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Pablo Casado, líder del PP, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid
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Pablo Casado, líder del PP, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y José Luis Martínez Almeida, alcalde de Madrid (Foto: Chema Barroso)

La herencia de Casado: un partido roto, hiperliderazgo de Ayuso y Vox en el retrovisor

Por Alejandro Navas
miércoles 23 de febrero de 2022, 07:43h

La inminente dimisión de Pablo Casado supone la cristalización de una crisis que comenzó a fraguarse a finales de agosto de 2021, cuando la presidenta de la Comunidad de Madrid expresó su voluntad de presidir el Partido Popular en Madrid. Seis meses más tarde, después de una semana frenética plagada de acusaciones cruzadas, la cabeza del partido cae derrotada ante el desprecio y repudio de los barones, que lo han abandonado. Casado y Teodoro García Egea acusaron a Díaz Ayuso de haber facilitado a su hermano un trabajo a través de un contrato público y hoy, a pesar de que la Fiscalía Anticorrupción ha abierto diligencias, ellos y el partido sufren las consecuencias. El presente del PP es el músculo de Ayuso y la moral de Alberto Núñez Feijóo.

La reunión de hoy entre Casado y los líderes territoriales puede ser la última del presidente nacional de los populares. En este encuentro, que será por la tarde, acudirán todos los barones menos uno. Isabel Díaz Ayuso no está invitada porque no preside el PP de Madrid, circunstancia, por cierto, que ha supuesto un elemento principal en esta guerra desde el principio. Será en el transcurso de esta reunión donde Casado planteará oficialmente la convocatoria de un congreso y su previsible dimisión. Además, se espera que aclarará una incógnita: si se presentará o no a su reelección.

Su entorno se ha vuelto contra él. Desde el Grupo Parlamentario Popular del Congreso de los Diputados, hasta su equipo directivo, pasando por los barones territoriales. Todos piden lo mismo: su dimisión y la convocatoria de un Congreso Nacional con carácter extraordinario. La solución aparente es que Alberto Núñez Feijóo tome el mando, cuando se celebre ese congreso, y que mientras tanto se designe a una gestora que dirija el partido.

El reguero de renuncias se extiende ante los pies de Pablo Casado. Su mano derecha de ya ha dimitido. El exsecretario general, Teodoro García Egea, ha sido el blanco de muchos odios internos en el partido y ante la magnitud de la presión ha decidido dar un paso atrás. José Luis Martínez Almeida tampoco es ya el portavoz nacional del partido. Según ha declarado, quiere dedicarse a la ciudad que gobierna, después de un año y medio encarnando la cara y la voz del partido. También, la presidenta del Comité de Derechos y Garantías ha abandonado su puesto. Andrea Levy solo acumula ya el cargo de concejala y Delegada de Cultura del Ayuntamiento de Madrid.

Isabel Díaz Ayuso y Teodoro García Egea, en un Pleno de la Asamblea

La Fiscalía investiga el contrato vinculado al hermano de Ayuso

Mientras Casado vive sus peores momentos políticos por sus acusaciones a Díaz Ayuso, la Fiscalía Anticorrupción actúa. El órgano judicial ha iniciado una investigación preliminar sobre el contrato de 1,5 millones de euros a la empresa Priviet Sportive S.L. por la compra de mascarillas en la primera ola de la pandemia y del que se habría lucrado el hermano de Isabel Díaz Ayuso a cambio de una "contraprestación laboral", por sus gestiones para conseguir el material sanitario.

Así, la investigación preliminar va a concentrarse en la adjudicación del contrato, realizada por la vía de emergencia en el marco de la pandemia, en los movimientos bancarios y en las declaraciones fiscales de Tomás Díaz Ayuso. Las diligencias se han iniciado por la Fiscalía Especializada a raíz de las denuncias presentadas el pasado viernes por PSOE, Unidas Podemos y Más Madrid en las que se pedía se investigara el contrato de emergencia vinculado al hermano de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Una vez realizado ese primer estudio, el Ministerio Público considera que puede haber trascendencia penal en la conducta y por lo tanto incoa diligencias de investigación. A partir de ahora se abre la posibilidad de que se puedan practicar actuaciones tales como requerimientos y declaraciones. En este punto, estos tres partidos ya han anunciado que volverán a acudir a esta Fiscalía para aportar más información.

Por su parte, el portavoz del Grupo Parlamentario Popular, Alfonso Serrano, achaca la apertura de una investigación por parte de la Fiscalía Anticorrupción a que "depende de quién depende" y ha puesto en duda la imparcialidad de este órgano judicial. Según el portavoz, que el viernes pasado declaró que pensaba que las denuncias de la oposición iban a ir "a la basura", el inicio de diligencias es "lo que se suele hacer en todos los procedimientos". Sobre la aportación de información por parte del equipo de Isabel Díaz Ayuso a la Fiscalía, Serrano entiende que "habrá que esperar a ver lo que nos dicen", aunque desconfía del buen hacer de la institución.

Cronología ágil de la crisis

El pasado jueves comenzó la caída libre. A primera hora de la mañana El Mundo y El Confidencial revelaban una presunta trama de espionaje de Génova a Sol. El objetivo era derribar a Díaz Ayuso mediante un dossier elaborado por una agencia de detectives. En él se habría recopilado pruebas documentales sobre un contrato público de 1,5 millones de euros adjudicado a la empresa Priviet Sportive S.L., y por el que el hermano de la presidenta habría cobrado una comisión de hasta 286.000 euros.

Aquel día, sobre las 13:30, la presidenta de Madrid defiende su “honradez política”, niega ningún trato de favor a ningún miembro de su familia y arremete contra la Dirección Nacional de una forma cruda y tajante. “Nunca me imaginé que mi partido me iba a tratar de una forma tan injusta y cruel”, dijo. A las 15:00 salió el secretario general del partido, Teodoro García Egea, en rueda de prensa para anunciar la apertura de un expediente informativo y el estudio de medidas legales ante esa vinculación del hermano de Díaz Ayuso con el contrato público. La crisis pasó a ser pública y palpable.

Isabel Díaz Ayuso, en una imagen de archivo

Durante la mañana del viernes se atravesó el punto de no retorno en Cope. Casado expresó que no era “entendible” que durante la primera ola de la pandemia se contratara con una empresa amiga del hermano de Díaz Ayuso y apuntó a un posible delito de tráfico de influencias. Después, fue la dirigente regional la que intervino para volver a defender su honor político, para negar cualquier intercesión por su parte para la adjudicación de ese contrato y para negar la vinculación de su hermano. Sin embargo, al mediodía, la jefa del Ejecutivo regional transmitió un comunicado en el que revelaba que su hermano sí tuvo una vinculación comercial con Priviet Sportive S.L. y que cobró 55.850 euros más IVA por una “contraprestación laboral” por su gestión en el acopio de mascarillas en China. Además, reveló que su hermano había emitido otras tres facturas que “no tenían relación con la Comunidad de Madrid”, por lo que decidió no informar sobre ellas. La aportación de esta información, sumado a la dimisión de Ángel Carromero, presunto fontanero de la trama de espionaje, situó a la Dirección Nacional en el lado más débil de la balanza.

Tal y como se supo más tarde, aquel día Casado y Díaz Ayuso se reunieron. El objetivo era llegar a algún tipo de acuerdo para enterrar el hacha de guerra y no provocar más desgaste al partido. Aún así, no hubo consenso y durante el fin de semana se produjo un intercambio de mensajes entre Génova y Sol para elaborar un comunicado conjunto que nunca llegó a ver la luz, por desacuerdo entre las partes. Mientras, los barones comenzaban a mostrar flaqueza en su apoyo a Casado. Una flaqueza que se ha materializado en una presión descomunal pidiendo su cabeza y la de Egea, además de en un clamor general hacia Alberto Núñez Feijóo para que tome las riendas del partido.

Casado, el renovado

Pablo Casado asumió la presidencia del Partido Popular en julio de 2018, venciendo a Soraya Sáez de Santamaría y sucediendo a Mariano Rajoy. Consiguió el puesto gracias a unas primarias, las primeras que ha celebrado el partido a nivel nacional. Llegó después de la sentencia de la Gürtel y de la posterior moción de censura que convirtió a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno de España. Desde entonces, la formación ha ido enfrentándose a retos que no se han superado a nivel nacional. Con el liderazgo de Casado el Partido Popular obtuvo el peor resultado de su historia, debido a la pugna con Ciudadanos y Vox, aunque ese resultado pudo mejorarlo después, en las elecciones generales de noviembre de 2019 donde consiguió 89 escaños, los que tiene ahora.

Durante estos tres años y medio de mandato, la estrategia de pactos de Casado ha cambiado en varias ocasiones. La primera vez, cuando Vox promovió una moción de censura contra Sánchez por su gestión de la pandemia. Aquel día, las palabras de Casado hirieron a Santiago Abascal, provocando un gran malestar en ciertas facciones de su partido que entendían que el bloque conservador en España debía estar unido y no dejarse llevar por las críticas de la izquierda nacional ni de la derecha europea. Aún así, los gobiernos autonómicos del Partido Popular en coalición con Ciudadanos y en asociación con Vox ofrecían otra versión de la posición real de los populares.

Pablo Casado, en una comparecencia ante los medios de comunicación

Desde aquel discurso contra Abascal en el Congreso de los Diputados, Casado volvió a recuperar el ritmo opositor y trató de convertir a Pedro Sánchez y sus socios de Unidas Podemos y de formaciones nacionalistas en el blanco de sus críticas. Sin embargo, con las recientes elecciones de Castilla y León, la Dirección Nacional volvió a cambiar de estrategia. Ya no valían los pactos y acuerdos con Vox, que pedía y pide entrar en el Gobierno. De alguna forma, los virajes ideológicos y las preferencias en los compañeros de viaje son elementos que desde dentro y fuera del partido han jugado un papel esencial en su apoyo o rechazo.

La guerra con Díaz Ayuso ha sido el culmen. La negativa por parte de su ejecutiva de adelantar el congreso para que la presidenta de Madrid cumpliera su deseo de presentarse como candidata a presidir el PP regional ha supuesto el germen de una batalla que ya se ha cobrado muchas víctimas políticas. La presunta trama de espionaje, desvelada de forma interesada a rivales políticos y a medios de comunicación, ha sido la puntilla a una relación política y personal. Pablo Casado no tiene margen de maniobra y su salida difícilmente será entendida como honrosa.

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