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Antiguas cocheras de Metro de Chamberí.
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Antiguas cocheras de Metro de Chamberí. (Foto: Ayuntamiento de Madrid)

Abre el taller de chapa y pintura de los tranvías, las cocheras de Magallanes

sábado 03 de agosto de 2019, 09:09h

La segunda década del siglo XX registró un el principal periodo de expansión de la red de tranvías en Madrid. En 1915 se había culminado el proceso de electrificación de las líneas y este medio de transporte vivía una plena juventud. Las numerosas frecuencias de sus servicios, su tránsito por casi todos los barrios de la capital y la posibilidad de disfrutar de las vistas de la ciudad durante los trayectos lo habían convertido en un aliado de confianza para la movilidad de los madrileños, más de 550.000 por esa fecha.

El incremento de las líneas se vio aparejado con la construcción de cocheras en puntos estratégicos de la urbe, depósitos donde se estacionaba el material móvil fuera de las horas de funcionamiento. Desde la aparición del tranvía de tracción animal se habían requerido estas instalaciones. Las primeras se ubicaron en Serrano, Pozas y Santa Engracia y disponían de establos y almacenes con grano para alimentar a las mulas después de su jornada laboral. Por ello, el responsable de estas estaciones solía ser un veterinario.

Cuando el vapor y la electricidad sustituyeron la 'tracción de sangre', estos recintos sufrieron una sustancial transformación para acomodarse a las nuevas necesidades. Madrid estaba sumida en su expansión y los depósitos existentes se dispersaron. En consecuencia, se tomó la determinación de levantar una estación central tranviaria dedicada a talleres y oficinas: las cocheras de Magallanes, que se inauguraron el 3 de agosto de 1916.

Dicha estación estuvo emplazada en las inmediaciones de la glorieta de Quevedo, rodeada por las calles Fernando el Católico, Rodríguez San Pedro, Vallehermoso y Magallanes. Ocupaba alrededor de siete hectáreas de superficie y, por sus grandes dimensiones, se empleó como taller de reparación, mantenimiento, pintura y modernización de las unidades que habían quedado obsoletas. Además, contaban con la peculiaridad de servir para tranvías de ancho normal y de vía estrecha.

Para su construcción se tomó un modelo americano. La Primera Guerra Mundial no posibilitaba que los proveedores tradicionales del mercado español -Francia, Alemania, Bélgica y Gran Bretaña- suministraran la maquinaria y el material ferroviario y las importaciones desde Estados Unidos fueron determinantes en el crecimiento de la red.

Más adelante, durante la Guerra Civil española, los continuos bombardeo sobre la capital causaron desperfectos en vías y cocheras, que vieron su actividad resentida. Los tranvías incluso se utilizaron para extraer los escombros de los edificios o repartir alimentos entre los damnificados. Durante la contienda, este medio no paró. Los coches compartieron espacio con la entrada de las tropas franquistas en la capital, en Cibeles o Alcalá. Sin embargo, al final del conflicto bélico se constató el daño que este imprimió a este transporte. De los 556 tranvías disponibles en 1936, tan solo quedaron operativos 158 unidades.

Su declive se activó y nada remedió su desaparición en 1972. Con él, las cocheras dejaron de ser funcionales y empezó su desmantelamiento. Algunas se convirtieron en depósitos de autobuses, otras en instalaciones municipales como parques de bomberos o de Policía. Las de Magallanes corrieron distinta suerte y sirvieron de base de una importante compañía inmobiliaria. En sus terrenos se erige en la actualidad un edificio de viviendas, mismo destino que le espera a las de Cuatro Caminos.

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