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Caballo en la plaza del Carmen
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Caballo en la plaza del Carmen (Foto: Antonio Castro)

El caballo ingrávido de la Plaza del Carmen

jueves 09 de julio de 2026, 18:37h
Actualizado: 09/07/2026 18:44h

Se ha instalado ya la escultura del artista mexicano Gonzalo Lebrija en la pequeña rotonda de la remodelada plaza del Carmen. Llega un año después de que se anunciara su donación porque el Ayuntamiento ha tenido que hacer un informe de movilidad para ver si afectaba al movimiento de taxis y cómo se colocaban los bolardos de protección.

Una vez colocada la escultura se está rematando el pedestal, que será de hormigón ocultando el armazón metálico que soporta el peso. Es un singular caballo de bronce, con casi dos metros de altura, colocado sobre un pedestal que mide otros cuatro. La instalación corre a cargo del nuevo hotel Thompson, que ocupa el solar de los antiguos cines Acteón (y antes de Almacenes Arias). La escultura se cede durante quince años a la ciudad de Madrid.

La singularidad de este nuevo monumento (a la plaza también se trajo el homenaje al cuerpo de bomberos) es que el caballo solo se apoya con un pata, por lo que parece estar suspendido en el aire. El caballo está hueco y ha sido fundido en el País Vasco. El autor ha bautizado su obra con el nombre de 'El rumor de la discordia'. Ya veremos cómo comienzan a llamarla los madrileños…

Recordamos que en este momento permanece otra gran escultura cedida temporalmente a Madrid. Se trata de 'Julia', la cabeza de Jaume Plensa instalada en la plaza de Colón el año 2018 y que renueva su estancia cada año. Los madrileños ya la han adoptado como propia, aunque pertenece a la Fundación Massaveu Peterson.

El caballo de Galileo

En Madrid tenemos otro caballo rampante en uno de los monumentos más hermosos y fotografiados. Piero Tacca recibió el encargo de Felipe IV de erigirle un monumento que superara al de su padre, que se ve actualmente en la Plaza Mayor. Se inspiró en un cuadro de Velázquez en el que el monarca aparece a caballo, erguido este por los cuartos traseros. Esa complicada posición requirió un asesoramiento muy especial para poder materializarse. Se tiene por cierto que fue Galileo Galilei quien le dio la idea de hacer la grupa macizada, para que su peso aguantara el de la parte delantera, que sería hueca. Traído el caballo desde Italia, se instaló primero en el patio del Palacio del Buen Retiro. Más tarde llegaría a situarse en la cornisa del primitivo Alcázar. Finalmente, Isabel II decidió erigir un gran monumento en la plaza de Oriente, coronado por el caballo de Tacca/Galileo.

Monumentos ecuestres

La grandeza de los personajes puede medirse por el tipo de sus monumentos. Los que se representan a caballo han sido siempre figuras poderosas, cuando no legendarias. Son muy populares en Italia los ‘condotieros’, sus monumentos a caballo que, a veces, incluyen hasta una paloma sobre el caballero.

En Madrid podemos admirar unos cuantos monumentos ecuestres, auténticas obras de arte y elementos ya indisolubles del paisaje urbano. Ya hemos citado el de la Plaza Mayor, representando a Felipe III y esculpido también por Tacca.

El más espectacular es el de Alfonso XII que corona un conjunto monumental extraordinario, seguramente el más espectacular de la capital. La estatua ecuestre es obra de Mariano Benlliure.

Sin salir del parque del Retiro nos encontramos con otro conjunto destacado: el dedicado al general Martínez Campos, obra igualmente de Benlliure, con el general a caballo que necesitó 21 toneladas de bronce fundido.

Sin la grandeza de los héroes y generales, en el mismo parque aparece un jinete andaluz en el monumento a los hermanos Álvarez Quintero.

Ante una de las puertas de acceso al parque se encuentra el caballo de Espartero. Se inauguró en 1886, obra de Pablo Gilbert e, inmediatamente, se hizo famoso por el tamaño de los testículos del animal. La expresión ‘los tiene como el caballo de Espartero’ sigue en el argot popular. Triste fama para un buen monumento.

Un año antes Andrés Aleu había esculpido la estatua ecuestre de Gutiérrez de la Concha, el Marqués del Duero, que se levanta en la glorieta de Gregorio Marañón, en el paseo de la Castellana.

Una reina a caballo

En esta colección de monumentos ecuestres uno llama la atención por su rareza: el dedicado a Isabel la Católica. La soberana es el centro de un conjunto de tres figuras que se levanta entre el paseo de la Castellana y el museo de Ciencias Naturales. En 1958 se desplazó del centro del paseo, donde se inauguró en 1883, hasta el talud actual, colocándose sobre un estanque que diseñó Manuel Herrero Palacios.

Isabel la Católica monta a lo amazona y porta en la mano derecha una cruz. Con la izquierda sujeta las riendas. A ambos lados de la cabalgadura se ven las figuras del Gran Capitán y del Cardenal Mendoza. Gonzalo de Córdoba va con armadura y descubierto y en la mano izquierda lleva desenvainada la espada. El cardenal viste ropa talar y lleva un libro en la mano derecha. El conjunto escultórico fue obra de Manuel Oms y bautizada como 'La apoteosis de Isabel la Católica marchando a la realización de nuestra unidad nacional'.

Caballos del siglo XX

En el siglo XX, Agustín Querol realizó el extraordinario conjunto de la Gloria y pegasos para coronar el entonces nuevo ministerio de Fomento, hoy de Agricultura. Los que se ven actualmente son reproducciones de Juan de Ávalos. Pero uno de los originales pegasos -el mitológico caballo alado- se instaló en la glorieta de Legazpi. El otro permanece en un almacén municipal, fuera de la vista de los madrileños.

En 1929 aparecieron dos literarias figuras ecuestres: don Quijote y Sancho Panza. Forman parte del monumento a Cervantes de la plaza de España que, en los primeros meses de existencia, fue calificado como el más feo de la ciudad. Mientras que todos sabemos que Rocinante es el nombre de la cabalgadura del caballero, desconocemos si el humilde burro de Sancho, llegó a tener nombre porque su dueño no lo citó.

En otro de los grandes parques madrileños, el del Oeste, aparece desde 1968 la estatua ecuestre de Simón Bolívar, obra de Emilio Laiz Campos.

Finalizando esta relación -seguramente nos faltará alguno- tenemos que citar el más reciente y céntrico: el monumento a Carlos III en la Puerta del Sol. El entonces alcalde Álvarez del Manzano convocó una consulta pública para decidir dónde se ubicaba este monumento. No ocultó su preferencia por Sol, y ese fue el lugar más votado.

La obra es reproducción de la que existe en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, realizada en 1790 por Manuel Francisco Álvarez de la Peña. La moderna copia se colocó en Sol el año 1994. Siguiendo la tradición de madrileña de mover fuentes y estatuas, ya ha sido desplazada unos metros de su primitiva colocación.

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