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Madrid en datos: Densidad de población

De la Coslada 'colmatada' a la soledad de Puebla de la Sierra
(Foto: Kike Rincón)

De la Coslada 'colmatada' a la soledad de Puebla de la Sierra

martes 28 de junio de 2016, 07:43h
El del reparto de la población en la Comunidad es un mapa altamente contrastado. El voraz hacinamiento de Madrid y su área metropolitana se prolonga radialmente por la geografía regional hasta perder intensidad y romper en la orilla de las sierras y los páramos que la circundan, el coto residencial de un puñado de personas. ¿Qué conlleva estas diferencias?

Imagínese, por un momento, El Retiro. Imagíneselo de noche, con las puertas cerradas, con usted dentro y completamente solo (o sola), sin hallar a nadie más ni en las barcas del estanque, ni en el Palacio de Cristal, ni a los pies del Ángel caído o merodeando entre las ruinas de la fábrica de porcelana. Nadie más que usted en un kilómetro cuadrado a la redonda, que es lo que, en números redondos, mide el parque. Si consigue imaginárselo, entonces podrá saber cómo pueden llegar a sentirse los habitantes de la Sierra del Rincón, al noreste de la región. Esa es, a la luz de los datos más recientes, la zona más despoblada de Madrid.

Ahora imagínese el mismo recinto, si quiere de día, y con más de 7.000 personas girando a su alrededor, con los puntos más señeros del parque repletos de turistas y vecinos. Entonces, esa sensación de compañía permanente y sin escape adquirirá cierto regusto metropolitano. Entre ambas escenas cabe toda una Comunidad, que se muestra aquí como el mejor inventario de concentraciones condicionado por los asimétricos desarrollos industrial y terciario, siempre radial y con la capital como centro y con una cierta querencia por el 'cinturón rojo' y el Corredor del Henares.

Densidad de población por municipios en la Comunidad de Madrid
(Elaboración propia con datos de 2015, en habitante por kilómetro cuadrado)

“Se trata de una distribución extraordinariamente desigual”, explica Carlos Manuel Valdés, profesor de Geografía en la Universidad Carlos III. “No es de extrañar, teniendo en cuenta la existencia de una ciudad tan relevante como Madrid”, agrega. “En prácticamente cualquier país del mundo, la existencia de un centro dinámico (una capital política-administrativa desde hace siglos en este caso) implica una concentración de actividad económica y de población que suele contrastar con otras áreas de la misma unidad administrativa”. Madrid es, en síntesis, un gigante extractor coronado por ”tres vértices extremos” (norte, suroeste y sureste) más bien solitarios.

Aunque la densidad demográfica es un indicador puramente estadístico (expresa el número de personas por unidad de superficie), no es menos cierto que, como explica el especialista, “puede cobrar rango de elemento de diagnóstico, e incluso de elemento de análisis con cierta carga ideológica”.

A la espera de un inquilino

Pensemos en uno de esos vértices. Los diez municipios con menos población de la Comunidad suman, según datos de 2015, 782 vecinos. Los diez se encuentran en la punta norte de la región y, en conjunto, han perdido más de un centenar de almas desde que empezó la crisis en una tendencia descendente e incierta. Aunque para el cálculo de la densidad es fundamental el factor de la extensión del término municipal, todos ellos se encuentran en el estrato más bajo de concentración de población. Madarcos, Robregordo, La Hiruela, La Acebeda, Somosierra, La Serna del Monte, Horcajuelo de la Sierra, El Atazar o Robledillo de la Jara dibujan un enclave agreste, limpio y abrupto que sirve de mirador sobre Madrid. Junto a ellos, Puebla de la Sierra se hunde como la capital, en términos de mínima densidad de población, de esa porción geográfica: sólo 1,29 habitantes por kilómetro cuadrado en ese reino de silencio.

Aurelio Bravo, su alcalde, pone el dedo sobre la llaga. "Hemos pasado de 110 habitantes a poco más de 70 en unos años", destaca. "Tenemos todas las restricciones del mundo para construir vivienda o industria y las comunicaciones -no sólo de carretera, también por teléfono o internet- son fatales. Sin embargo, nada de esto se traduce en ayudas para crear más puestos de trabajo", añade.

El Consistorio tuvo que pedir un crédito hace unos años para comprar una planta de tratamiento de madera que la Mancomunidad no podía mantener. Ese 'polo' industrial, que le hace figurar como el municipio con más deuda por habitante de Madrid, da trabajo hoy a dos personas, según Bravo. "La gente se marcha a otros sitios donde hay más oportunidades. Aquí tenemos un proyecto par el aprovechamiento de la jara, que es muy abundante y se regenera rápido, pero hacen falta los medios y el Ayuntamiento no tiene posibilidades de financiación: necesitamos un empujón por parte de la Comunidad", destaca.

Las cualidades naturales excepcionales de este entorno ofrecen un balón de oxígeno en los meses de vacaciones, cuando el turismo rural hace su agosto (discreto, en términos absolutos) de la mano de desconocidas rutas o la alegría de las verbenas patronales. Después, la llegada del justiciero frío, devuelve estos municipios a la soledad. "El Ayuntamiento tiene viviendas para alquilar a quien se decida a venir a trabajar, pero la gente sólo pregunta para venir en vacaciones", se lamenta Bravo. Los cacos lo saben. Hace unos años, hubo una oleada de robos en la zona. Sin embargo, la instalación de unas cámaras para controlar el tráfico han servido colateralmente para ahuyentar a los amigos de lo ajeno.

El falso pueblo abandonado

La falta de población afecta con dramatismo similar a otras zonas de la región. La mitad de su listado de municipios está por debajo del límite de los cien habitantes por kilómetro cuadrado, como padecen largas extensiones castellanas que elevan ese hecho a rasgo identificativo.

Sirva de ejemplo que, hace sólo unas semanas, una multinacional fabricante de coches convocó a la prensa a la presentación de su último modelo en un supuesto pueblo abandonado. "Casas olvidadas por el tiempo, una iglesia imponente sin nadie que replique sus campanas, una plaza mayor que años atrás fue centro social para numerosas personas, caminos zigzagueantes repletos de tierra, piedras y matorrales... Así es Fresno de Torote", rezaba su atractivo comunicado. Sus más de 2.000 habitantes reales no debieron parecer suficientes a la compañía, que se dejó seducir por esa imagen devastada contra la que se revuelven no sólo en la vertiente llana del este, también en todo el poniente madrileño.

Espacios problemáticos

Repasemos la teoría. “Las densidades muy bajas son leídas casi siempre como áreas en las que las posibilidades de inversión se reducen”, explica Manuel. Por el contrario, “y sobre todo si estamos hablando de espacios urbanos”, las concentraciones muy elevadas de población han sido tradicionalmente entendidas “como espacios problemáticos, lo cual en buena medida es cierto”. En el siglo XIX se llegó a apuntar que esta masificación era “sinónimo de mortalidad extrema, al menos potencialmente”.

Sin embargo, hoy, muchos urbanistas critican la profusión de grandes urbanizaciones de viviendas unifamiliares “por el exceso de consumo de recursos que implica, al menos en el escenario tecnológico actual”, agrega. A principios del XX, las grandes petroleras hicieron ‘lobby’ a favor de modelos así, tipo ‘suburb’, pues su generalización terminaría por aumentar la dependencia de los ciudadanos del tráfico rodado. “Aunque resulte algo paradójico, hoy lo "moderno" en técnica urbanística pasa por la reivindicación de modelos urbanos mucho más compactos que la imagen que percibimos en muchas de las periferias de las ciudades occidentales”, detalla el experto.

De nuevo en el mapa regional, tras el grupo de los menos densos, más de medio centenar de localidades de lo más variopinto sirven de puente hacia los núcleos más condensados. El Escorial, Aranjuez, Navalcarnero, Colmenarejo, Villaviciosa de Odón, Ciempozuelos, Algete, Arganda del Rey o Colmenar Viejo trazan una línea ascendente con más o menos carencias hasta el selecto grupo de municipios que superan la segunda barrera mental, la de los mil habitantes por kilómetro cuadrado. En esa última franja se sitúan sólo 25 localidades de las 179 que hay en la Comunidad, entre las que están las más pobladas, un factor que desequilibra aquí la balanza y que las privilegia a la hora de acceder a servicios e infraestructuras.

GALERÍA: Coslada, capital de la densidad

Coslada colmatada

Alcorcón, Móstoles, Fuenlabrada, Parla y, en menor medida, Leganés y Getafe crecen desde hace décadas a ritmo de ampliación urbanística, llegando a cifras de concentración humana similares a las de la capital, plata en esta clasificación. Sin embargo, es Coslada, con 'sólo' 87.000 habitantes pero con uno de los términos municipales más reducidos de la región, el que se lleva la palma. El municipio está "colmatado casi en su totalidad", según reconocen desde los servicios técnicos del Consistorio.

"El Ayuntamiento dispone de escaso margen de actuación para modificar la densidad de población", informan. La reordenación del territorio y la mejora de la dotación urbana son las únicas herramientas disponibles para paliar los "efectos adversos" de esta alta concentración que, según fuentes de Urbanismo, se acepta con "normalidad".

El adelgazamiento demográfico que ha ejecutado la crisis aquí se ha cebado con la inmigración. El regreso de numerosos ciudadanos de origen rumano a su país -Coslada era su tercer punto predilecto en España, según datos municipales- ha aflojado la tasa.

Sin embargo, a día de hoy, Coslada sigue representando el símbolo de un estilo de crecimiento que ha privilegiado la alta concentración -su enladrillada y concurrida plaza mayor de hasta seis alturas es buen ejemplo de ello-. Un estilo, en definitiva, común a muchísimas localidades que consiguen enmascarar sus tasas de hacinamiento con hectáreas verdes, pero que ha modificado para siempre el aspecto de la región y la vida de sus ciudadanos.

“Somos muchos”

Como resume Manuel, “hablar de población es hablar de su ordenación y organización". Eso implica indagar en "técnicas y medidas que deberían buscar el máximo bienestar de los ciudadanos”. El problema, advierte, es que no hay una receta mágica universal.

“Seguramente, las ciudades más habitables estarían comprendidas entre los 150.000 y los 250.000 habitantes” estima. Madrid, por ejemplo, “es ya mucho más que eso", y, sin embargo, "un volumen de población muy importante vive en condiciones realmente ventajosas, sobre todo si nos establecemos en un marco de comparaciones con otros ámbitos”, valora. Preguntado por cómo plantear cambios de modelo a escala regional, el investigador lo ve “difícil” toda vez que la población del área metropolitana madrileña rebasa desde hace tiempo la barrera asociada a fórmulas de calidad de vida alta: “Somos muchos”, resume.

No obstante, algo parece claro. Los contrastes en el mapa autonómico no deberían conllevar unas condiciones peores para los habitantes alejados del “dinamismo” de la metrópolis, principalmente los de la sierra. Lo suyo sería compensar esas pérdidas con acciones que propicien cambios en el territorio. “Sería una forma de demostración de una elevada madurez democrática, y sin embargo creo que para eso queda todavía mucho recorrido”, reconoce el profesor. En todo caso, las claves para una buena calidad de vida, aquí y en cualquier rincón, se sitúan más allá de los indicadores de densidad. Vienen dadas por otro tipo de circunstancias que, en definitiva y casi siempre, como recuerda Manuel, acaban vinculadas a “voluntades políticas en sentido amplio”. El cambio, si es que se puede controlar, está ahí.

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