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María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general del PP, a la izquierda, y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a la derecha.
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María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa y secretaria general del PP, a la izquierda, y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, a la derecha. (Foto: Kike Rincón)

Cospedal, Soraya, sus gafas y la silla vacía entre las dos: baile de candidatos en Sol

miércoles 02 de mayo de 2018, 15:13h

Todo el que pretenda hacerse con el Gobierno de la Comunidad de Madrid en el corto tiempo se ha dejado ver hoy por la Real Casa de Correos de Sol. Desde la pléyade de diputados presidenciables del PP al socialista Ángel Gabilondo, pasando por quienes miran a 2019, los candidatos a liderar la región en los próximos meses han sido los grandes protagonistas de un Dos de Mayo en funciones y con una Cristina Cifuentes fuera de órbita. La coincidencia de Soraya Sáenz de Santamaría y Dolores de Cospedal, a las que se les presupone una enemistad capaz de ordenar las lealtades en el partido, ha alimentado las elucubraciones sobre el futuro inminente de la región.

Si no hubiera sido por la especialísima situación que viven la Comunidad de Madrid y, sobre todo, el PP -el partido que la gobierna desde hace más de dos décadas-, hoy solo habría habido en la Real Casa de Correos un par de protagonistas: las gafas de sol de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que ha tenido que lucir por obligaciones médicas y por encima del protocolo. Unas gafas que, para regocijo de las redes sociales, han servido para ilustrar algo esencial: la opacidad con la que Génova lleva la crisis madrileña.

Ella, uno de los tantos nombres que suenan en las quinielas para el ticket electoral de 2019, ha sido la principal embajadora de Moncloa en un Dos de Mayo que, más que para celebrar, ha servido para atizar el fuego de la sucesión tras la escabrosa dimisión de Cristina Cifuentes. La ausencia este miércoles en la capital de Mariano Rajoy, el encargado de decidir a quién presenta ante Ciudadanos (Cs) para retener con su aval el Gobierno regional, ha propiciado que se evidencie la distancia incluso física, con una silla de por medio, que la vicepresidenta mantiene con la ministra de Defensa: todo un abismo que ordena las lealtades en el partido. Dolores de Cospedal, antigua consejera madrileña y gobernanta de una mitad del PP, fue valedora hasta el final de la expresidenta, cuyo entorno pelea por mantener a flote la opción de Ángel Garrido como jefe del Ejecutivo hasta 2019. "No es solo el mejor preparado, es que no hay otro", asumen algunos dirigentes en privado sobre el presidente en funciones, que hoy ha afilado tanto su perfil institucional que, entre tanta sutilidad, casi olvida mencionar en su discurso la crisis política que late en Madrid.

Mosaico de familias

La continuidad de Garrido ha sobrevolado todos los corrillos que se han formado en el patio de Sol entre los centenares de invitados. Algunos de los candidatos alternativos que suenan en la bancada popular de la Asamblea de Madrid están atenazados ante la posibilidad de que sean los siguientes a quienes se les hurgue en el pasado hasta dar con su más vergonzante episodio, como le ha ocurrido a Cifuentes con las cremas. Otros, por contra, lanzan mensajes para reconstruir el mosaico de familias que con sordina ha ido resquebrajando la estructura regional presidente tras presidente, escándalo tras escándalo.

Así, un alto cargo ha reconocido que lo que le hace falta al PP de Madrid (ya pensando en la dirección del partido y en el cartel electoral) es alguien capaz de obtener la confianza de todas esas facciones, más complejas que la división binaria entre los fieles a la expresidenta y a la misteriosamente desaparecida Esperanza Aguirre, para amasar de nuevo una marca ganadora. En esas cábalas, por ejemplo, el apellido del 'cifuentista' Garrido ni suena.

Frente a la tranquilidad reinante entre el PSOE y Podemos por no ser ellos los protagonistas de la cita -se da por sentado que Cs no se sumará a su alianza-, la inquietud por el futuro más inmediato azuza a los populares. Todos coinciden en que Rajoy diga ya a quién quiere para el puesto de presidente interino. Algunos dan por hecho que, al final, optará por lo más cauto y dará oxígeno al gobierno zombi de Garrido hasta los comicios. Otros recomiendan esperar su decisión "sea la que sea", mientras el baile sigue girando alrededor de personas como Enrique Ossorio, Alfonso Serrano, Pedro Rollán, Rosalía Gonzalo o Juan Antonio Gómez-Angulo.

El reloj 'mariano'

Y es que nadie quiere ni pensar en que el presidente imponga otra vez su característica dilación de los tiempos. De hecho, algunas voces hablan de que la propuesta popular para el Pleno de investidura que debe celebrarse antes del 30 de mayo podría llegar en horas. El lunes hay reunión de la dirección nacional y la presidenta de la Asamblea, Paloma Adrados, ya ha explicado que piensa iniciar ese día la ronda de consultas para poder celebrar la investidura, incluso, a finales de la próxima semana.

Mientras hay quienes miran sus teléfonos a la espera de la llamada definitiva, otros se acuerdan de una Cifuentes que está fuera de órbita. Alejada de la Comunidad con la excusa de un viaje familiar a Salzburgo (Austria), su continuidad como diputada humillada buscando un sitio por la bancada para sentarse está muy cuestionada. El PP asume, con todo, que el mirlo blanco ya es cosa del pasado. Un pasado que no se atreve a volver a pisar la que un día fuera sede de su Gobierno. Y van cuatro presidentes seguidos.

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