Don Mariano Benavente fue un reconocido pediatra madrileño (aunque nacido en Murcia), muy relacionado, por su especialidad, con las familias de la farándula. Don Mariano tiene un monumento en el parterre del Retiro. Tuvo el buen doctor tres hijos con su esposa, doña Venancia Martínez-Treceño. Jacinto fue el pequeño y nació en la casa familiar de la calle León el 12 de agosto de 1866. Durante gran parte de su vida viviría muy cerca de allí, en la calle Atocha, junto al teatro Calderón.
Jacinto estrenó su primera obra -El nido ajeno- en el teatro de la Comedia en 1894. La tibia acogida por parte del público no hizo presagiar que se convertiría en el dramaturgo más comercial y prolífico de la primera mitad del siglo XX. Obras como Los intereses creados, Señora ama, La malquerida, Rosas de otoño o La ciudad alegre y confiada fueron algunos de sus éxitos. Llegó a estrenar más de 170 comedias. Las primeras actrices de cada época se disputaban sus obras porque siempre tenían papeles de gran lucimiento. Rosario Pino, María Guerrero o Lola Membrives fueron sus grandes divas.

El Nobel
En el año 1922 Jacinto Benavente era ya una figura consagrada en España e Iberoamérica. No fue un buen año en lo personal porque había fallecido su madre, a la que estaba muy unido. También tenía sus roces con la crítica y con su compañeros, así que puso tierra por medio y se marchó a América. El 9 de noviembre de ese año 1922 la Academia de Suecia anunció que se le había concedido el Premio Nobel de Literatura: “Por la forma afortunada con que ha continuado las ilustres tradiciones del teatro español”. El telegrama que le comunicaba la noticia llegó en una parada en medio de la pampa argentina. La compañía de la que era director artístico no regresaría a España hasta julio de 1923. Entonces se le tributó un gran homenaje, a pesar de que su premio provocó no pocos rechazos en los ambientes literarios de la Capital. La prensa informó que Benavente recibiría unas 230.000 pesetas, una fortuna en esa época. José Echegaray fue el primer español en recibir el Nobel, en 1904, y después lo obtendría Ramón y Cajal en 1906.
Indudablemente ese premio, que comenzaba a tener repercusión, aunque sin llegar a los niveles actuales, no hizo sino consolidar el prestigio del escritor madrileño. Ya había sido elegido, en 1912, miembro de la Real Academia en sustitución de Marcelino Menéndez Pelayo. Nunca pronunció el obligado discurso de ingreso.

Los años finales
A los 56 años, y con un Premio Nobel, don Jacinto siguió estrenando incansablemente. Solo tuvo un paréntesis durante la Guerra Civil. Al comienzo de esta fue detenido durante unas horas en Barcelona. Seguramente sus captores no fueron conscientes de a quién detenían. Tras ser liberado se trasladó a Valencia, donde se instaló el gobierno de la República, y allí pasó toda la contienda, colaborando entusiásticamente con todas las actividades que le proponían. Cuando el ejército de Franco entró en esa capital, se supone que Benavente se mostró contrito por los años pasados. Aun así, al régimen vencedor, no le convenció inicialmente su arrepentimiento y, durante algún tiempo, sus obras se anunciaban como “del autor de La Malquerida”. Los últimos años de su vida los pasó con la familia de Luis Hurtado, sus hijos y su nuera, la actriz Mary Carrillo. Teatralmente estuvo protegido, o casi ‘secuestrado’ por Arturo Serrano e Isabel Garcés. Falleció en Madrid el 14 de julio de 1954. La nación entera se vistió de luto y se le rindieron homenajes por los cuatro puntos cardinales. Y en la muerte se destapó uno de los asuntos más oscuros de su vida: la existencia de una hija.
Hoy el teatro de Benavente ha desaparecido de las carteleras. Hace más de doce años que no se representa una obra suya, Los intereses creados. El Teatro Español, del que fue empresario en los años veinte junto al actor Ricardo Calvo, celebra este centenario sin demasiado entusiasmo. Hasta el 14 de noviembre se representa en la sala Margarita Xirgu El encanto de una hora, una pieza corta publicada en 1892. Entre noviembre y diciembre se harán lecturas dramatizadas de Alfilerazos, El nido ajeno, La ciudad alegre y confiada y Titania.
No tengo constancia de que, desde el Ayuntamiento, se vaya a conmemorar también el centenario de la concesión de una Premio Nobel a un madrileño.