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TAL DÍA COMO HOY

Eduardo Propper de Callejón, apodado el 'Schindler' español.
Eduardo Propper de Callejón, apodado el 'Schindler' español. (Foto: Yad Vashem)

El diplomático madrileño que cambió la vida a miles de judíos durante la II Guerra Mundial

martes 09 de abril de 2019, 08:14h
Tal día como hoy en 1895 nacía en Madrid, Eduardo Propper de Callejón, diplomático en la Embajada de España en Francia que dio el pasaporte a la libertad y seguridad a miles de judíos que huían del horror de la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de que España fue país neutro durante la Segunda Guerra Mundial y no participó activamente en ella –la Guerra Civil acababa de asolar el territorio español–, hubo muchos soldados de diferentes bandos que decidieron unirse a otros ejércitos y combatir.

Y mientras muchos españoles decidían armarse y luchar en esta guerra, otros se decantaron por ayudar a aquellas personas que sufrieron el horror del nazismo: los judíos. Uno de estos “salvadores” es el diplomático Eduardo Propper de Callejón.

Nacido el 9 de abril de 1895 en Madrid, fue estudiante de Derecho en su Madrid natal y se matriculó en 1915 en la escuela diplomática. Bélgica o Austria fueron algunos de los países en los que trabajó antes de que comenzase la Segunda Guerra Mundial, que le sorprendió trabajando en la Embajada de España en París.

El Gobierno francés abandonó la capital e igual hicieron Propper y su familia, que se afincaron en Burdeos. Desde la desierta oficina del cónsul español en la ciudad gala, el diplomático madrileño comenzó su aplaudida acción de expedir visados a todos aquellos judíos que buscaban desesperadamente cruzar la frontera con España y huir del horror de la guerra; todo ello sin permiso del Ministerio de Asuntos Exteriores.

A pesar del nuevo traslado de la embajada a Vichy, Eduardo Propper de Callejón no cesó en su empeño de salvar a los más necesitados. Pero en marzo de 1941, Ramón Serrano Suñer ordenó la suspensión inmediata de Propper y su cambio de puesto a Marruecos.

Las recomendaciones y apelaciones de José Lucrecia, embajador en aquel momento, no sirvieron para hacer cambiar de opinión al ministro de Relaciones Exteriores, que no entendía por qué un funcionario español había sido reconocido con una medalla del gobierno francés por haber trabajado al servicio de los judíos.

Pasó por Rabat, Zúrich, Washington, Ottawa y Oslo hasta que se jubiló en 1965 y falleció siete años después en Londres.

El registro de todos los visados que expidió desapareció, pero en el recuerdo permanece la figura de este ‘Justo entre las Naciones’ –distinción que la institución Yad Vashem otorga a personas que merecen consideración y respeto por observar una conducta moral acorde con los Siete preceptos de las naciones–, que tantas vidas salvó durante la guerra.

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