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TAL DÍA COMO HOY

Carrera de San Jerónimo en 1896.
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Carrera de San Jerónimo en 1896. (Foto: MDO)

Madrid vive la magia del cine por primera vez

martes 15 de mayo de 2018, 09:22h

Una sábana blanca y un recién horneado cinematógrafo permitieron a los madrileños disfrutar de la primera proyección de cine en España. El 14 de mayo de 1896 el hoy desaparecido hotel Rusia se engalanaba para acoger hasta 20 sesiones diarias de las piezas filmadas por los hermanos Lumière. El precio, un abuso. El evento, una experiencia inolvidable.

Dos placas en el número 32 de la carrera de San Jerónimo recuerdan un episodio que marcó un antes y un después en la cultura y el ocio nacional. El cinematógrafo ideado por los hermanos Lumière llegaba a Madrid el 14 de mayo de 1896 entre una enorme expectación.

El sótano del Gran Hotel Rusia, ya desaparecido, acogió la primera proyección cinematográfica. A esta siguieron seis horas de cine en sesiones de 15 minutos por las que los espectadores pagaron una peseta, un precio desorbitado teniendo en cuenta que cualquier representación teatral de la época costaba menos de la mitad. Un par de días más tarde, la familia real acudía al completo a disfrutar de la magia del cine con la reina regente María Cristina a la cabeza.

El 'milagro' del cine se convirtió en realidad gracias a una rudimentaria puesta en escena. Grandes sábanas negras cubrieron las paredes laterales y trasera de los bajos del hotel. En la frontal, una sábana blanca como improvisada pantalla sobre la que proyectar con el aparato de los genios franceses pequeñas piezas documentales que asombraron a los madrileños. Entre ellas, las hoy estudiadas L'arroseur arrosé (El regador regado) y Arrivée d'un train (Llegada de un tren).

El cine vino para quedarse

El espectáculo se mantuvo hasta el día 19 de junio con una media de 20 sesiones diarias. Sin embargo, el germen sembrado el día de San Isidro había dado su fruto. El cinematógrafo se convirtió en un negocio y el teléfono de la casa Lumière echaba humo con los pedidos provenientes de España y medio mundo. Los precios bajaron de forma considerable y el elegante salón del hotel Rusia dio paso a otros escenarios más cercanos al pueblo como barracas, casetas de feria o frontones.

La evolución siguió un ritmo imparable. Poco después de estas precarias grabaciones se rodó Riña en un café (Fructuoso de Gelabert, 1897), primera película española narrativa -con argumento-.

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