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Obra 'Benamor'
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Obra 'Benamor' (Foto: Javier del Real/TZ)

‘Benamor’: apoteósico reestreno

jueves 15 de abril de 2021, 13:26h

La nueva producción del teatro de la Zarzuela -Benamor- bien podría calificarse como estreno. Y es que, desde 1923, no había subido a un escenario madrileño. El compositor Pablo Luna, sobre libreto de Antonio Paso y González del Toro, dirigió la orquesta en el mismo teatro de la Zarzuela el 12 de mayo de ese año 1923. Entonces Benamor se anunciaba como ‘opereta de gran espectáculo’. La noche del estreno la representación se prolongó durante cuatro horas y media porque, como era bastante habitual, los números principales se repitieron varias veces. Alguno hasta cinco ¡pobres cantantes!

No era la primera vez que el maestro Luna componía una zarzuela con aires orientales, inspirada en Las 1001 noches. En 1916, con libro de Paso y Abati, había estrenado con gran éxito El asombro de Damasco que, un siglo después, sigue en repertorio. Luna fue un prolífico compositor de zarzuela, operetas y revistas, que estuvo estrenando hasta 1941, un año antes de su muerte.

La Correspondencia de España (14-5-1923) publicaba esto:

“Fue para el maestro Luna una verdadera consagración de sus grandes méritos, y con caracteres de apoteosis, con un clamor general de entusiasmo y afecto, premió el público el trabajo del músico. En esta manifestación hacia el maestro Luna, tomó parte la orquesta y toda la compañía del teatro”.

Algo parecido podríamos escribir del estreno en 2021. La noche del miércoles las ovaciones fueron constantes y, al terminar, todo el teatro aclamó a los artistas durante un buen rato.

El nueva producción, que dirige escénicamente Enrique Viana, está a caballo entre la revista y la opereta, y es un montaje con medios extraordinarios.

Benamor es la historia de un doble engaño en la legendaria Persia. El actual sultán, Darío, es realmente una mujer y su hermana, la princesa Benamor, un hombre. La madre disimuló el sexo verdadero cuando nacieron para eludir las terribles leyes. Pero, cuando tres pretendientes aspiran a contraer matrimonio con Benamor, la situación se hace insostenible. Desde el primer momento el público conoce el engaño y participa divertido en las peripecias para salir de él en una corte disparatada, con odaliscas insatisfechas y un visir sordo. Realmente es un cuento oriental, que tiene los mejores textos en la letra de los cantables. Indudablemente, como en tantos casos, la música es notablemente superior. Para esta adaptación, Viana se ha reservado una introducción y un pasillo entre el primer y segundo acto, para divertir la espera del descanso. Ha escrito sendos textos, a mitad de camino entre Mihura y Jardiel, que provocan las carcajadas. La puesta en escena es deslumbrantemente convencional por lo que, en esta ocasión, los enemigos de las modernizaciones en la lírica patria no tendrán motivos de protesta.

Los números musicales son, en general, extraordinarios. La dirección orquestal estuvo a cargo de José Miguel Pérez Sierra, que debería cuidar que el volumen atronador de algunos pasajes no tape a las voces. Todos los protagonistas tienen su momento de lucimiento: en solitario, a dúo o en quinteto. El barítono Damián del Castillo puso el arrojo que exige la canción española; Vanessa Goicoetxea (Benamor) y Carol García (Darío) destacaron en el dúo ¿Quién lo pensara? Enrique Viana, que encarna al visir Abedul, hizo gala de comicidad e introdujo un brillante efecto musical (descúbralo el público…) que fue inmediatamente aplaudido. Esta es una obra en la que tanto el coro, como el cuerpo de baile, tienen gran protagonismo. La danza del fuego -que en el estrenó de 1923 bailo Ana Gronwell- pasó al repertorio de numerosas compañías de baile español. En esta noche de reestreno, coreografiada por Nuria Castejón, provocó el aplauso más prolongado. Y resultaron cómicos en el paso del camello.

¿Por qué esta gran obra no volvió a la escena? Posiblemente por los grandes recursos que requiere y, tal vez, porque el travestismo de los protagonistas y la liberalidad de odaliscas, visires y eunucos, no gustó demasiado a la censura de las décadas posteriores.

La mayor pega que se puede poner a este reestreno es que solo se ofrece hasta el 25 de abril, con diez representaciones. Una producción de este calibre merece más tiempo en programación y que pueda ser vista por más espectadores. Suponemos que, dada la inversión realizada, se quedará en repertorio para próximas temporadas.

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