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El escritor Daniel Múgica
El escritor Daniel Múgica (Foto: MDO)

Dani Múgica, autor de La Dulzura: "Madrid siempre ha sido una ciudad resistente"

domingo 11 de marzo de 2018, 09:00h

Mientras el mayor ataque terrorista sufrido en Europa estalla en Madrid, Gadea, una chica con esquizofrenia paranoide, desaparece en plena vorágine. El escritor Daniel Múgica presenta La dulzura, Premio Jaén de Novela. Su obra habla del amor como "salvación" ante una tragedia como la del 11-M. "Si Patria muestra lo que ha ocurrido en Euskadi con ETA, mi libro muestra lo que pasó aquí ese día de infamia", explica en una entrevista con Madridiario. Socialista y sobrino del histórico líder Fernando Múgica -asesinado en 1996-, el autor pide "seguir vigilante con los malnacidos" ante el fin del terrorismo etarra y denosta la "piara de yihadistas" que parece haber tomado el relevo en el ominoso paisaje del fanatismo. Con La Dulzura, Múgica inaugura una trilogía dedicada a víctimas del terrorismo.

Hoy se cumplen 14 años del 11-M. ¿Ha pasado ya el tiempo necesario para emplear este atentado como un elemento lateral, de contexto, en una ficción?

Ha pasado tiempo para que se pueda contar. En mi novela, representa el decorado, pues es una historia de amor con una protagonista llamada Gadea que no se sabe si ha desaparecido o no en los ataques. De momento, el libro se está recibiendo razonablemente bien.

¿Cómo vivió usted aquel día?

Estaba en casa viendo las noticias. Me lancé a pasear a las calles de la capital, obnubilado. Pasé angustia, al igual que el resto de la ciudad, y una tremenda impotencia.

¿En qué ha cambiado Madrid desde entonces? O, dicho de otro modo, ¿qué ha dejado de ser Madrid y qué ha ganado?

Madrid siempre ha sido una ciudad resistente, la primera capital de Europa que se levantó, sobre todo la mayoría de clase trabajadora y media, contra las fuerzas invasoras de Napoleón. Ese sentido de insurrección y de solidaridad histórica fue el que se repitió en el 11-M, en la ciudad, su ciudadanía y sus situaciones. Sin ánimo de comparaciones, si Patria muestra lo que ha ocurrido en Vascongadas o Euskadi con ETA, La dulzura muestra para el que viva fuera de Madrid lo que sucedió ese día de infamia.

"Madrid siempre ha sido una ciudad resistente"

¿Cree que ha dejado de preocupar el terrorismo en España?

En absoluto. Tras padecer 50 años de la porqueriza etarra, ahora nos toca sufrir el ataque de la piara de yihadistas.

Pero, entonces, ¿ETA es ya el pasado?

Hasta que no se disuelva tiene capacidad de matar. Hay que seguir vigilante con los malnacidos.

Han pasado más de 20 años del asesinato de Fernando Múgica, su tío. ¿Cómo se convive con ese recuerdo, dos décadas después?

Mejor expresado, imposible. Jamás se supera, aunque se aprender a convivir con el doloso recuerdo.

¿Es posible el perdón?

Me remito a las palabras de mi padre: Ni olvido ni perdono. En mi condición de español, judío y agnóstico no puedo perdonar un acto de barbarie que nace del fanatismo.

"No puedo perdonar un acto de barbarie"

¿Se siente usted una víctima?

De lo contrario no escribiría un terceto de novelas que empieza con esta dedicadas a las víctimas del terrorismo. Según la ley, suelen ser familiares directos, y, cuando se asesina a políticos como mi tío, un socialista histórico, todo el resto de la familia se ve implicada. Eso también ocurre con las demás víctimas mortales, pues todas son iguales al margen del derecho establecido.

Volviendo a la actualidad. Ha hablado en alguna de las últimas entrevistas que ha concedido sobre la situación en Cataluña. ¿Qué opinión le merece el bloqueo político?

Ha sido el gran desacierto de los gobiernos del PP y el PSOE desde las intenciones levantiscas del honorable -ahora presunto ladrón y con hijos que lo han demostrado y han pagado cárcel- Pujol desde los primeros 90. Los sucesivos gobiernos de mi partido, el PSOE, y del PP, creyeron que el independentismo catalán se iba a convertir, como el vasco, en un péndulo político siempre leal a España (el apoyo a los Presupuestos de ambas formaciones es el mejor ejemplo). Lo tenían que haber visto venir. Se habla de presos políticos, del cobarde Puigdemont cuando en democracia no hay presos políticos. Que yo recuerde el mayor preso político fue un dirigente del PSOE que paso 19 años en la carcel bajo la dictadura franquista, Ramón Rubial. Lo que me desconcierta es que en las fuerzas independentistas no aparezca un interlocutor valido, con sentido común. Es necesario admitir que el adversario político, en mi caso los conservadores, puede tener razón y la tienen en alguno de sus postulados. Es bueno así mismo leer y estudiar todas las ideologías para escapar del sectarismo, por desgracia tan de moda.

"Es necesario admitir que el adversario político puede tener razón"

Hablemos de su libro y empecemos por el principio. Gadea es un personaje que desaparece en pleno atentado...

Desparece pero se ignora si está viva. Solo podía aparecer desde el principio para que los personajes que la han amado y a los que ha amado, sin conocer su paradero, la recuerden mirándose al espejo y, desde el amor, acepten sus errores y virtudes, condición indispensable para aceptar al otro. Aunque sea enemigo, desde lo humano, sin poner la otra mejilla.

¿Qué tiene de particular, por cierto?

Desprende amor y recibe amor. Además es una mujer con esquizofrenia paranoide, un estigma social a erradicar. Los llamados locos, ajenos a la galería, al que dirán y a la normativa social, afloran sin tapujos sus sentimientos de amor, no cómo los cuerdos. ¿Cómo no se les va a amar?

¿Qué se propuso con La dulzura?

Rendir un tributo a las víctimas de cualquier terrorismo, que tuviera una ritmo fluido, que pese a lo acontecido se leyese de una manera hermosa y que fuese, al cabo, un libro dulce, bello.

"El lector tiene el mismo derecho a rechazar mi libro que yo a crearlo"

Hace referencia a dos esferas poco normativas, el judaísmo y la enfermedad mental...

Tengo una herencia judía de la que estoy orgulloso, la que ha contribuido a la cultura de España, mi patria, a la que amo desde el tuétano del alma. Respecto a la enfermedad mental, además de lo dicho, considero que la historia con mayúsculas ni es cíclica ni la hacen los líderes. La realiza la espléndida y anónima mayoría, también la que pertenece a la derrota. No conozco ninguna gran novela donde el protagonista no tenga debilidades manifiestas, como la enfermedad de Gadea. Sin ánimo de comparaciones, reitero.

Dice que, con todo, su libro habla de amor. ¿Es posible o, más bien, es algo inevitable?

En un libro con aspectos trágicos solo el amor es la salvación. Ocurre lo mismo en la vida. Llegas a casa triste, tu mujer o tus hijos o tu Dios te abraza. La tristeza pasa a un segundo lugar y recuerdas las cosas bellas que te ofrecen los tuyos. Además el amor es el hijo de la libertad, el motor de la historia. No conozco a nadie enamorado que no sonría a menudo, lo que le alivia. De eso trata La dulzura.

Crear siempre duele. Este libro, ¿cuánto ha dolido?

La única forma de crear es desde la honestidad, desnudándose por completo frente a la hoja en blanco, y eso duele, debe hacerse reconociendo los fracasos de uno, el escritor. Pero también se dan pequeñas alegrías en este oficio de largo recorrido, los premios por ejemplo y el reconocimiento de cualquier lector, haber incrementado en él la capacidad de soñar, fabular, imaginar. Es algo que afirmo con humildad pero sin modestia.

Véndame su novela.

Solo me atrevería a decirle que se lea hasta la página 60 y que, si no le ha gustado, la tire a la papelera. Un lector o lectora tiene el mismo derecho a rechazar mi trabajo como yo a escribirlo. ¡Faltaría más!

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