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Sirena varada de Chillida en el primer museo al aire libre de Madrid.
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Sirena varada de Chillida en el primer museo al aire libre de Madrid. (Foto: Antonio Castro)

Punto de partida de la polémica sirena varada de Chillida

domingo 23 de septiembre de 2018, 09:00h
El 23 de septiembre de 1970 se inauguraba el paso elevado del paseo de la Castellana, una obra de ingeniería que sirvió para descongestionar el tráfico de la capital y dio inicio a una de las polémicas municipales más destacas de principios de los 70: la instalación en sus pilares de la escultura La sirena varada, de Eduardo Chillida.

La rápida expansión urbana experimentada por Madrid a finales de la década de los cincuenta trajo consigo un incremento del tráfico rodado por la capital y una nueva necesidad de comunicación entre las zonas Este y Oeste de la capital. En 1968 se aprobaba el proyecto de unir ambas secciones a través de un paso elevado entre las calles Juan Bravo y Eduardo Dato. Dos años después, el 23 de septiembre de 1970, quedaba inaugurado el paso elevado del paseo de la Castellana, que poco después albergaría el primer museo al aire libre de Madrid.

El proyecto, redactado por los ingenieros Alberto Corral López Dóriga, José Antonio Fernández Ordóñez y Julio Martínez Calzón, tenía en cuenta los aspectos estéticos en el diseño y construcción del puente, valorando el entorno urbano en el cual iba a estar situado.

Hoy por hoy, aún se considera una obra de ingeniería modélica. Con una longitud total de 320 metros, una anchura de 16 y una pendiente continua en todo el tablero, su trazado se caracteriza por una extraordinaria esbeltez y ligereza, que se logró gracias a los materiales y los métodos empleados.

De Alemania se importó el acero cotén con el que se construyeron las vigas de la estructura del puente. Sobre estas vigas se acoplaron placas de hormigón blanco. El contraste de texturas y colores entre el acero y el hormigón se ha convertido en una de las señas de identidad del paso. También se utilizó hormigón blanco para los pilares sobre los que se suspende el tablero, coronados, cual columnas, por yustes y capiteles.

El diseño de las barandillas, realizadas en hierro, se encargó al artista Eusebio Sempere. El entrecruzado de líneas entre las barandillas y el panel delantero produce, a medida que se desplaza el transeúnte, sensaciones visuales y de movimiento.

Tras el acto de inauguración, presidido por el ministro de la Gobernación, Tomás Garicano Goñi, y el por entonces alcalde de Madrid, Carlos Arias Navarro, "el puente de descongestión fue rápidamente invadido por la riada motorizada, poniéndose de relieve así su necesidad para una más fluida circulación rodada por la ciudad", destacaba ABC en la crónica del acto.

Un museo rompedor

Además de sumar fuidez al tráfico, la inauguración del paso elevado fue el arranque de una de las iniciativas culturales más destacadas -y polémicas- de aquellos años en la capital.

De las conversaciones mantenidas durante los dos años anteriores entre los ingenieros y Sempere, surge la idea de crear un museo de escultura moderna abstracta en la zona inferior del paso elevado. Era, en aquel momento, una idea revolucionaria por lo novedoso del concepto en las calles de Madrid. Sin embargo, el matiz económico convenció a las autoridades municipales: las obras serían donadas por parte de los autores o sus familias, gracias a la amistad que los unía con Sempere, por lo que el Ayuntamiento solo tenía que hacerse cargo del gasto de materiales e instalación.

La idea de contar con tan importante conjunto de obras, algunas de ellas de artistas muy destacados y realizadas expresamente para el novedoso Museo, y con un desembolso mínimo no podía ser más jugosa: el proyecto quedó aprobado menos de un año después de la inauguración del paso elevado, en el verano de 1971.

El propósito del Museo, según José Antonio Fernández Ordóñez , era "recuperar un espacio urbano para uso común, convirtiéndolo en zona de paso, descanso y esparcimiento y acercar al público el arte abstracto español, hasta el momento escasamente conocido".

Chillida, 'colgado'

Con todo a favor, echó a andar el Museo de Escultura al Aire Libre de La Castellana. Sin embargo, y a pesar de que quedó abierto al público en 1972, la inauguración oficial se retrasó por la intensa polémica generada en torno a la instalación de una de las obras: La sirena varada, de Chillida, especialmente creada para quedar suspendida entre los pilares del puente y que se convirtió en el asunto político del momento.

A pesar de los informes favorables de los ingenieros, el Ayuntamiento alegó razones de seguridad para oponerse de forma rotunda a que la obra se colgara del puente. De hecho, en abril de 1973, la sirena de Chillida se retiró de la ubicación para la que había sido concebida en abril de 1973 y empezó un largo peregrinaje que terminó en cinco años después. El alcalde José Luis Álvarez realizó un profundo estudio de las condiciones técnicas de los pilares del puente y decidió devolver la escultura a su ubicación original. Finalmente, los 6.150 kilos de hormigón de La sirena varada quedaron suspendidos del paso elevado de Castellana el 2 de septiembre de 1978.

Además de la polémica sirena, el museo alberga obras de Francisco Sobrino, José María Subirachs, Rafael Leoz, Eusebio Sempere, Andreu Alfaro, Marcel Martí, Gustavo Torner. Amadeo Gabino, Gerardo Rueda, Palazuelo, Miró, Alberto, Julio González y Pablo Serrano. El carácter abierto del Museo, configurado sin ninguna limitación de acceso ni de horarios, ha requerido que se le dotase de una cuidada iluminación para que las esculturas puedan ser contempladas también por la noche.

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