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Imagen de un parto (Foto: El Parto Es Nuestro)

Secuelas físicas y psicológicas: el drama de la violencia obstétrica

miércoles 24 de noviembre de 2021, 07:37h

"Según ingresé pedí que me pusieran la epidural, me la pusieron sin problema, pero no me hizo efecto. Habían configurado mal la máquina, nadie se dio cuenta porque no hubo seguimiento. Llevaba cinco horas empujando sin epidural, me desmayaba, no tenía fuerza para sujetarme las piernas. Le pedí a la matrona que se quedara y me dijo que no. Estaba tan agotada que no podía ni abrir los ojos, entonces me dijo ‘como no empujes tu hija no va a nacer’. Para darle una oportunidad al parto natural me realizaron una maniobra que provocó que la ginecóloga sacara el cordon umbilical con su mano y generó un prolapso del cordón (el cordón umbilical se coloca antes que el bebé lo que puede comprometer su flujo de sangre). Empezaron la cesárea de urgencia sin vía ni epidural, una falta de previsión absoluta y un maltrato bestial. Sé que en mi caso salió casi todo mal, y digo casi porque mi hija no murió, pero habrá madres que les saliera todo mal. Mi pareja pensaba que se volvía solo a casa".

"Digo bien alto y claro que no quiero parir tumbada en litotomía – posición para parir tumbada con las piernas en alto – finalmente, la matrona me obliga a tumbarme. Tampoco quiero vía intravenosa, no deseo que me la pongan “por si acaso”. Viene una contracción, noto que me agarran el brazo y me ponen la goma para la vía. Siguiente contracción, la matrona introduce sus dedos en mí vagina para separar los labios y abrir más el canal del parto, cosa que me incomoda e intento cerrar las piernas para que deje de hacerlo, otra mujer me sujeta la pierna para abrirme y otras tres personas, mientras empujo entre llantos pidiendo que me dejen parir a mi bebé, me agarran la mano izquierda y me ponen la vía. La matrona me dice que me tiene que dar un punto, accedo y decide darme otro. Cuando se acerca la ginecóloga a ver los puntos escucho como le dice que no eran necesarios".

Son los testimonios de Nuria (nombre ficticio) y Elena, dos mujeres que esperaban dar a luz de forma respetada y recordar el día en que nacieron sus hijas como uno de los más felices de sus vidas. Sin embargo, su sueño se vio truncado con partos traumáticos que dejan tras de sí secuelas psicológicas que tardarán años en curar.

“Me contaron cosas maravillosas y no pasaron ninguna de ellas”

Nuria cuenta su historia con la voz temblorosa y asegura que tanto su pareja como ella sufrieron maltrato el día que dio a luz. Eran padres primerizos y les “pilló confiados" - asegura Nuria. "La que pagó el pato es mi hija, es lo que más me duele”, añade. En el centro de salud donde recibió la preparación al parto le “contaron un montón de cosas maravillosas y no pasaron ninguna de ellas”. Pasó horas en el paritorio con la máquina de epidural mal configurada, lo que hizo que no se administrara correctamente y no hiciera ningún efecto. Además, la maniobra que realizó la matrona era muy arriesgada y no informaron ni a Nuria ni a su pareja de los riesgos que esta podía acarrear. "No te informan de lo que te están haciendo, ni tienes la oportunidad de decir nada", reclama esta madre.

“La matrona apenas pasaba a la habitación, a pesar de que se trataba del único parto de la noche. Se iba al punto donde están las enfermeras a leerse un libro”. Durante este tiempo Nuria continuaba con contracciones, hasta que finalmente le realizaron una ecografía y vieron que su hija venía mal colocada lo que activó rápidamente el protocolo para hacer una cesárea. Además de la falta de previsión, le administraron oxitocina sin consultarle y le rompieron la bolsa. Nuria pidió el informe de su parto y, después de cuatro meses, sigue sin tenerlo. Madridiario se ha puesto en contacto con el Hospital Fundación de Alcorcón y estos aseguran que se puede acceder a la información del paciente a través de su email y que "existen mecanismos para poder aclarar, reclamar ante un desacuerdo con la atención recibida".

He tardado cuatro meses en hablar de esto sin llorar, sin derrumbarme. Cómo demuestro yo mis secuelas psicológicas si no hay una ley que me respalde. Cómo demuestro yo el maltrato psicológico por parte de la matrona. ¿Cómo demuestro que estoy aterrada a quedarme embaraza otra vez?”, narra Nuria entre lágrimas.

Consecuencias psicológicas después del parto

Elena, madre por segunda vez, cuando dio a luz a su primer hijo tuvo un parto más intervenido de lo que ella hubiera deseado por lo que decidió informarse, leer, investigar y asistir a cursos que le permitieran saber más acerca de los partos respetados. Por esta razón, Elena tenía muy claro que quería parir de pie, tener un pinzamiento de cordón tardío o esperar a que la placenta saliera sola. Nada de esto se respetó: “Hicieron lo que les dio la gana, que estaba en contra de lo que yo estaba manifestando. Lo dije bien claro todo y con mucho respeto”.

En el Hospital Quirón de Marbella, Elena asegura que recibió maltrato psicológico: “Todo era amenazándome con que nos podíamos morir mi hija o yo, todo el tiempo hablando de la muerte”. Al haber investigado acerca del tema, Elena disponía de mucha información, lo que motivó la burla de su matrona, que menospreciaba lo que decía bajo el pretexto de su experiencia de 30 años trabajando en ello. Elena también ha pedido el informe de su parto para denunciar el trato vejatorio que el hospital denominó como "percepciones suyas". Madridiario ha tratado de ponerse en contacto con ellos sin éxito.

Las secuelas psicológicas la siguen acompañando cuatro meses después: “Me hicieron dudar tanto de mí que, aun dándole todavía el pecho a mi hijo mayor, ya no sabía dárselo a la pequeña. Me asustaba por todo, me volví vulnerable. Yo creo que es consecuencia del trato que tuve durante el parto, me hicieron sentir tan insignificante”, confiesa Elena.

Un tipo de violencia contra la mujer no regulada

A pesar de haber vivido una experiencia tan dura en un día que esperaba recordar con alegría, Nuria cree que tuvo mala suerte y que “la violencia obstétrica existe, pero no la realiza todo el mundo”. Precisamente por ello, considera fundamental que exista una normativa que regule estos casos: “Esto no puede ser una lotería, no puede depender del médico que te toque. Tiene que estar regulado”.

Prácticas como la no obtención de un consentimiento informado, un descuido de la atención, el maltrato psicológico y procedimientos muy invasivos, que no sean estrictamente necesarios, se enmarcan en lo que se define como violencia obstétrica. Un tipo de violencia contra las mujeres que no está regulada a nivel estatal. En España solo una ley autonómica de Cataluña la recoge como forma de violencia machista pero no desarrolla de forma específica la violencia obstétrica.

Esta falta de regulación nacional ha hecho que desde el Ministerio de Igualdad se encuentren trabajando en la modificación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva para, entre otras medidas, tipificar la violencia obstétrica. En este proyecto, está participando El Parto es Nuestro, una asociación que lleva casi dos décadas comprometida con la mejora de las condiciones de atención a madres e hijos/as durante el embarazo, parto y posparto.

“Para nosotras no hay duda de que existe la violencia obstétrica, además está constatado por organizaciones como la ONU, la OMS o el Consejo Europeo, lo importante es tener esa base normativa para poder luchar contra ella y erradicarla”, asegura Susana Fernández, presidenta de la Junta Directiva de El Parto es Nuestro.

El 34% de las mujeres creen haber sufrido violencia obstétrica

En 2018 matronas de diferentes hospitales españoles llevaron a cabo un estudio sobre violencia obstétrica. Bajo la premisa '¿Violencia obstétrica en España, realidad o mito?' realizaron una encuesta a más de 17.000 mujeres que habían sido madres en España en los nueve años anteriores al momento de rellenar el cuestionario.

Sus respuestas revelaron que el 34 por ciento de las madres creían haber sufrido violencia obstétrica. Dado que el término puede resultar desconocido para muchas de ellas, destacan datos como que el 45,8 por ciento de las encuestadas decían que los sanitarios no solicitaron su consentimiento informado antes de cada técnica realizada. El 38 por ciento percibieron que habían recibido procedimiento durante el parto que no necesitaban o que bien podían ser perjudiciales.

Entre las prácticas que perciben las mujeres como injustificadas o innecesarias destacan la administración de oxitocina artificial, la falta de información, el impedimento a moverse libremente, separarlas de su bebé sano y la episiotomía - incisión que se hace en el perineo para abrir el canal de parto –.

Elaboración propia a partir de revistes.ub.edu

El reconocimiento de los profesionales

El reconocimiento de la violencia obstétrica no es bienvenido por parte de algunos profesionales que se amparan en que estas situaciones ya se regulan bajo el precepto de la mala práxis. Para la presidenta de la asociación El Parto es Nuestro, existen prácticas que van más allá: “Hay situaciones que violentan a las mujeres. Entendemos que es complicado que la acepten, pero el no reconocerla implica que se permita, que se siga ejerciendo”.

Incluso para las propias madres que han sufrido este tipo de violencia es difícil reconocerla, ya que en la mayoría de ocasiones estas mujeres se consuelan con que sus hijos estén sanos. “Está asumido que tienes que pasar por ciertas cosas, como por ejemplo la episiotomía, cuando debe tener una incidencia de menos del 20 por ciento. Ha llegado momentos en este país que hemos tenido 90 por ciento- argumenta Susana - hemos asumido que estas cosas son así”.

“Qué triste y que extraño es asumir que esto es lo que hay, que así se hacen las cosas”, confiesa Teresa Muñoz, matrona desde hace más de 50 años. De ellos, unos 15 los desarrolló en el Hospital La Paz, donde asegura que vivió de primera mano la violencia que sufrían las mujeres durante el parto, lo que le llevó a irse fuera de Madrid.

Mujeres en una reunión de El Parto Es Nuestro

Es un delito infringir violencia obstétrica. No se puede ocultar, ni obviar. Se silencia, con lo cual, son delitos que quedan sin su justo castigo”, afirma rotundamente la matrona. “En las prácticas de tercero de carrera tuve mi primer contacto con la violencia obstétrica, me quedé alucinada”, Teresa asegura que pronto se dio cuenta de que “las cosas se hacían mal” y que cuánto más respetaba y apoyaba a las mujeres mejor parían estas. “Es maravilloso y al tiempo doloroso: puedes hundirla en la miseria o puedes hacerla una reina”.

Para la profesional, prácticas tan habituales como la episiotomía o parir tumbadas son parte de la violencia obstétrica. “A las mujeres las hacemos parir tumbadas, con las piernas en alto, en contra de la gravedad. Es lo más anacrónico que te puedas imaginar, mínimo desde los años 70 está demostrado que se pare mucho mejor en vertical”.

Lo mismo con las episiotomías, “a mí me enseñaron en la escuela que una madre primeriza no podía dar a luz sin cortarla” pero Teresa asegura que solo se debe hacer en casos extremos, ella misma ha asistido muchos partos sin tener que realizarla.

En cuanto a los profesionales que rechazan el término de violencia obstétrica, Teresa entiende que reconocerlo implica por tanto “confesar que se lleva haciendo mal mucho tiempo y eso en un profesional de la salud, que cree que lo está haciendo bien, resulta difícil”. Para ella, parte del problema radica en la formación, momento en el que se enseñan conceptos y teorías que quedan obsoletos. Por ello, entiende que “es fundamental la formación de los profesionales, pero también cambios en los paradigmas de la sociedad”. De hecho, ella misma reconoce que durante su carrera tuvo primero que “desprender para aprender”

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