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Interior del teatro Nuevo Apolo
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Interior del teatro Nuevo Apolo (Foto: Antonio Castro)

Don José Tamayo (1920-2020) y IV

miércoles 24 de junio de 2020, 09:50h

Es evidente que en una corta serie de artículos sobre don José Tamayo, no se puede abarcar su enorme carrera como director y empresario. Nos hemos limitado a ofrecer una serie de apuntes sobre ella, ante un aniversario que nadie parece tener interés en celebrar.

No quiero cerrar esta recopilación sin reseñar los dos teatros que debemos los madrileños a Tamayo: el Bellas Artes y el Nuevo Apolo. El primero fue de nueva construcción. El segundo, la reconversión de un viejo cine en la plaza de Tirso de Molina.

Teatro Bellas Artes

El 17 de noviembre de 1961, quince años después de fundar la compañía Lope de Vega, se inauguró el teatro Bellas Artes con un montaje de Divinas palabras protagonizado por Nati Mistral y dirigido por Tamayo. Fue un doble acontecimiento: la recuperación de un texto fundamental del teatro español y la apertura de una nueva sala localizada en los sótanos del Círculo de Bellas Artes.

No le fue fácil convencer a la directiva del Círculo para que le permitieran hacer el teatro, dos pisos por debajo de la rasante de la calle. Se trataba de reconvertir una bolera, unos vestuarios del personal y una piscina sepultada, en un teatro para unos 400 espectadores. Las negociaciones se iniciaron en agosto de 1957 y se prolongaron durante cuatro años. El entonces presidente del Círculo, Joaquín Calvo-Sotelo, fue de los que más pegas puso aunque, finalmente, en marzo de 1961 se firmó el contrato definitivo con Tamayo. En menos de ocho meses el teatro Bellas Artes estuvo listo para levantar el telón. Y comenzó una programación que hoy nos parece prodigiosa, con títulos como La dama del alba, Calígula, Madre Coraje, Bodas de sangre, La vida es sueño, La detonación… como reconocimiento a su trayectoria en 1978 fue elegido el teatro como primera sede del recién creado Centro Dramático Nacional. Allí se inauguró el 21 de noviembre de 1978 con Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga. Estuvo bajo su dirección hasta 1981. Tras morir Tamayo, el teatro pasó a estar programado por la empresa Pentación.

Teatro Nuevo Apolo

En la calle Alcalá, junto a la iglesia de San José, existió entre 1873 y 1929 un gran teatro llamado Apolo y conocido como la catedral del género chico. Poco más de medio siglo estuvo en pie y cayó bajo la piqueta para que, en su solar, se levantara un banco. Ahí terminó la primera parte de la historia.

Entrando el siglo XX en la penúltima década, a don José se le encendió la bombilla una vez más y decidió resucitar el Apolo para que Madrid tuviera un teatro musical. Como siempre tuvo una gran capacidad de fabulación y un gran poder de convicción, exigió ver a don Pedro Toledo, a la sazón máximo responsable del BBV. Consiguió que el banquero lo recibiera y escuchara una tremenda diatriba haciendo responsable a su entidad financiera de la desaparición de un gran teatro madrileño medio siglo atrás. Tamayo quería que el banco reparara aquel agravio financiando la operación de abrir el Nuevo Apolo. ¿Qué le dijo Tamayo a Toledo o cómo lo convenció? El caso es que el entonces BBV fue el patrocinador de la empresa. El Apolo iba a resucitar en la plaza de Tirso de Molina. Allí se había inaugurado en 1932 el teatro del Progreso con La verbena de la Paloma. Aclaro que el nombre era el que tenía entonces la plaza. Aquel teatro, en franca y peligrosa decadencia cuando le echó el ojo Tamayo, había sido levantado por los empresarios del primer Apolo y era propiedad de sus descendientes. Zarzuela y primeros empresarios: el círculo se cerraba. El 17 de diciembre de 1987, con el nuevo nombre y un remozado general, se levantó el telón con -¡no podía ser menos…!- la Antología de la Zarzuela. Haciendo honor al adjetivo de teatro musical, el flamante nuevo empresario no desdeñó presentar otros espectáculos que no fueran del género lírico español, como ¡Cómeme el coco, negro!, o Los miserables. Casi diez años le duró la aventura a don José que, en 1997, se retiró a su entrañable Bellas Artes, donde permanecería hasta su muerte ocurrida el 26 de marzo de 2003.

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