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EXPOSICIÓN

Clase de diseccion de Ramon y Cajal tomada en 1915
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Clase de diseccion de Ramon y Cajal tomada en 1915 (Foto: Alfonso)

La memoria visual del fotógrafo Alfonso, testigo de la historia del siglo XX

domingo 01 de diciembre de 2019, 09:16h

El centro cultural La Fábrica acoge una exposición de 23 instantáneas de Alfonso Sánchez García, el primer gran fotoperiodista español y de considerable influencia tanto en las primeras décadas del siglo XX como posteriores. Con su cámara y un ojo sin precedentes inmortalizó a las más emblemáticas figuras de su época; personajes como los hermanos Machado, Ramon y Cajal, Federico García Lorca o Alfonso XIII, son solo algunos. También documentó hitos fundamentales de nuestra historia de la primera mitad del siglo XX como el Desastre de Annual en 1920, el día en que asesinaron a Canalejas, la proclamación de la Segunda República en 1931 o la Guerra Civil de 1936. La muestra, a cargo del comisario Chema Conesa, está disponible hasta febrero de 2020.

Dicen que en periodos de cambio nacen las mentes más brillantes y las primeras décadas del siglo XX español estuvieron marcadas por grandes agitaciones políticas y convulsiones sociales. La necesidad de una gran documentalista, un fotógrafo con un ojo excepcional y una visión cotidiana pero trascendental fue la carta que Alfonso supo jugar en una trayectoria absolutamente necesaria para la historia política, artística y documental, es decir, la memoria colectiva española. Desde la monarquía de Alfonso XIII a la Segunda República, pasando por el Golpe de Estado de Primo de Rivera, y de colofón la dictadura militar de Francisco Franco. Estos hechos no pasaron desapercibidos para un reportero que apuntaba maneras desde muy joven: discípulo del famoso retratista del momento, Manuel Compañy, entró a trabajar en su estudio en 1897, avalado por la fama de ser uno de los mejores de su profesión en Madrid lograda a la corta edad de 17 años.

Su visión del mundo, marcada por su paso como corresponsal de guerra en 1909 en Marruecos, no se limitó únicamente a los grandes astros y espectaculares acontecimientos. Buena parte de la esencia de su obra reside en sus fotografías más tradicionales, con estampas costumbristas llenas de vida y que le granjearon definitivamente un hueco en la historia gráfica de España. Algunos ejemplos son 'Fiesta popular' en la que plasma la cultura del baile popular en una fiesta madrileña, 'Escenas del Manzanares' una imagen metafotográfica de varios bañistas posando en el río, o 'Violinista con perro' en la que capta sin filtros el espíritu de superviviencia de esos años. Todas ellas están disponibles para su disfrute y su compra en la galería de La Fábrica. Mediante estas instantáneas hace un retrato de la sociedad muy cercano, prácticamente palpable, en el que sus protagonistas son figuras anónimas capaces de mostrar la realidad de forma cruda, es decir, en toda su riqueza de matices, revolucionando además el lenguaje del fotoperiodismo y aportando un legado visual único.

Estas imágenes muestran un intenso recorrido por la historia de España de comienzos del siglo XX, con Madrid como punto central donde tenía su estudio primero en Fuencarral número 6 (ahora 4) y el lugar en el que trabajó para ABC, La Voz, El Imparcial y Mundo Gráfico entre otros medios. Cuando fue destruido por un obús durante la Guerra se trasladó al número 20 de Gran Vía, estudio-museo de la marca Alfonso desde 1939 hasta 1990. En esta etapa, sus hijos, que habían aprendido desde jóvenes la profesión, se encargarían de mantener viva la marca, sobre todo, 'Alfonsito' Sánchez Portela.

Varias láminas de Alfonso, de incalculable relevancia para el imaginario visual español, se pueden disfrutar en La Fábrica, tales como el retrato del pintor 'Joaquín Sorolla en su casa de Madrid' en 1919, 'Antonio Machado en el café de las Salesas', 'Ramón y Cajal en una clase de disección', o el dramaturgo 'Ramón de Valle-Inclán paseando por Recoletos'. Su famosa foto de la 'Mujer lavando en una tina en la buhardilla' mereció en 1904 el Primer Premio de la Exposición de Artistas Fotógrafos en Nueva York.

El fin de la carrera de este importante fotoperiodista llega con la censura franquista en 1939, cuando a él y a su hijo, Alfonso Sánchez Portela, les es retirado el carné de periodista. A partir de ese momento no volvería a ejercer como reportero gráfico y tendría que relegarse únicamente a su faceta de retratista. En 1952 volvió a ser habilitado aunque moriría tan solo un año después por cáncer de pulmón. No obstante, su herencia fue ampliada y recogida cuidadosamente por Alfonsito, quien en 1990 dejó al Archivo General de la Administración una obra que debe ser conservada como uno de los grandes tesoros de nuestra historia y nuestra cultura.

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