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    21 de junio de 2021

San Isidro

Un verano sin fiestas en los distritos

Es magnífico criador de toros bravos, siempre en la línea de la máxima independencia y pensando en la afición y nunca en los enjuagues e intereses de los taurinos, que es Fernando Cuadri, además de una de las mejores pesonas dentro de la Fiesta, no tuvo la despedida que se merecía. En su última tarde en San Isidro como representante de una divisa que tanta gloria ha dado, sus pupilos, eso sí, de preciosas láminas, se rebelaron y le traicionaron con un pésimo juego que impidió el lucimiento da la tena compuesta por Rafaelillo, López Chaves -el único que destacó algo- y Chacón.

TAL DÍA COMO HOY

El 14 de junio de 1619 el papa Paulo V beatificó a San Isidro. Hasta 438 milagros se le atribuyen a lo largo de su vida y de manera póstuma, pasando de ser un humilde labrador a santo y patrón de la ciudad de Madrid, así como de los agricultores y campesinos.

SAN ISIDRO

Todo un regalo para los aficionados fue 'Carasucia', el tercer toro de la tarde, bravo y encastado, cuya lidia transcurrió con enorme emoción mientras le hacía frente con dignidad y arrestos Cristián Escribano, que hubiera estado mejor de no ser por el más que molesto viento, pero que lo mató a la última. 'Carasucia' recibió en el arrastre la mayor ovación dedicada hasta ahora a los bicornes durante el abono. También gustaron los siguientes funos, a diferencia de los dos primeros. Robleño anduvo con oficio e Iván Vicente desdibujado.

Un tremendo cornalón en la pierna derecha sufrió Román -que sustituía al herido Emilio de Justo- al entrar a matar al tercero de la tarde, un peligrosísimo toro de Baltasar Ibán, con el que había estado muy valiente. Desde un principio se vio que el brutal percance tenía aspecto de máxima gravedad, como así se confirmó, porque el animal sacó el pitón derecho ensangrentado de las entrañas del coletudo. El público, cariacontecido, pidió la oreja para el torero, que su cuadrilla le llevó a la enfermería. En una bronca corrida de 'ibanes', Curro Díaz cortó otra oreja y Pepe Moral anduvo espeso.

FERIA DE SAN ISIDRO

Es raro que una ganadería tan larga como la de Alcurrucén pegue dos petardos seguidos. Pero ya lo ha conseguido y a sus propietarios, los Lozano, hay que darles la 'enhoramala'. Porque si hace exactamente una semana el juego de los bureles fue penoso, este viernes fue peor: una auténtica moruchada general con una excepción, la del primero. Ante ellos se estrelló la terna de forma desigual. Porque únicamente el buen concepto clásico de Diego Urdiales pudo dejar algunos detalles, volutas de su estilo, ante su segundo. Ferrera, sin estar mal, no sacó todo lo que le ofrecía el que abrió festejo y Ginés Marín no tuvo opciones.

Es un tópico, pero por desgracia se cumple en demasiadas ocasiones. Sí, aquello de tarde de expectación, tarde de decepción. Que es lo que sucedió en el festejo de este jueves, con demasiado viento otra vez, en el que repetían dos de los matadores que han salido a hombros hasta ahora, Antonio Ferrera (merecidamente) y Miguel Ángel Perera (de regalo). Pero ambos, que fueron silenciados, anduvieron mal. No tanto como el pésimo y descastadísimo encierro de Puerto de San Lorenzo, auténticos mulos con cuernos. Se salvó un voluntarioso López Simón, que nos sacó del aburrimiento, con una buena faena y una paliza tras ser volteado por el tercero, ganándose la única ovación.

SAN ISIDRO

Momentos de terrible angustia se pasaron en los tendidos cuando el tercer toro de la tarde, cornalón y astifino, metió uno de sus pitones en el chaleco de Tomás Campos durante varios larguísimos segundos. Por fortuna, no le hirió y el chaval siguió porfiando ante el burel -que ya se lo había colgado del glúteo minutos antes igualmente sin herirle (foto)-, con un auténtico derroche de testosterona que impresionó al cotarro en un festejo en el que el flojo encierro de Las Ramblas poco permitió a la terna, sobre todo a Morenito de Aranda, con un lote infumable. Con una excepción, el bravo y encastado segundo, que se le fue a Juan del Álamo sin el triunfo que le ofrecía el bicorne.