José Zorrilla, el más recordado de los escritores románticos del siglo XIX, escribió una serie de artículos con el título genérico de Recuerdos del tiempo viejo que fue publicando en 1879 en el diario El Imparcial. Después los recopiló en tres volúmenes, que son considerados como sus memorias. La recopilación apareció primero en Barcelona en 1880 y, un año más tarde, en Madrid.
A lo largo del siglo XX se hicieron algunas reediciones de esta obra, todas ya descatalogadas. Por eso es oportuna la edición crítica que lanza la editorial Bolchiro, con prólogo del dramaturgo José Luis Alonso de Santos y notas y edición de Liz Perales y Fernando Nolla. Se recogen en un solo libro los dos primeros volúmenes de estas memorias ya que el tercero, conocido como Hojas traspapeladas del recueros del viejo tiempo, contiene textos más genéricos del autor. El actor Ernesto Arias ha leído algunos pasajes de esta biografía.
Para José Luis Alonso de Santos, vallisoletano también y uno de los mejores conocedores de la vida y obra del poeta, "Zorrilla vivió todos los grandes cambios del siglo XIX por su dilatada vida. Así que hay muchas personalidades en su figura. En sus memorias mezcló literatura con periodismo, creando un nuevo lenguaje, es el primero que lo hace. Inventa una prosa para expresarse y esa prosa que inventa es una mezcla de estilos entre la sonoridad, la grandiosidad o el contraste del romanticismo y la prosa naturalista, realista o experimental de las nuevas corrientes que están llegando. Leyendo este libro nos damos cuenta de que lo que peor se aguanta es su poesía".

José Zorrilla nació en Valladolid en 1817. Con poco menos de veinte años se consagró como poeta gracias a la lectura que realizó durante el entierro del suicida Larra. Casi inmediatamente comenzó a escribir para el teatro, consiguiendo un primer éxito destacable con El zapatero y el rey, al que siguieron Sancho García y, en 1844, Don Juan Tenorio. Estrenado este drama romántico en el desaparecido teatro de la Cruz, no obtuvo un éxito inmediato aunque, avanzado el siglo, se convirtiera en una obra imprescindible para la programación de noviembre. Zorrilla vendió sus derechos a un editor y nunca pudo beneficiarse de ella. Es una de las peripecias que cuenta en estas memorias, así como sus aventuras por distintos países. Durante casi treinta años se ausentó de España, sin querer beneficiarse de su enorme popularidad. Sus peripecias en México, bajo la protección del emperador Maximiliano I, fueron recogidas en dos obras. Crítico consigo mismo, solo consideraba de calidad dos actos de su drama Traidor, inconfeso y mártir. Vivió con estrecheces sus últimos años, dedicado sobre todo al periodismo. Abandonó el teatro veinte años antes de su muerte. Falleció en Madrid el 23 de enero de 1893. Fue enterrado inicialmente en el cementerio de San Justo. Tres años más tarde el ayuntamiento de Valladolid trasladó a su cementerio los restos del poeta. Pero la sepultura en San Justo aún permanece vacía.