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Interior de la iglesia del monasterio de la Encarnación.
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Interior de la iglesia del monasterio de la Encarnación. (Foto: Kike Rincón)

El estreno del pasadizo al 'templo de las reliquias'

martes 02 de julio de 2019, 07:48h

Un pasadizo rodeaba la madrileña plaza de Oriente sobre el primer piso de la Casa del Tesoro con el cometido de unir el Alcázar y el Real Monasterio de la Encarnación. Por él transitaban los monarcas para llegar desde el templo al cercano palacio hasta el año 1734, fecha en la que un incendió destruyó la galería y cortó tanto esta exclusiva vía de conexión como el esplendor de un templo que aún conserva la majestuosidad con la que la reina doña Margarita lo soñó.

Los arquitectos Juan Gómez de Mora y Fray Alberto de la Madre de Dios proyectaron sobre el papel el boceto que la esposa de Felipe III tenía en su mente: un edificio símbolo del Madrid de los Austrias y estandarte del llamado barroco madrileño. Además de recinto de culto, desde su concepción se dibujó como convento para las Agustinas Recoletas, monjas de clausura que la propia consorte trajo desde Valladolid con el propósito de fundar la orden para festejar la expulsión de los moriscos del territorio nacional.

En julio de 1611 comenzaron las obras para levantar el conjunto arquitectónico en la plaza de la Encarnación, sita entre la propia plaza de Oriente y la plaza de España. La inuguración se celebró apenas un lustro más tarde, el 2 de julio de 1616. Para entonces, doña Margarita ya descansaba en paz tras fallecer en el alumbramiento de su octavo hijo. Así, la culminación del proyecto que había ideado respondió al empeño de su marido por honrar su memoria con este presente.

Una remodelación posterior ejecutada por Ventura Rodríguez entre 1755 y 1775 imprimió al interior de la recogida iglesia un gusto neoclásico de inspiración romana que se refleja en la decoración. El convento aún conserva íntegro el claustro principal, el coro y el Relicario, siendo esta última la estancia más preciada. Esta sala guarda más de 700 relicarios realizados en bronce, coral, marfil y maderas finas llegadas desde Alemania, Italia, los Países Bajos y varios puntos de España. De entre ellos, destaca una pieza única: una teca con la sangre de San Pantaleón que, según la tradición, el día de su festividad se torna líquida de forma milagrosa y vueve a su estado sólido original al poco tiempo.

Si esta es la 'joya de la corona' interna, en el exterior resalta la fachada frontal, tallada en piedra berroqueña y escoltada por dos escudos de la corona de la reina Margarita así como por una escultura de la Anunciación. También dentro de este complejo religioso -que gestiona en la actualidad Patrimonio Nacional- se custodian importantes conjuntos pictóricos y escultóricos con obras firmadas por artistas de la talla de Juan Van der Hammen, Vicente Carducho, Lucas Jordán, Gregorio Fernández o Pedro de Mena. La apertura del monasterio al público en 1965 permite disfrutar de este enclave histórico en el que todavía viven 12 agustinas recoletas en régimen de clausura. Constituye, además, uno de los dos conventos que pueden visitarse en el centro de la capital junto al de las Descalzas Reales.

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