El Papa eligió el Cedia 24 Horas de Cáritas Madrid, en el distrito de Latina, como primer acto de su agenda en la capital tras ser recibido por los Reyes de España. Ante personas sin hogar, migrantes, voluntarios y trabajadores sociales, reivindicó la caridad como el corazón de la misión de la Iglesia y recordó que "no es posible olvidar a los pobres".
Todo estaba preparado para que Madrid recibiera a León XIV entre grandes actos institucionales y escenarios multitudinarios, pero el Pontífice quiso que su primera parada pastoral en la capital estuviera lejos de los focos habituales.
Apenas unas horas después de su recepción oficial con los Reyes de España, el Papa se desplazó al Centro de Información y Acogida (Cedia) 24 Horas de Cáritas Madrid, en la calle Cullera, en el distrito de Latina, para encontrarse con algunas de las personas más vulnerables de la ciudad.
A las puertas del recinto, varios centenares de personas aguardaban desde primeras horas de la tarde la llegada del Pontífice. En los balcones del edificio situado frente al centro ondeaban banderas de Ecuador y de la Virgen María, mientras numerosos vecinos se asomaban para intentar ver de cerca al Papa.

Dentro del patio del Cedia, un escenario sencillo y una gran pantalla sustituyeron a las grandes infraestructuras preparadas para otros actos de la visita papal en el centro de Madrid.
Antes de la llegada de León XIV, el cantante Sito Morales, histórico integrante del grupo de música religiosa Brotes de Olivo, puso música a la espera de los asistentes, que escribieron sus mensajes de esperanza en flores que colgaron, más tarde, en el llamado árbol de la esperanza.
El Papa llegó acompañado por el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo. Tras firmar en el libro de honor del centro y descubrir una placa conmemorativa de la visita, fue recibido por representantes institucionales y responsables de Cáritas.
Entre el público asistente se encontraban el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín; el delegado de Políticas Sociales, Familia e Igualdad del Ayuntamiento, José Fernández; así como los concejales presidentes de los distritos de Latina, Alberto González, y Carabanchel, Carlos Izquierdo.
“Estoy entre vosotros como un madrileño más”
El momento más esperado llegó cuando León XIV tomó la palabra ante usuarios, trabajadores y voluntarios del centro. "Estoy entre vosotros como un madrileño más; gracias, Madrid, por esta bienvenida, que me hace sentir parte de una gran y maravillosa familia en la que, como en todas las familias, ocurren milagros de amor. En particular en esta casa, donde nadie se queda solo", afirmó entre aplausos.
El Pontífice elogió en su discurso el trabajo realizado en el centro y destacó que allí "la alegría y el dolor de cada uno son la alegría y el dolor de todos", subrayando que el acompañamiento a las personas más vulnerables constituye una expresión concreta del Evangelio.
"No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio"
XIV advirtió del riesgo de que la Iglesia y la sociedad se acostumbren a mirar hacia otro lado ante la pobreza. "No es posible olvidar a los pobres si no queremos salir fuera de la corriente viva de la Iglesia que brota del Evangelio", afirmó, reivindicando la caridad frente a quienes la consideran una cuestión secundaria o meramente asistencial.
Tres historias que pusieron rostro a la esperanza
Antes del discurso papal tomaron la palabra tres personas cuyas vidas reflejan el trabajo diario que se desarrolla en los distintos proyectos sociales de la Iglesia madrileña y, en concreto, en el centro.
La primera fue Niurka, una madre migrante que llegó sola a Madrid embarazada de sus mellizos y encontró apoyo en los recursos de acogida de la Iglesia. En un emotivo testimonio recordó el miedo con el que aterrizó en España y cómo encontró una familia en el Hogar Santa Bárbara. Como obsequio entregó al Papa unos lazos con los nombres de sus hijos, símbolo del futuro que pudo construir gracias al acompañamiento recibido.
Después intervino Khadri, un migrante que llegó a España durante la pandemia sin apenas referencias y que hoy ha pasado de ser acogido a acompañar a otras personas en situaciones similares. En su intervención agradeció el apoyo recibido y entregó a León XIV su permiso de residencia, un documento que resumía años de esfuerzo, incertidumbre y superación.
"Aunque solo una persona se ilumine con la palabra del Señor, la esperanza no está perdida"
La tercera voz fue la de una voluntaria de la Pastoral Social de Madrid, que recordó que acompañar a una persona vulnerable implica reconocer la dignidad sagrada de cada ser humano. Como símbolo de ese compromiso entregó al Pontífice unas sandalias inspiradas en el pasaje bíblico de Moisés ante la zarza ardiente.
León XIV agradeció personalmente los tres regalos y les otorgó un profundo significado. La cinta con los nombres de los niños, dijo, expresa "la alegría que cada nacimiento trae al mundo"; el permiso de residencia representa "una historia de esfuerzo, compromiso, honestidad y acogida"; mientras que la sandalia recuerda la "tierra sagrada" que supone toda vida humana.
El árbol de la esperanza
Uno de los elementos más simbólicos del acto fue el denominado 'árbol de la Esperanza', instalado junto al escenario. Allí los asistentes escribieron mensajes y deseos en flores de colores que después fueron colgadas de sus ramas.

Entre las tarjetas podían leerse frases de agradecimiento por la visita papal y mensajes dirigidos a quienes atraviesan situaciones difíciles. "Aunque solo una persona se ilumine con la palabra del Señor, la esperanza no está perdida", rezaba uno de los mensajes.
La imagen encajó perfectamente con el lema que sobrevoló toda la visita: la invitación de Jesús a 'alzar la mirada', escogida por el propio Pontífice para este viaje y convertida en una llamada a no resignarse ante la exclusión y el sufrimiento. Durante su 'pasillo' para saludar al público asistente, León XIV abrazó a un niño con dispacaidad que se abalanzó sobre él, se hizo 'selfies', firmó algunos autografos como una auténtica estrella del rock y recibió un regalo muy especial de una de las feligresas que le entregó un dibujo realizado por su padre en el que el papa León XIV acompañaba a Jesucristo cargado con la cruz en su vía crucis.
Una puerta abierta día y noche
Fundado en 1977 a partir de una sencilla iniciativa de atención en la calle, el Cedia se ha convertido en uno de los principales referentes de la acción social de Cáritas Madrid. El recurso combina un centro de día con 85 plazas y un dispositivo de alojamiento nocturno con capacidad para 47 hombres y 20 mujeres.
Sin embargo, quienes trabajan allí insisten en que su principal labor no consiste sólo en cubrir necesidades básicas, sino en generar vínculos y acompañar procesos de recuperación personal.
Precisamente esa dimensión fue la que quiso destacar León XIV al elegir este lugar como primer escenario de su visita a Madrid. Antes de los grandes encuentros multitudinarios previstos en el centro de la ciudad, el Papa decidió comenzar su estancia entre quienes viven la pobreza, la soledad o la exclusión.
Una decisión que convirtió al Cedia en el símbolo de una Iglesia que, como recordó el Pontífice, sigue encontrando a Cristo "en las personas que se asoman al umbral del centro en busca de ayuda". Y que permitió que Madrid, al menos por unas horas, se contemplara desde esa "puerta de la caridad" por la que León XIV quiso entrar en la ciudad.