21/05/2017@22:39:09
Si Antonio Ferrera no hubiera estado presente en el decimonoveno festejo de San Isidro, los pocos aficionados que quedan en la plaza de Madrid se habrían marchado a casa vacíos de toda emoción, con una mezcla de tristeza y cabreo por el rumbo que está tomando esta feria. Porque, una tarde más, la emoción brilló por su ausencia. Una tarde más se lidió una corrida mal presentada que no tuvo un ápice de sangre brava en las venas. Para no romper el sino del presente ciclo, el encierro de Las Ramblas fue manso, blando y descastado. Una corrida infumable a la altura de las últimas lidiadas por la divisa albaceteña en esta plaza.