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    22 de mayo de 2022

Feria de San Isidro

FERIA DE SAN ISIDRO

Con ellos llegó el desastre y desapareció el toro. Pongamos que se habla/escribe, relativamente, de dos figuras como Manzanares y Roca Rey y de la divisa, tan del gusto de estos y otros mandamases del escalafón, de Victoriano del Rio. Ganadero y coletudos son de forma parigual responsables del petardazo. Eso sí, con la complicidad del equipo veterinario por aprobar semejante encierro de bochornosa presentación, una especie de burras con cuernos, porque, además estaban cercanos a la invalidez y no reunían entre los seis ni un mililitro de sangre brava.

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A Javier Cortés y a Jesús Enrique Colombo se les fue un toro. No, no es que sus respectivos bicornes corridos en primer lugar se marchasen por la calle de Alcalá, no. Es que, dentro de un encierro de Pedraza de Yeltes desigual tirando a deslucido, a ambos coletudos les correspondieron sendos bureles para triunfar a lo grande y los desaprovecharon con faenas que fueron decayendo hasta casi el sopor del público. No tuvo esa suerte López Chaves, que se aburrió con el peor lote.

Habían pasado treinta minutos desde que se rompiera el paseíllo y se estaba lidiando el primero de la tarde, eso condicionó, al menos en cuanto a duración, el desarrollo de la décima del abono isidril. En la que dos toreros de cotización modesta dejaron sus cartas pidiiendo nuevos paseíllos aquí y en itras plazas. Porque Ángel Téllez dejó constancia de su clase en el toreo con la izquierda, y el mexicano Joselito Adame do una gran lección de valor. No pudo brillar Pepe Moral. Todos ante un desigual encierro de Artaúz de Robles.

Peor, imposible. O casi. Dos coletudos con trayectorias y estilos distintos se enfrentaron, es un decir, en un mano a mano ficticio del que podía sospecharse. Y así fue. Poco se esperaba de la comercialísima divisa de Jandilla, tan del gusto de las figuras, elegida por los mentores de Talavante y Juan Ortega. Mas la cosa fue a peor, porque, además, los bicornes, escasos de fuerzas y ayunos de casta –salvo el tercero-, llegaban al último tercio muertos en vida. Y ni sus matadores compitieron en ningún momento en quites. Aunque un amplio sector del público jaleaba los pocos fueros y muchos desafueros de los espadas. Peor, imposible. O casi.

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El Juli se encargó de que no acertara el tópico de corrida de expectación, corrida de decepción. Con el primer cartel de ‘no hay billetes’ y la reventa con su negocio a tope, sólo el madrileño dio la talla con dos faenas diferentes, clasicismo en una, técnica y poder en otra, que casi le sirven para abrir la Puerta Grande, lo que no logró por su fallo con la tizona. Porque ni un Morante que se limitó a detalles ni un Pablo Aguado frío y apático cumplieron ni alcanzaron lo que de ambos sevillanos se esperaba. Todos ante una interesante y noble –excepto el segundo de El Juli -corrida de La Quinta.

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A la tercera fue la vencida. Sí, porque tras dos días de fuertes cornadas, las sufridas respectivamente por Álvaro Lorenzo y Arturo Gilio en los dos festejos anteriores, la mejor noticia en el del martes -en este aspecto, solo en este aspecto- fue que los integrantes de la terna se marcharon del coso por su propio pie. Pero debieron irse en volandas por la Puerta Grande, merced a una excelente, encastada y noble corrida de El Pilar a la que se le caían las orejas… de haberlos toreado como se merecían. Más no fue así y Javier Cortés, que al menos cortó un trofeo de 'Bastartdero', un toro de premio que ofrecía dos; Francisco José Espada, y Tomás Campos desaprovecharon en este orden de deméritos una excelente corrida de El Pilar a la que se le caían las orejas… de haberlos toreado como se merecían.

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Mal fario lleva el abono isidril: segundo festejo y segundo percance. El de Arturo Gilio, herido grave en la pierna izquierda cuando muleteaba al quinto ejemplar de Los Maños, encastado y exigente como sus hermanos, desaprovechados por la terna de debutantes en Madrid. Gilio fue el menos malo de los coletudos, porque sus compañeros, Carlos Domínguez y García Pulido, todavía anduvieron más por debajo de sus oponentes dejando ir una buena oportunidad de triunfo. La divisa propiedad de José Luis Marcuello aumenta su ya buen cartel en Las Ventas.

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Han llegado los peores momentos en cuanto a percances en la Feria: al gravísimo del domingo de Román lo sucedió sólo un día después otro, de pronóstico grave, para el colombiano Sebastián Ritter, herido en la pierna derecha. La cara del festejo fue para Eugenio de Mora que con un toreo reposado y ligado cortó una oreja del burel que le habría correspondido a Ritter. Así son los juguetones hados del destino. Todo en una corrida de seria presencia y descastada en general de El Ventorrillo.

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Es raro que una ganadería tan larga como la de Alcurrucén pegue dos petardos seguidos. Pero ya lo ha conseguido y a sus propietarios, los Lozano, hay que darles la 'enhoramala'. Porque si hace exactamente una semana el juego de los bureles fue penoso, este viernes fue peor: una auténtica moruchada general con una excepción, la del primero. Ante ellos se estrelló la terna de forma desigual. Porque únicamente el buen concepto clásico de Diego Urdiales pudo dejar algunos detalles, volutas de su estilo, ante su segundo. Ferrera, sin estar mal, no sacó todo lo que le ofrecía el que abrió festejo y Ginés Marín no tuvo opciones.

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Las dos faenas más creativas, inspiradas y artísticas, incluso desempolvando antiguas suertes en desuso las festoneó un inmenso Antonio Ferrera, que seguro ni él habría soñado y las saboreamos los afortunados espectadores del festejo de este sábado..Puro talento improvisado que conmocionó Madrid y le dispara a la cumbre con esas tres justas orejas que cortó para salir en volandas por la Puerta Grande. Su protagonismo tapó los intentos de Curro Díaz y Luis David, quienes también apuntaron cosas sueltas en un encierro de Zalduendo de poco juego excepto los dos de Ferrera, que era su día. En el espectáculo de rejoneo del domingo, con lleno, Leonardo Hernández cortó dos orejas y salió a hombros, una fue para Diego Ventura y fue apaludido el confirmante Juan Manuel Munera, ante toros de Cortés de Moura.

TAL DÍA COMO HOY

La corrida de Curro Romero en mayo de 1967 en Las Ventas peligró por el hecho de encontrarse encarcelado el torero tras negarse el día anterior a matar a un toro en La Maestranza.

Más Madrid ha presentado sus propuestas en el área de protección animal. Entre otras medidas, Manuela Carmena e Íñigo Errejón han prometido una nueva ley de cazar, acabar con los circos con animales, ampliar a la Comunidad la esterilización de las colonias felinas, incluir en los comedores públicos menús vegetarianos, retirar las subvenciones públicas a la Feria de San Isidro o crear una Concejalía específica del ramo en el Ayuntamiento de la capital.

San Isidro ya está aquí con su larguísimo serial de 34 festejos -incluyendo Beneficencia, Prensa y Cultura-, entre este martes 14 y el domingo 16 de junio, para sufrir el anual examen anual a la Fiesta en la plaza más exigente, la cátedra y catedral venteña. Y lo hace con la expectación habitual por las figuras, con Roca Rey a la cabeza y la repetición de Diego Urdiales, ausente en la edición de 2018 pero que se vengó bordando el toreo en el ciclo de Otoño.

Ese público festivalero que asiste a las corridas de rejoneo, incluido el de Las Ventas, en connivencia con un presidente dadivoso toda la Feria, Gonzalo de Villa, lograron ayer que en la Monumental se hiciera historia con el rabo que cortó -además de las dos orejas, claro- Diego Ventura a su segundo enemigo. Un trofeo que hacía 46 años que no se daba en el coso. El rejoneador -que alcanza ya 16 Puertas Grandes de Madrid- completó una gran tarde con un total de cinco orejas y rabo y salió a hombros junto a Andy Cartagena, que obtuvo dos y suma su 10ª salida a hombros. Se lidiaron toros reglamentariamente despuntados de Los Espartales.

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El cada día más inusual primer tercio, que no en balde, o sí, se llama tercio de varas, fue el gran protagonista de la tarde merced a las dos divisas ‘sanatcolomeñas’ que lidiaron sus bureles: Rehuelga y Pallarés. Gracias a ellos, con ciertos altibajos -como en su catadura codiciosa-, se pudo disfrutar de la belleza de esta suerte en desuso con dos varilargueros destacados, en este orden: Agustín Romero y Héctor Vicente. Javier Cortés, herido de pronóstico reservado por su segundo, fue el más entonado con algunos dibujos sueltos de Iván Vicente y un vulgar Javier Jiménez.