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TAL DÍA COMO HOY

Miguel Gila (a la derecha), recibiendo el Premio Ondas especial en 1993.
Miguel Gila (a la derecha), recibiendo el Premio Ondas especial en 1993. (Foto: Hypatia Blue (Licencia CC BY-SA 4.0))

El teléfono de Gila cuelga para siempre

sábado 13 de julio de 2019, 09:06h
En un día como hoy, hace 18 años, murió un madrileño que hizo reír a distintas generaciones con sus humorísticos monólogos y espectáculos. Miguel Gila Cuesta, conocido por todos como Gila, falleció a causa de una enfermedad pulmonar crónica en Barcelona.

Nació el 12 de marzo de 1919 en Madrid, en el distrito de Tetuán. Sin embargo, se crió con sus abuelos en el castizo barrio de Chamberí, ya que fue huérfano de padre. Siendo aún un niño, con apenas 13 años, tuvo que abandonar los estudios y comenzó a trabajar como empaquetador de café y chocolate, y posteriormente como pintor de coches en algunos talleres. Las dificultades económicas de su familia propiciaron que tuviera que abandonar los estudios de manera precipitada, aunque posteriormente se alistó en la escuela nocturna de artes y oficios.

Sin embargo, con el estallido de la Guerra Civil, todo aquello quedó paralizado y se alistó como voluntario republicano. En estos años, según figura en sus memorias, llegó a estar frente a un pelotón de ejecución en Córdoba, pero sobrevivió porque los integrantes del pelotón estaban borrachos. Aun así, existen discrepancias sobre la veracidad de la historia.

No empezó su trabajo como humorista hasta una vez terminada la contienda, cuando comenzó a trabajar como humorista gráfico en la revista Trabajos y días. Llegada la década de los 50, no obstante, empezó a tener éxito en los escenarios con sus monólogos sobre su experiencia en la guerra.

Llegada la década de 1960, Gila viajó a Buenos Aires, donde puso en marcha una compañía de teatro. Durante años estuvo realizando actuaciones por distintos países de Iberoamérica, hasta que regresó definitivamente a España en 1985, después de haber realizado algunas actuaciones puntuales en el territorio nacional.

De nuevo en España, empezó a escribir guiones para distintas películas y realizó distintas actuaciones con sus reconocibles conversaciones telefónicas ficticias sobre el escenario. Con estos monólogos, cosechó un gran éxito en los escenarios y llegó a ser muy querido y respetado en la profesión.

Así, permaneció en activo hasta el año 2001, cuando murió por una insuficiencia respiratori. Padecía una enfermedad pulmonar crónica y tenía 82 años. A su muerte, se sucedieron los homenajes y reconocimientos, más allá de los ya había recibido durante su carrera, con galardones como el Premio Ondas especial en 1993 o la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo en 1995.
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