"Cuando estas tortugas crecen, sus dueños las llevan a la
estación porque ya no las quieren en sus casas", afirma esta veterinaria. "La solución no es
abandonarlas, sino intentar que tengan un nuevo hogar". Para ello, hay diversas
organizaciones que se ocupan de darles otro hogar a estos animales, como la 'Asociación Nacional de Amigos de los Animales', el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona (GREFA) o el 'Centro de Recuperación de Animales
Silvestres' (CRAS), que cuenta con unas piscinas especiales para este tipo de seres acuáticos. "Muchas
veces veo marcadas a las tortugas. Siempre se nota cuando hay alguna nueva o un
grupo de nuevas", añade.
Internet es otra opción que ofrece Aznarte para que, si alguien no quiere seguir cuidando de su tortuga, le pueda encontrar otro hogar con responsabilidad. A través de la
red se pueden encontrar particulares que estén interesados en acoger estas
tortugas que muchas veces, por su enorme tamaño, son abandonadas a su suerte. "Cada vez más gente llama a Adif
(Administrador de Infraestructuras Ferroviarias) para saber si pueden adoptar.
Buscan tortugas grandes que no pueden conseguir en una tienda".
La empresa Adif también insiste en esta situación de abandono: "La función original
del estanque no era alojar ningún tipo de especie animal". Por ello, se han
realizado distintas reformas en las instalaciones a lo largo del tiempo para
mejorar la calidad de vida de las tortugas. Por ejemplo, se han ampliado los espacios
que utilizan para reposar fuera del agua y han intentado prevenir el
abandono de nuevos ejemplares sustituyendo la valla original por otra más
dynamica.
Aunque las condiciones del jardín sean favorables a
estos animales, el problema radica en que el número de tortugas puede llegar a ser excesivo, ya que desde la inauguración del invernadero en 1992 el estanque se ha convertido en un refugio improvisado para ellas.
"Llegará un momento que la piscina no tenga alcance para tantas tortugas
y será cuando surjan enfermedades que terminen con la vida de estos animales", advierte Aznarte. Afortunadamente, en los últimos años han descendido notablemente los casos
de abandono, por lo que no se ha planteado ninguna situación de
masificación que haga necesario tomar medidas al respecto, al menos por el momento. En la actualidad, "el estanque del jardín tropical, con sus tortugas, se ha convertido en uno de los emblemas de la estación", según reconoce la empresa, que no tienen previsto trasladarlas.
En este invernadero, además, conviven tortugas reproductoras,
por lo que todos los años se encuentran huevos. "Las pequeñas no las tira la
gente, sino que nacen aquí", afirma la veterinaria. Por ello, en
Atocha se pueden ver tortugas más pequeñas que una mano y otras que llegan a
alcanzar los cuatro kilogramos de peso.
El abandono de tortugas se extiende por
Madrid
La estación de Atocha no es el único lugar donde los
madrileños abandonan este tipo de animales. El parque Juan Carlos I, el Retiro
o la Casa de Campo son otros de los asilos para estas tortugas huérfanas.
Aunque, el problema surge cuando se depositan en pantanos o ríos.
Estos reptiles provienen de continentes fuera de nuestras fronteras, como Asia
o África, por lo que acaban destruyendo el hábitat natural de las especies
autóctonas. "La
estación de Atocha no tiene contacto con los ríos, por lo que el peligro al
espacio ecológico es menor frente a otros lugares", explica Aznarte. Aun
así, la veterinaria quiere trasnmitir a los ciudadanos que "el
abandono de los animales es totalmente ilegal. No es una opción".