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El rey Felipe III en un cuadro de Velázquez hacia 1635.
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El rey Felipe III en un cuadro de Velázquez hacia 1635. (Foto: MDO)

La especulación inmobiliaria salpica a la Corona: Felipe III regresa la corte a Madrid

lunes 05 de febrero de 2018, 08:00h

La especulación inmobiliaria no es un invento reciente, sino una vieja triquiñuela que el Duque de Lerma puso en práctica ya en el siglo XVI. Aprovechando su influencia sobre Felipe III trasladó la capitalidad de Valladolid a Madrid el 5 de febrero de 1606, después de haber adquirido infinidad de propiedades en una capital sumida en la miseria por otra interesada decisión.

La corte itinerante fue una constante durante la Edad Media, motivada por la expansión territorial del reino en el periodo de la Reconquista. Tanto los Reyes Católicos como los Austrias continuaron con esta costumbre, que terminaría con el definitivo establecimiento de Madrid como capital en 1606.

En la época de Carlos I la corte solía residir en Valladolid. Fue su hijo Felipe II quien la trasladó a la Villa de Madrid en 1561. Las verdaderas razones de esta elección se desconocen a ciencia cierta, pero los cronistas hablan del salubre aire de la sierra y el buen sistema de suministro de agua como dos condicionante que favorecieron la balanza hacia el centro geográfico de España.

Otra decisión real, esta vez de su sucesor, Felipe III, devolvió la sede administrativa y la residencia de la corte a la ciudad castellana en el año 1601. Esta decisión vino influenciada por el dominio que el Duque de Lerma, valido del monarca, ejercía sobre este. El interés económico estaba detrás de la operación.

Francisco de Sandoval y Rojas – el citado duque – era natural de Tordesillas. Tanto él mismo como sus clientes habían adquirido terrenos y palacios en la provincia, que vendieron a la corona a su regreso al Pisuerga. Así logró amasar una cuantiosa fortuna, que invirtió en numerosas propiedades de Madrid a precio de ganga por la situación de desvalorización de los inmuebles y el desplome del comercio en la villa al dejar de ser la casa de los Austrias.

Cuando tuvo todos los cabos bien atados, el Duque de Lerma volvió a persuadir a Felipe III para restaurar la corte en Madrid. El rey, un joven sin demasiado interés por los asuntos de Estado, aceptó su ‘consejo’ y decretó la capitalidad de la ciudad el cinco de febrero de 1606, que resultó ser permanente desde entonces. El valido repitió su exitoso procedimiento.

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