Madrid vivió la magia del cine por primera vez en mayo de 1896. El cinematógrafo ideado por los hermanos Lumière proyectó los primeros filmes en el sótano del desaparecido Hotel Rusia, en la Carrera de San Jerónimo. Este elegante salón dio paso a barracones itinerantes, a los que siguieron otros fijos en solares vacíos a medida que aumentó el metraje de las cintas.
Más tarde, aparecieron los salones de espectáculos. Es aquí donde entra en escena el salón Doré, construido sobre la calle Santa Isabel, en el barrio de Antón Martín, que se inauguró el 19 de diciembre de 1912. El espacio, de estilo modernista y con capacidad para 1.250 espectadores, se transformó en cine en el año 1923, el primero de la capital.
Tan solo se conoce un precedente de sala cinematográfica en el territorio nacional, el cine Alfonsetti de la localidad coruñesa de Betanzos, que abrió sus puertas en 1882, antes incluso de que naciera esta disciplina. En Madrid, el siguiente local destinado a tal fin fue el cine Ideal, en 1916. Las butacas de Callao se llenaron por primera vez en 1926 y las del Palacio de la Prensa en 1930.
Los estrenos nacionales escaseaban en el Doré, aunque algunos cosecharon gran éxito, como 'Gloria que mata' (Rafael Salvador, 1925) o 'Frivolinas' (Arturo Carballo, 1927). En 1963 cerró el 'Palacio de las Pipas', que quedó abandonado a su suerte durante un par de décadas.
En 1982 el Ayuntamiento adquirió el edificio y firmó su cesión al Ministerio de Cultura, que lo rehabilitó como sala de exhibiciones de la Filomoteca Nacional, uso que conserva en la actualidad, además de emplearse para otros menesteres como presentación de libros, seminarios, coloquios o conferencias.