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Los 'ilustres', en cortejo fúnebre hacia el panteón que no fue

jueves 20 de junio de 2019, 07:49h
El 20 de junio de 1869 los restos mortales de Calderón de la Barca, Quevedo, Ventura Rodríguez o Juan de Villanueva, entre otros, se trasladaron en un pomposo cortejo fúnebre hasta la basílica de San Francisco el Grande, donde se quería ubicar un panteón de hombres ilustres de la historia española. El proyecto, al final, cayó en el olvido y los féretros volvieron a sus lugares de origen. Treinta años después se construyó en Atocha el panteón de personalidades que hoy puede visitarse.

Fue todo un despliegue de medios y un éxito de convocatoria: el 20 de junio de 1869, hasta once carrozas fúnebres formaron una comitiva de cinco kilómetros por las calles de Madrid, acompañadas por bandas de música, unidades del Ejército y de la Guardia Civil, estudiantes, religiosos, políticos e intelectuales. Su destino era la basílica de San Francisco el Grande, el lugar elegido tres décadas antes -en noviembre de 1837- por la Cortes Generales para crear un Panteón de los Hombres Ilustres, en el que descansaran los restos mortales de personalidades destacas en la historia de España.

El proyecto se había atascado en el tiempo y solo 32 años después de su planteamiento, una decena de intelectuales, escritores y políticos difuntos atravesaban, acompañados de cien solemnes cañonazos y del encendido de tres grandes lámpadas, la puerta de su nuevo lugar de descanso. Los primeros moradores del recién inaugurado camposanto -llamado a ser la prueba de que España, aunque llegaba un poco tarde, también era un país ilustrado- fueron los escritores Francisco de Quevedo y Pedro Calderón de la Barca; los poetas Juan de Mena, Garcilaso de la Vega y Alonso de Ercilla; el militar Federico Gravina; el humanista Ambrosio de Morales; el Justicia Mayor de Aragón, Juan de Lanuza; el político Zenón de Somodevilla y Bengoechea (Marqués de la Ensenada) y los arquitectos Ventura Rodríguez y Juan de Villanueva. Por el camino quedaron otros grandes nombres cuyos restos mortales, durante aquellos treinta años de desarrollo de la idea de dotar a Madrid de un lugar de peregrinaje para la intelectualidad, se habían dado por perdidos: Cervantes, Lope de Vega, Velázquez, Tirso de Molina, el Cid, Murillo Goya...

En una capilla de esta basílica en intersección de la calle Bailén y la Carrera de San Francisco quedaron depositados los ilustres restos. Y pasaron los años. Y el panteón no terminaba de arrancar. Finalmente, el proyecto se enterró y, con menos pompa que a su llegada, Quevedo, Calerón y compañía volvieron a los cementerios de los que los habían exhumado.

El actual panteón

Por otro lado, el convento de Nuestra Señora de Atocha, que había sido ocupado por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), quedó muy dañado una vez finalizada la contienda, aunque los dominicos volvieron a ocuparlo hasta que fueron exclaustrados en 1934. Entonces, empezó a utilizarse, ya en ruinas, como cuartel de inválidos, en el que fueron enterrados agunos militares como José de Palafox, Francisco Castaños, Manuel Gutiérrez de la Concha y Juan Prim, además del político Antonio de los Ríos Rosas. Por eso, cuando la regente María Cristina planteó construir una nueva basílica en esta ubicación, ordenó que se creara un panteón anexo para acoger a esos difuntos que ya descansaban en el lugar. Ese fue el origen del actual Panteón de Hombres ilustres.

El proyecto, elegido por concurso público, se empezó a construir en 1891 y, al final, solo llegó a desarrollarse el campanario y el panteón, cuyas obras terminaron en 1899. Ya en en siglo XX, entre los años treinta y finales de los ochenta, el panteón estuvo en estado de abandono. A finales de los 80, Patrimonio Nacional procedió a su restauración y apertura al público. En él se encuentran enterrados Manuel Gutiérrez de la Concha (Marqués del Duero), Antonio de los Ríos Rosas, Francisco Martínez de la Rosa, Diego Muñoz-Torrero, Juan Álvarez Mendizábal, José María Calatrava, Salustiano Olózaga, Agustín de Argüelles, Antonio Cánovas del Castillo, Práxedes Mateo Sagasta, José Canalejas y Eduardo Dato. También estuvieron temporalmente los restos de Prim, Palafox y Castaños, pero fueron trasladados a sus localidades de origen.

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  • Los 'ilustres', en cortejo fúnebre al panteón que no fue

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    14470 | Juan Santos - 21/06/2019 @ 11:19:04 (GMT+1)
    Menos mal que el proyecto no se llevó a cabo, porque los restos que se llevaron a Madrid de Francisco de Quevedo no eran los auténticos, como luego se demostró. Ahora reposan en la iglesia de San Andrés de Villanueva de los Infantes, en la misma capilla donde fueron enterrados el 9 de septiembre de 1645.

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