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La exposición ‘Yo fui a EGB’ invita a revivir la infancia en Veranos de la Villa
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La exposición ‘Yo fui a EGB’ invita a revivir la infancia en Veranos de la Villa (Foto: Eduardo Diéguez)

'Yo fui a la EGB', nostalgia en el Conde Duque

Un viaje a la EGB

miércoles 08 de julio de 2026, 13:22h
Actualizado: 08/07/2026 13:40h

En el año 2011 apareció en Facebook una página titulada Yo fui a la EGB, como escaparate para la nostalgia de quienes fueron niños en los setenta y los ochenta del pasado siglo. Esa iniciativa se ha convertido en un fenómeno imparable que cristaliza en iniciativas como los libros, la gira musical o la gran exposición que, programada por Veranos de la Villa, puede visitarse gratuitamente hasta el 30 de agosto en el centro Conde Duque.

La Enseñanza General Básica (EGB) fue un sistema educativo primario que sucumbió para dar paso a la LOGSE. Prácticamente todos los gobiernos en democracia se han creído obligados a modificar el sistema educativo nacional, empeorándolo -desde mi punto de vista- con cada cambio. Cuando yo era niño existían las enseñanzas primaria, secundaria y superior. Tres escalones, el primero obligatorio y era al que acudíamos los hijos de obreros. De allí salíamos habiendo aprendido los ríos y cordilleras de España, las capitales del mundo, las reglas aritméticas y del lenguaje, el milagro de la separación de las aguas del Mar Rojo y hasta los nombres de los ministros que, como Franco los cambiaba poco, valían para todo un ciclo formativo.

Los niños que fueron a la EGB no tenían teléfonos, ordenadores, internet, redes sociales, plataformas audiovisuales… Como mucho podían ver, y no todos, las dos cadenas de TVE. Los programas y personajes que salían en ellas se convertían en fenómenos de masas. En esta exposición se muestran algunos de los iconos de esas décadas, desde Espinete hasta la Bruja Averías. Y las bicicletas que cabalgaban los niños de Verano Azul. Por cierto, uno de ellos, Juanjo Artero, supera ya los sesenta años…

Los promotores de este fenómeno social, Jorge Díaz y Javier Ikaz, han ido recopilando, por compras o donaciones, cientos de objetos de todo tipo, desde revistas a chucherías, discos de vinilo o discman… Ellos afirman: “Hemos querido mostrar una visión de aquellos años, escenas de costumbrismo de los setenta a los noventa pretecnológicos pero desde el punto de vista de los niños. No hay una mirada adulta, política o social. Está planteado como vería un niño su casa, su escuela o su barrio”.

Casi todos los visitantes reconocerán todas las piezas. Y hasta verán reproducido el salón de millones de viviendas de la clase media: televisor con flamenca encima, sofá de skay y el tapiz de ciervos. A los más jóvenes les sonarán estos ambientes por la serie Cuéntame como pasó que recorrió todas esas décadas, y más.


Otro ambiente reproducido es el de las aulas de la enseñanza pública. Ya no tenían aquellos pupitres de madera, con tapa y agujero para incrustar el tintero. Pasar de escribir con lápiz a utilizar la plumilla era todo un avance. Que el maestro te encargara rellenar los tinteros era un honor. Aquellos fueron sustituidos por las mesas de formica, más ligeras e impersonales. En los viejos pupitres nos sentábamos, codo con codo, dos alumnos. En la EGB ya eran individuales.

No faltan las escenas y personajes musicales y cinematográficos. Por allí amenaza un gremlin o aparece una banda de grupos musicales que revolucionaron los gustos de todo el mundo. Están los chándales (tener uno ya era un lujo), las minifaldas, las cintas para el pelo o los calentadores. Y el kiosco con un amplio despliegue de tebeos, revistas musicales y periódicos. Un micromundo, el de los kioscos, que fascinaba a los más pequeños.

Los padres que lleven a sus hijos pequeños tendrán que hacer un gran ejercicio pedagógico para hacerles entender que el suyo fue un mundo sin tecnología, pero multicolor, humano y en constante cambio.

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