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Placa de Miguel Jacinto Meléndez.
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Placa de Miguel Jacinto Meléndez. (Foto: Ayuntamiento de Madrid)

Fallece en su casa Miguel Jacinto Meléndez, pintor de cámara de Felipe V

domingo 25 de agosto de 2019, 09:05h

Miguel Jacinto Meléndez falleció en Madrid un 25 de agosto de 1734. Tras él, el pintor dejó una abundante producción artística de la corriente barroca española, y proyectos sin acabar.

Sus padres, Vicente Menéndez de Rivera y Francisca Díaz de Luxío, le habían criado en una familia acomodada y influenciada en gran medida por las artes, y en especial, la pintura. Así, su hermano fue el pintor miniaturista del rey Francisco Antonio. Meléndez, nacido en Oviedo, contrajo matrimonio en Madrid con María del Río en 1714, mujer de familia adinerada, aunque, años después, se casaría con Alejandra García de Ocampo en 1716.

Comienzos e influencias

Meléndez comenzó su carrera artística en el taller de José García Hidalgo y en la Academia del Conde de Buenavista, localizada en el palacio del maestro. En cuanto al estilo del pintor, en sus obras se aprecia el periodo de transición que caracterizó el arte del siglo XVIII. La tradición española es palpable en su obra, al ser continuador de la escuela del Siglo de Oro español. La temática religiosa empapa la mayoría de su trayectoria, como se puede observar en las diferentes versiones que realizó de la Anunciación y de la Inmaculada.

La influencia francesa es reconocible en su obra cortesana, debido a la llegada del nuevo monarca Borbón, el cual requería una pincelada más fina y sofisticada para mostrar la estética de la nueva casa real y de sus nuevas ideas.

A partir de 1712 Meléndez pasó a ser el pintor real, cargo que suponía realizar los retratos y representaciones pictóricas de la monarquía. Gracias a ello fueron muy numerosas las obras dedicadas a Felipe V, de María Luisa Gabriela de Saboya y de Isabel de Farnesio. Entre otros, el pintor también retrataría a los entonces infantes Fernando VI y Carlos III.

Más allá de la Familia Real

Por otra parte, Meléndez destacó por su producción ajena a la monarquía, como por el retrato realizado al Marqués de Vadillo, de 1729, localizado en el Museo de Bellas Artes de Austrias. Esta última obra es un ejemplo de la tendencia barroca madrileña que el pintor representaba.

Otra obra destacada es una de sus versiones de la Anunciación de su colección particular de gran formato. Curiosamente, esta última pintura fue atribuida durante un tiempo a Claudio Coello hasta que fue restaurada y entonces fue descubierta la firma de Meléndez. También fue autor de varias imágenes de devoción de pequeño tamaño, como La Virgen de la leche, en el Monasterio de la Visitación de las Salesas Reales de Madrid. Una segunda imagen de San Antonio de Padua, la cual se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Asturias, comienzó a dar pistas del cambio de corriente, que dirigía a los artistas hacia los comienzos del Rococó.

La obra más importante, sin acabar

La llegada de su muerte le robó la oportunidad a Meléndez de culminar lo que habría sido reconocida como la mejor de sus creaciones. El proyecto del autor consistía de dos cuadros de hasta siete metros de largo para el crucero de la iglesia de San Felipe el Real de Madrid. Los cuadros representaban los milagros de San Agustín en los episodios de la playa de la langosta y El entierro del Conde de Orgaz. Aun así, el Museo del Prado conserva algunos bocetos detallados de lo que habrían sido las obras.

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