ENTREVISTA
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María Teresa Fernández Talaya, doctora en Historia del Arte
"La Moncloa se transformó en palacio tras la Guerra Civil"
"La Moncloa se transformó en palacio tras la Guerra Civil"
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18-03-2011 - Enrique Villalba - Fotografías: Gustavo San Miguel
María Teresa Fernández Talaya (Vilagarcía de Arousa, 1950) es doctora en Historia del Arte y secretaria general del Instituto de Estudios Madrileños. Desveló a Madridiario algunos de los secretos de su nuevo libro 'Madrid. La Moncloa', un relato en imágenes sobre la evolución artística y social de la actual sede de la Presidencia del Gobierno. Ver algunas de las fotografías que aparecen en el libro.

Tiene una relación estrecha con la Moncloa.
Mi tesis doctoral estuvo dedicada al Real Sitio de la Florida y la Moncloa. No la había leído cuando la Presidencia del Gobierno invitó a varios profesores a presentar proyectos para un libro institucional sobre esos temas. No estaba invitada a participar pero varios profesores que conocían mi trabajo, me recomendaron. Yo entonces trabajaba en el Archivo del Palacio Real y sabía que nadie había tocado nunca la documentación sobre estos espacios de la ciudad. Tenía mucha información procedente de España, Italia y Portugal, y conseguí el proyecto. Pusieron a mi disposición muchísimos recursos para investigar y viajar.

El trabajo debió ser ingente.
Me llevó 7 años. Tardé 5 en encontrar el testamento del arquitecto de San Antonio de la Florida entre legajos de escribanos, sin que haya un inventario. También encontré la imagen original de San Antonio de la Florida del siglo XVII, que estaba en la iglesia de San Marcos.

María Teresa Fernández Talaya con su libro¿Qué le inspiró a hacer este libro?
Cuando escribí el libro de la tesis, resumí diez tomos en 400 páginas. Siempre queda mucha información colgando. La editorial Amberley me había encargado un libro sobre el Real sitio de la Florida y la Moncloa. Como había mucha documentación para escribir un solo libro, se pensó en escribir dos: uno sobre la Florida y otro sobre la Moncloa. En este libro, muchas de las fotos son conocidas. Principalmente, las reflejadas en el libro 'El Palacete de la Moncloa', de Ezquerra del Bayo, que mostró cómo era el sitio antes de ser destruido en la Guerra Civil pero después de ser remodelado por la Sociedad de Amigos del Arte cuando lo tomaron como sede. Otras imágenes, anteriores a esta reforma, son inéditas. Fueron realizadas por Kaulak y permiten conocer el cambio de fisonomía del palacete. No obstante, sigo encontrando nuevas imágenes y descubriendo otros detalles de la evolución del inmueble.

María Teresa Fernández TalayaTuvo problemas con Presidencia por su tesis.
Presenté un proyecto para hacer un facsímil del libro de Ezquerra del Bayo. Pensaba que se hiciera un libro del trabajo de Ezquerra y un estudio. No estoy molesta porque lo hiciese otra persona, sino porque el trabajo me cita constantemente. Hasta 13 referencias en una misma página. La información es pública pero el trabajo es poco científico y poco honesto, porque ha cogido el trabajo de otro investigador vivo y comete errores en su relato. Además, yo entregué a Presidencia mi texto con las fotos en altísima resolución destinadas a un libro institucional que se regaló en los seis meses de la presidencia española de la Unión Europea. Las fotos y los planos que yo encontré tras tanto trabajo en distintos archivos de varios países, se expusieron luego en este proyecto en formato minúsculo, sin calidad y sin citar mis hallazgos. Sólo se salvan los comentarios sobre la Ciudad Universitaria, que sí son fruto de investigaciones del autor. En resumen: investigación cero y la Presidencia del Gobierno va y lo cuelga.

El palacio ha experimentado varias remodelaciones.
Yo lo diferencio en palacete y palacio. El palacete es un edificio del siglo XVII. La duquesa de Alba, José I y Fernando VII recuperaron el inmueble trayendo decoradores y artistas franceses. La transformación interior tiene un preciosismo impresionante. La Sociedad de Amigos del Arte se hizo con el edificio e incorporó y cambió numerosos elementos decorativos. Fue utilizado como espacio de exposiciones.

María Teresa Fernández Talaya, con su libroLa Guerra Civil significó un antes y un después.
La documentación de la guerra me permitió conocer espacios y volúmenes del palacete que, de otra manera, no podría haber descubierto. Salieron a la luz tras los bombardeos. Los planos destacan cómo el palacio quedó en zona nacional. Tras el conflicto, se transformó en palacio para acoger a personalidades extranjeras. Tenía la misma función que hoy tiene el palacio de El Pardo. El arquitecto Diego Méndez, muy maltratado por la historia al ser el encargado de diseñar algunas de las grandes obras del Franquismo, dirigió las obras. Duraron de 1949 a 1953. Cambiaron la planta para que se asemejase a la Casa del Labrador de Aranjuez. Con cierta mala idea, he puesto una foto en el libro en que se muestra una farola con una base en que rezan los datos de la remodelación. No sé si aplicarán allí la Ley de Memoria Histórica pero no daña a nadie. En la visita de Richard Nixon se construyó el salón de columnas para ampliar la capacidad del palacio por los extensos séquitos de los mandatarios y para realizar recepciones.

Hace especial hincapié en los jardines del palacio.
Son bellísimos. Estoy preparando un libro sobre las modificaciones que cada presidente del Gobierno hizo en La Moncloa. Ana Botella me dijo que los jardines la cautivaron porque son muy bonitos y de un diseño paisajista muy interesante. Esa disposición se la debemos a Winthuysen, que transformó un espacio perdido en un jardin monumental, basándose en planos y pinturas antiguas que fue encontrando.

María Teresa Fernández TalayaAl llegar la democracia se ordenó su remodelación.
Felipe González ordenó la remodelación de la Moncloa y construyó nuevos edificios. En época de Aznar, la piscina, construida sobre un antiguo estanque, perdía agua. Gracias a las antiguas investigaciones, se pudo constatar que, ya en tiempos de Sachetti, el estanque tenía el mismo problema cuando había lluvias torrenciales. Perdía agua porque bajo el mismo estaban canalizados varios arroyuelos que se llenaban de lodo, maleza y piedras y, al taponarse, el agua rompía el muro de la piscina.

Parte del palacio se cedió a los madrileños.
La Moncloa llegaba desde el paseo de Moret hasta El Pardo. El rey cedió primero unos terrenos para la escuela de Agricultura. Después, decidió entregar parte de los terrenos para construir la Ciudad Universitaria. Incluyo en el libro los lamentos de Azaña por la decisión. Pone de relieve el importantísimo parque que perdimos los madrileños. Pasados unos años, admite que las nuevas instalaciones han quedado estupendas. Ahora se suceden las propuestas electorales para recuperar este tipo de parques. El Instituto de Estudios Madrileños va a aprovechar que este es el año internacional de los bosques para estudiar todos los bosques de la Comunidad de Madrid: la Herrería del Escorial, la Real Junta de Obras y Bosques, la Casa de Campo, Aranjuez, El Pardo y el Hayedo de Montejo.

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Enviado por: Juan Antonio González Cárceles / 20-03-2011 15:28
Un buen amigo me indicó que se habían publicado en este sitio unos comentarios sobre mi trabajo a los que me veo obligado a responder. Soy el autor del -según María Teresa Fernández Talaya- “poco científico y poco honesto” trabajo realizado para presentar el facsímil del libro “El palacete de la Moncloa. Su pasado y su presente” publicado en 1929 por Joaquín Ezquerra del Bayo. María Teresa se muestra muy molesta y me califica con un “cero en investigación” por citarla en mi texto, al que califica de “trabajo poco científico y poco honesto, porque ha cogido el trabajo de otro investigador vivo y comete errores en su relato”. Pues bien, la cito, siempre que es pertinente y sin quitarle ningún mérito, porque precisamente creo que es justo y honesto citar a los autores. Muy al contrario, resulta un tanto sorprendente que se moleste por que se reconozca su trabajo (por cierto, Mª Teresa, estaría bien que pusieras las referencias completas en los pies de las fotos). Entregué mi trabajo el 7 de octubre de 2009, y en él utilicé fotografías encontradas tras una compleja investigación, en lugares que en el libro se indican para cada una de ellas, incluyendo las signaturas. Muchas fueron difícilmente obtenidas, e incluso algunas fotografiadas, por mí mismo y tratadas para su publicación -por cierto, nada ostentosa y de tan sólo 25 páginas- para la que se necesitaban formatos pequeños. Yo nunca he tenido conocimiento de esas imágenes de gran resolución ni de ningún texto que las acompañara, que ella afirma que fueron entregadas a Presidencia. La única referencia que he tenido nunca de Mª Teresa se limita a la petición que nos hizo, al profesor Santiago López-Ríos y a mi, por mail del 23.9.2009 y a través del Consorcio Urbanístico de la Ciudad Universitaria, de las fotos que habíamos recopilado para la exposición y libro sobre la Facultad de Filosofía y Letras en la II República, con la excusa de la preparación de un libro por su parte para la editorial inglesa Amberley. Por cierto esta editorial también quiso hacer una explotación comercial de nuestro trabajo, que rechazamos en su momento por nuestro deseo de difundir los resultados libremente en Internet. Lamento que acuse públicamente sin aportar datos concretos de sus afirmaciones, y creo que estaría bien que señalase los errores que dice haber encontrado en mi texto, ya que puedo haberlos cometido y ello redundaría en beneficio de los investigadores futuros, o puede que lo que ocurra en realidad sea que en mi modesta publicación yo haya corregido algunos errores que encontré en la suya de 1999, a saber: que los jardines los inauguró la infanta Isabel, no Alfonso XIII, al que confunde en la foto de su libro en la pág.344; que Winthuysen dibujó, pero no proyectó todos los jardines (págs. 342-351), sólo el del Barranco, que ya se encontraba abierto mucho antes de la inauguración del palacete, cuando lo visitaban Machado y Guiomar. También descubrí que la restauración llevó mucho más tiempo de lo que da a entender su texto, tras una investigación de 10 años y otras causas que retrasaron su inauguración. Quizás sean estos los “errores” que ella me adjudica a mí ahora, pero todos ellos se pueden confirmar acudiendo a las hemerotecas de la época (véanse las referencias en mi texto). Finalmente, deseo de veras que se le pase el sofoco, pues no creo que entre los anhelos de los apasionados por la investigación deban estar el odio y menosprecio a los compañeros. Juan Antonio González Cárceles


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