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TAL DÍA COMO HOY

Sala Caracol, mural de la movida madrileña de magán95
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Sala Caracol, mural de la movida madrileña de magán95 (Foto: Juan Luis Jaén)

Seis años del adiós de PPM, fotógrafo de La Movida

miércoles 21 de noviembre de 2018, 18:30h
Una enfermedad fulminante acabó con el que fue retratista por excelencia de los iconos españoles de los años ochenta, Pablo Pérez-Mínguez. El extravagante fotógrafo murió tal día como hoy, a los 65 años pero dejando para la posteridad una obra que refleja la explosión y apertura de una generación a través de más de 20.000 fotos en las que inmortalizó el movimiento cultural de La Movida madrileña.
La lente de Pablo Pérez-Mínguez nunca renunció a su destino ni jamás ocultó su hambre de creatividad, de lo peculiar, de exceso y valentía; por eso Alaska, Pedro Almodóvar, Sabina o Carlos Berlanga fueron víctimas de sus disparos. Bocado a bocado, instantánea a instantánea y siempre colgada del cuello de su amo, la cámara de Pablo consiguió retratar la fauna de una generación que marcó la modernidad y la ruptura de una España que ebullía extravagancia para sacudirse el tono gris del franquismo que los abrigaba. En 2008, durante la presentación de Detalles invisibles, donde recogió su labor captada durante 40 años, confesó al diario El País que con la cámara se es capaz de "ennoblecer" un mundo "algo espantoso". Y así lo hizo hasta el día de su muerte, un 22 de noviembre de hace seis años como consecuencia de una enfermedad rápida y fulminante que lo hizo apagar su vida en el hospital San Carlos.

Pérez-Mínguez, bautizado a sí mismo como PPM (pobre, pero mítico), no sólo consiguió captar su perspectiva de una época mirando a través de un objetivo sino que lo potenció a partir de proyectos como el Photocentro, el Fotomuseo de Alcalá de Henares o también, gracias a la revista Nueva Lente, fundada junto al diseñador Carlos Serrano en 1971.

Ennoblecer un mundo desde su cámara le valió ganarse el respeto y agradecimiento de un movimiento que le impulsó a ser Premio Nacional de Fotografía de 2006 o a exponer durante los años 80 en innumerables galerías y centros como el Museo Reina Sofía, el Centro Cultural de la Villa, el Museo de Arte Contemporáneo o el Círculo de Bellas Artes.

"No eres nadie si no has sido fotografiado por PPM", admitió un Mario Vaquerizo que resume a la perfección lo que significó Pablo Pérez-Mínguez para un 'mundillo' que estableció su nucleo en Malasaña. "Sacaba fotos compulsivamente. Por eso puede ofrecer un testimonio de una manera casi continua", relató Luis Antonio de Villena, autor de la novela sobre la movida, Madrid ha muerto. En sus páginas sugiere que mientras "las imágenes de Pablo son positivas, mitificadoras de los personajes, ya fuesen músicos, actores o la masa de modernos anónimos".

Su obra nos deja a Marisa Paredes como Santa Teresa, un Almodóvar habituado al look bata con collar de perlas o a Fabio McNamara travestido de Fanny diva entre sus más de 20.000 fotografías. En definitiva, el resumen de su personal 'Belle Époque', que se conserva en cada una de sus instantáneas y que hoy, en muchas paredes anónimas, permanecen recordando cada día a su creador. No menos importante, su cámara, que reposa siempre fiel a quien mejor la alimentó.
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