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David de Miranda pasea en la vuelta al ruedo la oreja que obtuvo de su primer toro.
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David de Miranda pasea en la vuelta al ruedo la oreja que obtuvo de su primer toro. (Foto: Alfredo Arévalo)

Oreja para David de Miranda en gran tarde de toreo de capote

Por Emilio Martínez
lunes 25 de mayo de 2026, 08:16h
Corrida de expectación cumplida sobradamente, al margen de las estadísticas que no siempre reflejan lo acontecido. Pero, sí, sólo se cortó una oreja, que fue con toda justicia para David de Miranda, pero hubo algo cada vez más perdido como una maravillosa competencia en quites en el segundo de la tarde por parte del propio onubense y de Víctor Hernández, además de un sumatorio de buen toreo con el percal a lo largo de la tarde. A todo lo cual es justo y necesario añadir el encierro de Alcurrucén, con trapío -excepto el tercero- dentro de las condiciones de esa divisa, todos muy ofensivos de pitones y variado comportamiento interesante, aunque no llegara a romper ninguno. También la terna respondió a lo que se esperaba de ellos. De modo que a pesar de que la función se alargó por encima de las dos horas y media, ni nos enteramos porque, con altibajos en la emoción, pasaron muchas cosas.

La más llamativa, por lo poco que la disfrutamos en la tauromaquia moderna enfocada a la muleta para cortar trofeos, ese pique entre De Miranda y Hernández. El primero recibió al burel a la verónica y luego el madrileño, en su turno, cascabeleó un extraordinario quite por saltilleras sin mover ni un pie ni una pestaña. Lo cual motivó al onubense para responderle por chicuelinas, y tener el gesto de autorizar en su toro a su ‘rival’ a intervenir otra vez, lo que hizo por gaoneras, también con los pies atornillados a la arena. Resultado final: el público no aguantó en sus asientos y tributó a ambos unas atronadoras palmas. Para aumentar la emoción, el animal, encastado y exigente, no se acabó con tanto embestir y llegó a la muleta con la exigencia de tal catadura.

Y su matador, tras un espectacular inicio por estatuarios que cerró con el del desprecio y el de pecho, se lució, siempre con el mando que le pedía ‘Heredero’ (nombre de un toro a recordar), profundidad y relajo, como después en dos ramilletes de naturales muy pulseados y unas valentísimas bernadinas cambiándole el viaje. Es verdad que, por atracarse a la hora suprema, la espada quedó algo desprendida, sin llegar a bajonazo. Pero echó una merecidísima oreja en el esportón.

Como es lógico, buscaba otra para volver a descerrojar la Puerta Grande como en 2019. De modo que tras un arriesgado y poco habitual quite de Hernández por caleserinas, De Miranda lo intentó ante un animal también exigente pero tardo, otra vez muy relajado brillando por redondos y un bello cambio de mano, pero al burel se le acabó la gasolina cuando llegaba el turno del toreo con la izquierda pese a los intentos del onubense que le aguantó sin inmutarse varios parones.

Pretendía Fortes volver a explicar en la cátedra y catedral venteña su tauromaquia expresiva y clásica como en su anterior tarde, pero no colaboraron como él pretendía los de su lote, aunque sí, el malagueño repitió su impronta artística. El sosote que abrió función, en el que inervino con un precioso quite por saltilleras, gaoneras y una larga muy larga David de Miranda, le permitió una serie de naturales templadísimos y lentos que nos ilusionaron -y seguro que a él-, pero fue un espejismo porque el bicorne se vino abajo. El otro, al que lanceó el malagueño a la verónica y luego con un quite por tafalleras, también duró muy poco.

Víctor Hernández, la gran esperanza blanca de que alcance un casi imposible nivel de su ídolo José Tomás, tampoco defraudó. Ni con su primero -en el que hay que destacar un quite por chicuelinas de mano baja de Fortes-, que tenía movilidad, pero ninguna clase y al que el madrileño logró extraerle con firmeza algunos bellos muletazos sueltos. Ni con el codicioso cuarto, al que sacó de tablas al platillo para allí con ese temple que domina el coletudo a base de girar sobre sus talones, sí que le dio fiesta y le demostró al animal quién mandaba en la arena. Pero la labor, más para el torero que para el público, no llegó a los tendidos como merecía pese a que Hernández la alargó demasiado llegando a sonar un aviso antes de despenarlo.

FICHA

Toros de ALCURRUCÉN, serios, cuajados y muy bien armados. Todos nobles cumplieron en los caballos menos los mansos 4º y 6º. El 2º, encastado. FORTES: silencio tras aviso; silencio tras aviso. DAVID DE MIRANDA: oreja tras aviso; silencio tras aviso. VÍCTOR HERNÁNDEZ: palmas; silencio tras dos avisos. Plaza de Las Ventas, 24 de mayo, 15ª de abono. Lleno de ‘no hay billetes’.

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