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Las fuertes lluvias desentierran el cuerpo de San Isidro
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(Foto: Aitana Rodríguez)

Las fuertes lluvias desentierran el cuerpo de San Isidro

Por MDO
lunes 02 de abril de 2018, 07:54h
Un 2 de abril de 1212 es encontrado el cuerpo incorrupto y bien conservado de San Isidro tras unas lluvias torrenciales en la ciudad de Madrid. El santo, que había muerto cuarenta años antes, fue sometido a numerosos desplazamientos por la creencia de su poder sanatorio.
Isidro Merlo Quintana, nacido en 1082 en la antigua Mayrit (reconvertida en Madrid con la reconquista de Alfonso VI), era de condición humilde, labrador de oficio. Hijo de padres mozárabes, su primera ocupación, antes de santo, fue la de pocero.

Su vida es un trascurso de mitos, leyendas y milagros como el de resucitar a su propio hijo. Tras su muerte en 1172, a los 90 años, su cuerpo santificado fue trasladado en numerosas ocasiones por diferentes motivos. Entre algunos de ellos, se cuenta que a modo de remedio sanatorio para los enfermos.

Su primer traslado tiene que ver con el hallazgo de su cuerpo el día 2 de abril de 1212, cuando unas lluvias torrenciales desenterraron varios cadáveres del antiguo cementerio de San Andrés. Entre los cuerpos, se encontraba el de San Isidro: íntegro, incorrupto y con su mortaja en casi perfecto estado, y eso que llevaba muerto cuarenta años. Tras lo sucedido, el cuerpo fue colocado en el altar mayor de la parroquia de San Andrés.

Corría la leyenda de que San Isidro podía controlar el agua, por lo que décadas después, el santo fue sacado de su sepultura y se colocaba en lugares como la Basílica de Nuestra Señora de Atocha para rogar su intervención sobre la lluvia.

Siglos después fue sacado en procesión un 15 de mayo de 1620 para festejar su beatificación y dos años después por su canonización.

Fama sanadora

Durante los años posteriores, San Isidro siguió siendo trasladado y manipulado con intenciones sanadoras. Era ubicado en palacio cada vez que los reyes de turno enfermaban.

Cuentan que Mariana de Neoburgo, agradecida por su intercesión, donó un arca para su conservación. A día de hoy, todavía se conserva el cuerpo en ella, custodiada bajo nueve llaves, una de las cuales conserva la Casa Real.

Muchos son los casos de monarcas que acudieron al cuerpo en busca de buena salud y sanación. Carlos II, en su última enfermedad, cosió bajo su almohada un diente del santo. Hasta tal punto llegaba la creencia sanadora que una duquesa, tal y como se cuenta, consiguió un dedo para obtener una pomada con la que curar a su hijo.

María Luisa de Saboya, María Amalia de Sajonia, esposa de Carlos III, y este mismo, son algunos de los ejemplos que también hicieron trasladar el cuerpo a su palacio.

San Isidro ha sido desplazado a lo largo de los siglos en muchas ocasiones y por distintos motivos, sin embargo, en la actualidad, los restos reposan en paz en el altar mayor de la Real Colegiata, donde los madrileños lo veneran cada 15 de mayo.
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