www.madridiario.es

TAL DÍA COMO HOY

Paco, “fundador de la clase de bohemios de la raza canina”

jueves 21 de junio de 2018, 08:38h
Asistente asiduo a los toros, conciertos, zarzuelas, carreras de caballos y demás espectáculos en la ciudad, el perro Paco se convirtió en uno de los personajes más conocidos del Madrid de finales del siglo XIX por su desparpajo y comportamiento cual aristócrata humano. Su asesinato el 21 de junio de 1882 conmocionó a la sociedad madrileña del momento.

Madrid ha tenido desde siempre muchos habitantes ilustres, pero ninguno tan singular y especial como el perro Paco. Famoso durante el último cuarto del siglo XIX, Paco se ganó la simpatía de los vecinos de Madrid, que le obsequiaban a su paso con carne, pan, buñuelos o terrones de azúcar.

Su bautizo fue en el Café Fornos y su padrino el Marqués de Bogaraya. Sin pudor alguno, el pequeño can se adentró en el local en busca de algo que llevarse a la boca y el marqués sin dudarlo le alimentó, además de darle el nombre de Paco por ser el santo de ese día San Francisco de Asís.

Desde aquel día, Paco se convirtió en un cliente más del café, haciendo compañía a los comensales y pidiendo mesa por mesa algo para llevarse a la boca. No contento con la contemplación que recibía, pasaba antes de irse a dormir por el Café Suizo a hacer su última ronda para llenar la panza.

Poco a poco su fama fue creciendo. Se dejaba ver por el Teatro Real, el Teatro de la Zarzuela, la Plaza de Toros de Goya y demás lugares donde hubiese espectáculo para entretenerle. Los periódicos y gacetas de la época le convirtieron en más de una ocasión en protagonista de muchas páginas de los folletines.

El periodista Eduardo de Palacio describía al can en El Imparcial como si de un aristócrata se tratase: “Es un perro, al parecer, que viste constantemente de etiqueta: frac negro, muy corto de rabo, calzón ajustado, negro, a la portuguesa, media negra y zapato negro, y entre las solapas del frac asoma una pechera blanca como la nieve. Sus ojos son negros, también de etiqueta, grandes y expresivos como los de una mujer morena”.

Como un crítico de arte más, se sentaba en las butacas y atendía al evento como cualquier otra persona del público, y ladraba cuando aquello que veía no estaba a la altura de sus expectativas. Cuando iba a las corridas de toros –al parecer, su cita de entretenimiento favorita–, saltaba al ruedo si estaba disconforme con la faena del torero y se paseaba a su alrededor, dando volteretas al son de los aplausos del público.

El destino del toro fue para él

El 21 de junio de 1882, Paco se dirigió a la plaza como cualquier otra tarde para seguir la faena del novillero que toreaba aquel día: Pepe el de los Galápagos. Tras varios pases desafortunados y sin atinar, Paco saltó a protestar desde el tendido a la arena por la pésima actuación del torero.

El perro se enredó entre las piernas del de los Galápagos haciéndole tropezar y caer, cosa que le enfureció. Para acabar con las molestias que estaba ocasionándole, y por su incapacidad de acabar con la vida del toro, decidió sin titubear clavar el estoque al pequeño can dejándole agonizando.

El público, por irónico que parezca, comenzó a soltar improperios contra Pepe por su acción, gritando todo tipo de condenas. El novillero salió escoltado de la plaza mientras que Paco fue acogido por un veterinario que, tras varios días intentando sanar las heridas provocadas en la plaza, no consiguió salvar su vida.

Su muerte fue relatada en todos los periódicos de la ciudad, en los que se escribieron numerosas necrológicas dedicadas al perro aristócrata. Una de ellas, en el diario La Época:

“El perro Paco ha fallecido víctima de las dolencias que le aquejaban. El disecador Sr. Severini se ha encargado de embalsamarlo y el cuerpo inanimado de Paco será expuesto en el establecimiento. Después es probable que se venda en pública subasta y pase a figurar en el museo de perros célebres que debe crearse. Paco deja un vacío difícil de llenar como fundador de la clase de bohemios de la raza canina. Acompañamos a sus admiradores en su justo dolor y pedimos un castigo para el asesino”.

Paco estuvo expuesto en el Museo Taurino hasta su cierre en 1889 y después se cuenta que fue enterrado en algún punto del parque de El Retiro. En 1920, alguien propuso levantar un pequeño monumento en recuerdo al perro, pero tras recaudar alrededor de 3.000 pesetas, el promotor de la idea desapareció llevándose el dinero.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Madridiario

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.