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TAL DÍA COMO HOY

Aspecto de la Quinta del Sordo hacia 1900, transformada por los herederos de Goya
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Aspecto de la Quinta del Sordo hacia 1900, transformada por los herederos de Goya (Foto: Fotografía de Asenjo, publicada en la revista La Ilustración Española y Americana, el 15 de julio de 1909 - Dominio público)

Goya se muda a la Quinta del Sordo, su última morada en Madrid, refugio de sus pinturas negras

miércoles 27 de febrero de 2019, 07:56h
El 27 de febrero de 1819, el pintor Francisco de Goya adquirió la Quinta del Sordo, una finca a las afueras de Madrid, en el hoy distrito de Latina, a orillas del Manzanares, donde residió hasta su exilio y en cuyos muros dejó sus conocidas como pinturas negras.

Puede que fuera, sin más, por una necesidad artística de concentración, lejos del bullicio del centro de Madrid, aunque lo más probable es que se moviera por un temor político, más tarde confirmado, por su condición de liberal y afrancesado ante el por entonces reciente regreso de Fernado VII. Hay quien señala, incluso, un motivo amoroso: que las afueras de la ciudad eran un lugar más discreto para vivir su romance con Leocadia Zorrilla de Weiss, esposa de Isidoro Weiss y madre de Rosario Weiss, quienes pasaron a la historia como su ama de llaves y su ahijada a pesar de que siempre se especuló que eran su amante y su hija. Fuera por el motivo que fuera, Francisco de Goya hizo las maletas y dejó su casa del centro de Madrid, próxima a la calle Mayor y a la Plaza de Ramales, para instalarse en la Quinta del Sordo, una casa de campo que había comprado un 27 de febrero de hace hoy 200 años.

Una de las pinturas negras de Goya: Saturno devorando a su hijoAl parecer, lo de que Goya fuera sordo fue una casualidad. El nombre de la finca se debe, según la mayoría de historiadores, a que el anterior propietario, Pedro Marcelino Blanco, también lo era. La Quinta del Sordo estaría situada hoy en el barrio de Puerta del Ángel, en la esquina de las calles de Baena y Doña Mencía, a unos 300 metros del puente de Segovia. En aquel momento, toda esa zona a orillas del Manzanares estaba poblada por huertas y fincas aisladas, un paisaje recurrente en la pintura de Goya. Sin embargo, allí fue donde su obra cambió y giró hacia, según los expertos, una de sus épocas más interesantes: la de las pinturas negras, que estampó en los propios muros de esa casa de campo a las afueras de Madrid.

Poco se sabe a ciencia cierta de la casa que se levantaba en la Quinta del Sordo cuando Goya era su morador. El pintor vivió en ella hasta que se exilió en 1824. Hasta su muerte, en Burdeos cuatro años después, volvió a Madrid en alguna ocasión y se quedó en la finca, que quedó al cargo de su nieto. Treinta años después del fallecimiento de Goya, en 1859, el nieto vendió la propiedad al aristócrata y banquero francés barón de Erlanger, quien pide en 1874 que se trasladen a lienzo las pinturas de las paredes. A partir de ese momento, la Quinta del Sordo pierde su magia y su valor.

Solo un año después, se derriba la zona en la que habían estado los cuadros de Goya, ya que al picar las paredes para sacarlos, éstas habían quedado muy deterioradas. En 1909 se derriba el resto de la casa, dejando un solar en el que primero se construyó una estación de ferrocarril a la que se llamó Goya y que unía Madrid con Almorox (Toledo). Tras su desmantelamiento, en 1970, se construyó un bloque modesto de viviendas.

Por su parte, las pinturas viajaron a Francia, donde se exhibieron en Exposición Universal de París de 1878. Después, el barón Erlanger las donó, en 1881, al madrileño Museo del Prado, donde actualmente se exponen.

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