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TAL DÍA COMO HOY

La esquiva estancia de Verdi en Madrid

viernes 11 de enero de 2019, 07:37h
El 11 de enero de 1863, el compositor italiano Giuseppe Verdi llegaba a Madrid para dirigir los ensayos de su ópera La fuerza del destino, que se estrenaba a finales de febrero en el Teatro Real.

Verdi, retratado por Jean Laurent durante su estancia en MadridA día de hoy sigue siendo uno de los eventos más sobresalientes en el panorama operístico mundial que ha acogido nunca el Teatro Real de Madrid. En el invierno de 1863, La Fuerza del Destino se estrenaba en Madrid, una premiere europea solo precedida por una representación de poca reperscusión unas semanas antes en San Petersburgo, que congregó a lo más granado de la sociedad madrileña de la época y que contó con la participación activa del propio Giuseppe Verdi.

Ya en una etapa de madurez compositiva y de gran éxito internacional, Verdi llegó a Madrid el 11 de enero de 1863 para supervisar los ensayos de la ópera y su visita desató un gran expectación y excitación en la ciudad. Las crónicas de la época lo describían con fascinación como “un hombre de 45 a 50 años, alto y fuerte de complexión (...) Su ancha frente, depositaria de esos deliciosos cantos que roba a la armonía, la viveza y energía de sus ojos, su poblada y negra barba, y la pronunciación de sus facciones, constituyen una fisonomía varonil e inteligente que no desmiente pertenecer a una cabeza en la cual tienen cabida las más sublimes concepciones musicales” (La Época). Así que cuando Verdi dejó en la capital la versión más huraña, escrurridiza y antisocial de sí mismo, la decepción de unos ciudadanos que esperaban encontrarse por las calles a este ser maravilloso fue mayúscula.

Pero Verdi había venido a Madrid a trabajar. Y eso fue lo que hizo. El maestro italiano se alojó en una fonda cercana al Teatro Real, la Casa Castaldi, en el número 6 de la Plaza de Oriente, que solía servir de residencia temporal a los artistas que actuaban en el coliseo madrileño. Y de la fonda al teatro y del teatro a la fonda pasó Verdi el mes y medio que vivió en la Villa, una rutina que solo interrumpió para acudir al estudio del fotógrafo Jean Laurent, cuyas instantáneas del compositor son, junto a la placa que hoy recuerda la estancia verdiana en la fachada de la antigua Casa Castaldi, los únicos vestigios físicos de su paso por a ciudad.

Un estreno exitoso, unas críticas templadas

Lo cierto es que Verdi puso un pie en Madrid, el 11 de enero, hasta que se estrenó La fuerza del destino, el día 21 de febrero, el italiano fue un manojo de nervios que trabajaba de forma incansable. Cuentan que no faltó a ningún ensayo y que en una carta escribió: "Nada salió bien; no podemos esperar un éxito. Los coros, la orquesta y los decorados son espléndidos; todo lo demás es un desastre". Puede que parte de la 'culpa' de esta inseguridad de Verdi la tuviera la presencia en el estreno de Ángel Saavedra, Duque de Rivas, autor de la obra en que se basa La fuerza del destino: Don Álvaro o la fuerza del sino. No era la primera vez que Verdi se contagiaba de la idiosincrasia española, ya lo hizo con las adaptaciones del gaditano Antonio García Gutiérrez, El trovador y Simón Bocanegra. Sin embargo, era la primera vez que el autor del original asistía a su versión operística.

En este sentido, Verdi no salió muy bien parado. La crítica le acusó de aber "traicionado" al duque de Rivas y el propio autor motró después en varias ocasiones su decepción con el resultado. Eso sí, desde el punto de vista del acto social y cultural, el estreno, cuyo elenco estaba formado por la soprano Anne Caroline Lagrange, el tenor Fraschini, el barítono Giraldoni y el bajo Cotogni con Emilia Méric-Lablanche en el papel de Preciosilla, fue todo un éxito. A él asistieron, la reina Isabel II, Pedro Antonio de Alarcón y Rosalía de Castro, entre otros, además del duque de Rivas.

Inspiración en El Escorial

Puede que harto de su recta estancia en Madrid, pasado el estreno Verdi partió junto a su mujer hacia Andalucía, el verdadero reclamo turístico y cultural español en la época, no sin antes visitar El Escorial. La monumentalidad del monasterio sobrecogió a Verdi hasta el punto de servirle de inspiración, años después, para su obra Don Carlo. "Es severo, terrible, como el feroz gobernante que lo construyó", escribió el compositor sobre El Escorial. Finalmente, Madrid sí marcó de algún modo a Verdi.

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