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FERIA DE SAN ISIDRO

Uno de los naturales de Sergio Serrano en su gran faena a 'Garañuelo'.
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Uno de los naturales de Sergio Serrano en su gran faena a 'Garañuelo'. (Foto: Plaza1)

Un gran Sergio Serrano se cierra la Puerta Grande por sus fallos a espadas

Por Emilio Martínez
domingo 05 de junio de 2022, 22:22h

Para matarlo, virtualmente, claro. Pero no al toro, no. Para matarlo, virtualmente, claro, a él. Al torero, a Sergio Serrano. Quien tras una extraordinaria labor de toreo de oro puro al único victorino encastado, amén de pastueño -de un encierro que dejó mucho que desear en tal sentido y en fuerza-, a la hora de matarlo, al toro, claro y con la gloria esperándole de par en par, él se encargo de cerrársela con varios espadazos desairados. Para matarlo, virtualmente, claro, al torero. Del resto, poco que contar, la entrega total, como siempre de Román, y el birlongueo por acá y por acullá, más teatral que heterodoxo de Antonio Ferrera.

No va a olvidar Sergio a ‘Garañuelo’, un cárdeno muy de la línea Albaserrada que desde que salió, y perdonó al albacetense que lo esperó de hinojos en el tercio, metía la cabeza humillado como el más arrepentido pecador. No lo va a olvidar, no. Porque el animal, boyante, y con fijeza sacó la nunca fácil casta de los de esta divisa, que si no dominas puede costarte un percance.

Pero Sergio lo entendió a la perfección, y se lució con él en una primera serie de redondos a los que le faltó el punto de ligazón que ya festoneó el coletudo en las siguientes tandas por ese lado y al natural. Unos naturales, que unidos a los de Ángel Téllez, han sido los mejores del largo abono: templadísimos, artísticos y profundos como la mar océano, tras los que siguió manufacturando un toreo de aleteo de mariposas, que concluyó con unos magníficos doblones por bajo, pura caricia.

Sergio no sólo tenía las dos orejas cortadas y la salida a hombros, no sólo tenía un puñado de contratos buen pagados en las grandes ferias, tenía la gloria… mas había que matar al burel. Pero, ¡ay!, antes de agarrar la estocada definitiva, pinchó tres veces necesitando incluso cuatro golpes de verduguillo, y se difuminó el triunfo estadístico. Para matarlo, virtualmente, claro, a Sergio. Aunque no su faenón que quedará en las mentes de los afortunados espectadores 'per omnia saecula saeculorum'.

Poco que contar ya del resto, porque Victorino envió un encierro muy justo de trapío y blando, amén de descastado y poco peleón ante el penco, salvo el 3º. Ya el otro de Sergio, con dos impresionantes navajas albaceteñas como pitones, paradote y con la cara arriba, nada le permitió. Ese desafuero táurico, ese descaste, flojera, nula entrega y carifosca por las nubes, también fue el denominador común de los lotes de Román y Antonio Ferrera.

Aunque el valenciano lo intentó con valor en todas las distancias y querencia, mientras que Ferrera anduvo desdibujado en el que abrió función y vulgar y poco asentado más allá de la heterodoxia creativa de otras tardes con el otro. Todo ello, sin olvidar dos fabulosos pares de banderillas en éste del de siempre, del triunfador absoluto del ciclo, Fernando Sánchez, que puso al público en pie.

FICHA

Toros de VICTORINO MARTÍN, justos de presencia, mansurrones, flojos y descastados excepto 2º. ANTONIO FERRERA: silencio; ovación con algunas protestas tras aviso. SERGIO SERRANO: gran ovación tras aviso; silencio. ROMÁN: siencio tras aviso; silencio. Plaza de Las Ventas, 5 de junio. 29ª y última de Feria. Casi lleno (19.648 espectadores, según la empresa).

Crónica del festejo anterior.

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