pequeño obrador artesanal en Madrid. Aquella casualidad terminó convirtiéndose en una oportunidad de negocio. Pero el entusiasmo dio paso rápidamente a una de las primeras barreras con las que tropieza cualquier emprendedor: la financiación.
Lejos de verlo como un obstáculo insalvable, decidió elaborar un plan de negocio sólido y buscar asesoramiento. Con el respaldo de la Cámara de Comercio logró acceder a la financiación necesaria para asumir el traspaso, renovar el establecimiento y poner en marcha Yam Yam Cacao. Hoy reconoce que fabricar chocolate es solo una pequeña parte de su trabajo.
"Ser emprendedor implica aprender de administración, recursos humanos, ventas, marketing o gestión financiera. La formación nunca termina", resumió durante el encuentro.
Aprender más de los errores que de los aciertos
Cinco años después de iniciar su aventura empresarial, Sara Musallan comparte esa misma sensación. Tras desarrollar buena parte de su carrera profesional en el sector bancario, decidió dejar la estabilidad para crear un negocio junto a dos socias sin experiencia previa en el emprendimiento.
Comenzaron con una pequeña tienda de barrio en Cuatro Caminos. Después llegaron nuevos establecimientos, tiendas temporales, proyectos comerciales e incluso una incursión en el sector de la moda. No todas las decisiones fueron acertadas.
"La agilidad no consiste en correr, sino en anticiparse a los cambios del mercado"
Las propias emprendedoras reconocen que recibieron "muchas tortas" por el camino. Sin embargo, consideran que precisamente "esos errores han terminado siendo el mayor aprendizaje". Aquellos primeros negocios les han permitido identificar mejor al cliente, comprender cómo evolucionan los mercados y preparar con mayor solidez su nuevo proyecto empresarial, un estudio dedicado al bienestar y la salud que abrirá sus puertas este otoño.
"La agilidad no consiste en correr, sino en anticiparse. Antes reaccionábamos cuando aparecía un problema; ahora intentamos preverlo antes de que ocurra", explicó.
Emprender ya no significa hacerlo solo
Aunque ambas proceden de sectores completamente distintos, las dos coinciden en que uno de los mayores errores consiste en intentar sacar adelante un proyecto en solitario. El acompañamiento profesional apareció durante todo el debate como uno de los factores más determinantes para aumentar las posibilidades de éxito.
Desde la Cámara de Comercio de Madrid, Elena Pérez Mancuso recordó que muchos emprendedores siguen centrando sus esfuerzos en los trámites administrativos cuando, en realidad, el verdadero trabajo comienza mucho antes. Antes de decidir si una empresa debe constituirse como autónomo o sociedad limitada conviene analizar el mercado, estudiar la competencia, validar el modelo de negocio y comprobar si realmente existe demanda para el producto o servicio. Ese análisis previo explica, según indicó, buena parte de la supervivencia de los proyectos empresariales.
"El miedo a la financiación no debe frenar una buena idea de negocio"
La Cámara ofrece precisamente ese acompañamiento durante todas las etapas del negocio, desde el estudio inicial de viabilidad hasta programas de formación, ayudas a la contratación, digitalización, búsqueda de financiación o internacionalización. "No se trata únicamente de ayudar a crear empresas, sino de conseguir que crezcan y sean competitivas", defendió.
La tecnología deja de ser un complemento
Otro de los grandes cambios que ha experimentado el emprendimiento en los últimos años tiene que ver con la digitalización. Para una empresa como Yam Yam Cacao, la tienda online ha supuesto abrir una segunda línea de ingresos que funciona incluso cuando el establecimiento permanece cerrado.
Pero la tecnología va mucho más allá del comercio electrónico. Los sistemas de facturación, el control del stock, la trazabilidad de los productos, la gestión documental o la automatización de procesos se han convertido en herramientas imprescindibles para pequeñas empresas que hace apenas unos años gestionaban toda su actividad mediante hojas de cálculo o procesos manuales.
Según explicó Elena Pérez Mancuso, el 75 por ciento de las empresas madrileñas ya utiliza algún tipo de herramienta digital, aunque todavía existe margen de mejora en ámbitos como la automatización o la ciberseguridad. Y la inteligencia artificial ocupa también un lugar cada vez más relevante en esa transformación.
Desde BBVA, Cari García Sánchez destacó que muchas pequeñas empresas todavía no conocen el potencial de estas herramientas y defendió la necesidad de facilitar su incorporación mediante formación y soluciones adaptadas a cada negocio.
El papel de la financiación
Si hay un elemento que sigue marcando la diferencia entre una idea y una empresa es el acceso a la financiación. Sin recursos resulta prácticamente imposible afrontar inversiones iniciales, contratar personal o adquirir tecnología. Por ello, BBVA defiende un modelo de acompañamiento que comienza incluso antes de constituir la empresa y continúa durante todas las fases de crecimiento.
"Las empresas no solo necesitan nacer; necesitan consolidarse y crecer"
La entidad ha impulsado herramientas digitales que permiten reducir significativamente los tiempos de creación de una empresa, además de ofrecer financiación adaptada a cada sector y asesoramiento especializado para que cada proyecto encuentre la fórmula más adecuada en función de su actividad.
Porque, como recordó García Sánchez, las necesidades financieras de una chocolatería poco tienen que ver con las de una farmacia, un restaurante o un comercio minorista.
Cuatro claves para sobrevivir
Lejos de las recetas milagrosas, las participantes coincidieron en señalar cuatro ingredientes que consideran imprescindibles para cualquier emprendedor. El primero es la valentía, porque dar el paso hacia el autoempleo implica abandonar muchas veces la seguridad de un salario fijo. El segundo es la capacidad de adaptación, entendiendo que ningún negocio permanece igual durante mucho tiempo y que escuchar al cliente resulta fundamental para evolucionar. El tercero pasa por rodearse de profesionales que aporten conocimientos en áreas donde el emprendedor no llega. Y el cuarto consiste en no dejar nunca de aprender, especialmente en un contexto marcado por la digitalización y la inteligencia artificial.
La conclusión del encuentro fue clara: emprender sigue siendo un camino lleno de incertidumbre, pero nunca había existido una red de apoyo tan amplia para recorrerlo. El reto ya no consiste únicamente en tener una buena idea, sino en saber convertirla en un proyecto capaz de crecer, adaptarse y perdurar en el tiempo.