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Cuarta Pared: premio a la alternativa
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(Foto: Antonio Castro)

Cuarta Pared: premio a la alternativa

viernes 25 de septiembre de 2020, 10:23h

La concesión del Premio Nacional de Teatro a la sala Cuarta Pared reconoce un esfuerzo continuado y coherente por ofrecer a Madrid un tipo de teatro que, en su momento, llamamos alternativo. Desde que en 1985 comenzó a gestarse este proyecto la sala ha estrenado cientos de producciones, muchas de ellas con su propia compañía. La primera, en 1987, en la primitiva sala de la calle Olivar. Desde 1992 ocupan un antiguo garaje de la calle Ercilla, transformado en un confortable centro escénico. Un año más tarde la Junta Municipal de Arganzuela los amenazó con el cierre. Han sobrevivido a crisis económicas y, en estos tiempos, el dinero del Premio Nacional, será un respiro para su tesorería.

En el año 2000 Cuarta Pared recibió el Premio Max al mejor productor privado de Artes Escénicas.

El nombre hace alusión a uno de los conceptos manejados por el método Konstantin Stanislavsky para la formación de actores. La cuarta pared se supone que es el muro invisible que separa al público del escenario, un muro imaginario que los intérpretes deben traspasar para lograr la comunicación con los espectadores o que pueden utilizar como aislamiento de los mismos.

En esos años finales de la década de los ochenta del pasado siglo se configuró un circuito, denominado precisamente alternativo, con epicentro en el barrio de Lavapiés. La sala Triángulo, de Alfonso Pindado, nació en 1988 en la calle Zurita y hoy sobrevive como Teatro del Barrio. Más tarde se añadirían la Mirador, de Cristina Rota, el teatro de Cámara de Ángel Gutiérrez, La Espada de Madera, el Teatro Independiente Sur (TIS)… el fenómeno se extendió a otras zonas de la ciudad, desde Chueca al barrio de Tetuán. Lo que en otros países se conoce como ‘teatro de garaje’, por ocupar generalmente antiguos talleres, se hizo cada vez más popular como semillero de nuevos profesionales de la escena española. Se hizo -y se hace- un teatro en recintos de poco más de cien espectadores, alejado de los estereotipos del denominado ‘circuito comercial’. En los últimos años unos cuantos de estos pequeños teatros han cerrado para siempre: su viabilidad económica era nula y solo con el apoyo institucional podían sobrevivir. Si este desaparece, o disminuye, el cierre es seguro.

Pero es que, además, a este circuito alternativo de ‘veteranos’ espacios, se ha sumado en la última década, otro todavía más reducido. Los llamados genéricamente microteatros (el pionero de la calle Loreto y Chicote celebra sus diez años de vida) son ya el último peldaño de la profesión teatral y estos sí que están ahora más amenazados que antes de la epidemia. De hecho en 2019 cerraron unos cuantos.

El reconocimiento oficial a la Cuarta Pared, con Javier García Yagüe al frente, es una buena noticia para este otro teatro madrileño. Tal vez un signo de esperanza en tiempos de dificultad extrema. ¡Enhorabuena a los galardonados! Ahora hace el falta que el público revalide el premio con su vuelta a esta y a todas las salas que puedan seguir abiertas.

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