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La Policía Nacional desmanteló este miércoles el narcopiso de la calle Tesoro.
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La Policía Nacional desmanteló este miércoles el narcopiso de la calle Tesoro. (Foto: Kike Rincón)

El narcopiso de Tesoro 28, una pesadilla con principio y con final: "Vivía con miedo y tenía mi libertad coartada"

jueves 15 de noviembre de 2018, 07:28h
Si la felicidad va por barrios, este miércoles donde más se sintió fue en Malasaña. Sobre todo, en el triángulo que conforman las calles Pozas, Minas y Tesoro. Por allí viven, trabajan y caminan quienes más han sufrido el último narcopiso desmantelado hasta el momento en Centro.

De algún modo, la tarde de este miércoles ponía fin a un año y medio de sufrimiento, rabia, dolor, miedo e impotencia en la calle Tesoro. En este rincón de Malasaña, resguardado del bullicio de Gran Vía y acariciando el Edificio España, los problemas se acumulaban y agravaban. Y, como suele suceder con lo malo, la situación iba a peor.

Pero la Justicia y la Policía llevaban tiempo trabajando en silencio, sin levantar sospechas, sin hacer pensar a nadie que aquella pesadilla, aunque no lo pareciera, acabaría más pronto que tarde. Y, cuando algunos aún tomaban el postre, lo adelantó en exclusiva Madridiario. La desesperación era tal que menos de 24 horas antes de la operación policial varios vecinos manifestaban a este medio su total desesperanza ante una pronta solución.

Robos, gritos, peleas, navajazos y amenazas aderezaban un día a día cada vez más amargo. "La situación es muy complicada desde hace aproximadamente un año y medio", describía J.M.V. este martes. Quería pensar que habría un desenlace "en algún momento", pero no podía imaginar que estuviera tan cerca.


De venta y consumo de drogas a almacén de objetos robados

Al sol de noviembre, este vecino rememora cómo empezó todo. Y se acuerda, por ejemplo, de "un incendio en un aparcamiento de motos que a punto estuvo de destruir un edificio en rehabilitación". "Estaba cubierto por una lona; el jefe de obra nos explicó que podía haber ardido toda la manzana".

Después vinieron los robos. De "cualquier cosa, pero siempre en las proximidades de Tesoro 28". ¿Por qué? "Lo hacen con total descaro, muchos están fuera de sí y siempre se refugian en el narcopiso".

De esa forma, además de para la venta y el consumo de drogas, aquel sótano sirvió de almacén de objetos robados: "Cuando la gente denuncia un robo en la zona, sus pertenencias aparecen allí". Habla en presente porque a esa hora el 'lugar de los horrores' aún funciona. Los comercios han sido víctimas recurrentes de una práctica por la que "hasta se llevaron una hucha con la que una administración de Loterías recogía dinero para la lucha contra el cáncer".


Indignación por que "se haga negocio con la salud de la gente"

Pero lo peor estaba por llegar. Sucedió este verano. Entre julio y octubre, una presunta violación y una muerte por sobredosis dispararon la tensión y el miedo. "Fue el punto culminante", describe J.M.V. Varios vecinos, incluso, se vieron abocados a abandonar el barrio. Por lo que veían; por lo que sufrían; por lo que temían que pudiera pasar.

La prostitución se adueñó del portal de Tesoro 28. Mujeres que vendían su cuerpo a cambio de una dosis. Por allí ha pasado "gente de todo tipo, tanto personas con buen aspecto y muy bien vestidas como toxicómanos en las últimas", cuenta un inquilino indignado por que se haga "negocio con la salud de la gente".

"Un narcopiso es un problema con una doble vertiente: por un lado está la seguridad de los vecinos y del barrio; por otro, hay que tener en cuenta que las personas que acuden sufren una drogadicción e incluso se ven obligadas a delinquir para consumir algo que acabará con sus vidas", lamenta J.M.V.

Precisamente por esa doble vertiente, los vecinos denunciaron y pidieron ayuda. Una y otra vez; las que hicieron falta. Su día a día se convirtió, también, en su lucha. Su seguridad y la salud de todos, las causas por las que unirse para dar batalla y pedir justicia. Tras la operación policial, y a través de Madridiario, Jorge García Castaño aplaudía la "muy buena coordinación de los servicios de Policía a través de Delegación de Gobierno"; el concejal-presidente de Centro también expresaba que era "un trabajo que hay que reconocer al tejido vecinal y al compromiso adquirido con el mismo y sus reclamaciones".

"Me vi tan en riesgo que me dije 'me voy'"

A.A. vivió de alquiler en Tesoro algo más de dos años. "Llevaba cuatro o cinco meses cuando empiezo a escuchar muchos ruidos y peleas con la palabra 'droga'". Los clientes del narcopiso "rompen el telefonillo, dan portazos y revientan el portal". Es el principio de su relato, pero pronto aparece uno de sus peores recuerdos: "Una mañana, cuando salgo de casa para ir a trabajar, veo una pelea de tres personas a navajazo limpio". Percibe entonces que "salir temprano y volver tarde entrañaba una inseguridad tremenda".

Y no solo por lo que se ve en la calle, sino porque el narcopiso "es un zulo; te pueden coger, meter allí y nadie sabe nada". Los recuerdos golpean a A.A. Para su desgracia tiene muchos, demasiados... Pero hay uno que le ha cambiado la vida: quizás nunca olvide la imagen, la voz y las palabras "en auténtico estado de shock" de la mujer presuntamente violada en julio. Ese día, A.A. decide que su vida en Malasaña "se acabó".

Es un domingo por la tarde. Aquella noche ya no dormirá en la calle Tesoro. "Vivía con miedo y tenía mi libertad coartada. Me vi tan en riesgo que me dije 'me voy'". Y se fue. Comenzaba su nueva vida. Esa nueva vida que este rincón de Madrid quiere volver a disfrutar desde hoy: el narcopiso que alteraba sus días e interrumpía sus noches fue desalojado y tapiado este miércoles.

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